domingo, 18 de junio de 2017

Río Neva, Final

Anna mirase donde mirase todo eran lamentos ¡Estaría atravesando el purgatorio! pero ella no era Virgilio ni Dante, ni tan siquiera estaba enterada de que hubiera hecho nada que fuera pecado, no tenía nada de qué redimirse, ¿Pero por qué había perdido la esperanza? Le pareció extraño que allí en aquel purgatorio que a Anna le pareció lo más profundo del infierno se encontrara  a tan  famosos poetas.
 ¿Poro de que los conocía ella?
Anna en medio de aquella ciénaga, había conocido por primera vez el purgatorio, pero supo de que estuvo muy cerca de haber caído en el infierno, solo le faltó un ápice para entrar en el valle dónde se encontraba su otro yo… ¿Qué  le decía a ella el nombre de Agustín de Betancourt? pues se encontraba en esos momentos hablando en las mismas puertas del purgatorio, hablaba con un guardián, y este le pedía indicaciones de su alma. Anna, poco después, se creyó libre de todo pecado al encontrarse de nuevo en la Plaza roja de Moscú, admirando de forma muy particular su grandiosidad.
 ¿Sería ese el Edén?
No olvides, le decía su conciencia, que ninguno de los actos que puedas hacer buenos, o malos, se quedan por pagar, es una factura intransferible. Anna desde ese momento recapacitó, ella no tenía nada de que reprocharse, ella nunca llevó el apellido Betancourt.
 ¿Entonces  ese apellido Betancourt había desaparecido de su genealogía?
Pero, ¿quién era Natacha?
Un destacamento de guardia se aproximaba a ella, haciendo vibrar el suelo con los cascos de sus caballos, de repente Anna empezó a sentir cómo su montura comenzaba a agitarse y tuvo que apretar los muslos y aferrarse a las riendas para no caer, y esperar a que pasara la comitiva ¿Quiénes eran los que formaban aquella comitiva? entonces Anna inspiró profundamente.
Unos años después, Anna regresa a Rusia en calidad de investigadora, una vez dentro del palacio de invierno de los zares recorrió las estancias como su fuera una turista más, al llegar a la galería de los retratos, su corazón se paró de golpe, allí estaba la que supuso era Natacha, pues,  la miraba desde aquel óleo cómo si le estuviera desnudando el alma, y entonces supo que le estaba invitando a que entrase  en el salón contiguo, Anna, se dirige hacia donde le indicaba aquella mirada, pero cuando empuja la puerta, asombrada pudo ver que en el fondo de aquel salón y, junto a una de las  ventanas por donde se podía ver el helado río Neva se encontraba su abuela, que charlaba animada con alguien que parecía un espectro, Anna no creyó lo que estaba presenciando, pero alguien, se acercó a ella para decirle, Natacha has tardado mucho en venir, ahora te toca a ti quedarte en este palacio, pues tu bisabuelo hizo ésta estancia  pensando en que tu vivieras en él eternamente, sí tú eres  Natacha.
Y éste es tu mausoleo. Anna se tapó los oídos con las manos pues allí se habían concentrado todas las penas de aquellos hombres que hicieron posible el capricho de un zar.









domingo, 11 de junio de 2017

Río Neva, segunda parte

Querida Anna:
Solo unas letras más para decirte  que es un honor para mí y mi familia el que por fín hayas decidido
  Viajar  a esta mi país precisamente en el mes de Agosto; creo que has elegido bien, pues en invierno es casi imposible transitar por la acumulación de nieve que hay en las calles añadiéndole el frio intenso, también por esa fecha hay otro inconveniente que hay que sumar el intenso tráfico, aunque eso no te debe preocupar, pues disponemos de una extensa red de metro que sin duda tendríamos que coger; de todas formas puedes venir cuando lo creas conveniente.
Mis mejores deseos.
Quedo a ti disposición.
Natacha.
Anna con la carta en la mano tuvo una negación de la realidad.
Se detuvo unos momentos en el pasillo antes de entrar en su pequeño estudio, en un impulso, de dos zancadas se puso ante su mesa de trabajo, y se dispuso a buscar la primera carta que había recibido el día antes, pero no la encuentra, desolada no recuerda haberla tirado a la papelera, la mira, se encontraba vacía.
Aquella noche le invadió una terrible inquietud no pudiendo pegar ojo en toda la noche, en el insomnio en su cabeza empezó a cernir  una gran incertidumbre que le hacía de imán incitándola a aceptar aquella insólita invitación.
Por la mañana se encontraba extenuada ante el insomnio sufrido, se levanta de la cama, y al poner el pie en el suelo siente que se encuentra débil de cuerpo y alma, y empezó a dudar de todo lo que le rodeaba, achacando todo su mal a aquellas dos cartas que había recibido; algo le pasó, que de repente sintió  que con precipitación era conducida hacia un purgatorio desde donde se podía ver el infierno.
Anna se horroriza ante los recuerdos de uno de los pasajes de la novela de La Divina Comedia, ¿estaría acercándose al infierno?  Pero en esta travesía no tenía a nadie que le acompañara, ella no era Dante, ni tampoco Virgilio, porqué ella, precisamente ella, caminaba por laderas escalonadas y redondas atravesando el purgatorio.
Sin apenas saber qué era lo que hacía decidió averiguar quién le había escrito aquellas misivas que habían desconcertado su vida, pues se veía atrapada por un ente invisible.
Poco después se encontró conduciendo su pequeño utilitario hacia el aeropuerto de Adolfo Suarez para embarcar rumbo a Moscú.
No supo cómo pero de repente se encontró en una gran plaza donde los carros se amontonaban, para vender las mercancías que llegaban de los campos  los labradores, eran  sacos de heno, verduras, animales en venta, todo cabía en aquella enorme plaza.
 ¿Pero qué era todo aquello?
Cuando Anna miraba desorientada aquel entorno, una garganta profunda , invisible—le dijo—yo soy una sombra que te sigue, Anna se quedó casi sin aliento, entonces, y sin pensarlo comenzó a correr desesperadamente, aquella plaza…..no podía ser, no se parecía en nada a la plaza Roja, que ella había visto en muchas publicaciones donde se hablaba de Moscú, Anna  recuerda el sinónimo en ruso quiere decir , “bella” pero allí no se veía ninguna belleza, solo desolación y gritos de desesperación.
En la cabeza de Anna empezó a bullir como en una hoya a presión episodios pasados que creyó que no le eran ajenos. Recuerda mientras corría hacia la nada, que todo aquello que estaba viviendo transcurrió en los siglos XVIII, Y XIX, en el que el hombre pudo al fin abrir su mente  a las nuevas tecnologías, mecanización, y un conjunto de  inventos científicos de unos cuantos ingenieros, entre ellos se encontraba un español llamado Agustín de  Betancourt que creó máquinas increíbles, viajó por muchos países para importar su reciente tecnología, terminando sus días en Rusia, al ser requerido por el Zar  Pedro I.
Requerido por el Zar para que lo acompañara al litoral del golfo de Finlandia, el Zar le propuso a Betancourt, apenas llegar, que deseaba allí mismo en una pequeña isla en la desembocadura del río Neva, fundar una nueva ciudad que sería la nueva capital de Moscú y que le pondría por nombre San Petersburgo, el zar le propuso a Betancourt que fuera el  arquitecto de si magno capricho, pues odiaba con todas sus fuerzas Moscú.
Pero aquella región tenía un grave inconveniente, era pantanosa y de clima insalubre. Cuando comenzaron las obras, Agustín de Betancourt aun a pesar de los enormes  sacrificios de hombres que morían cada día, llegando a reclutar  a la fuerza a campesinos y a obreros reclutados por todo el imperio ruso. Cuando se terminó la ciudad muy similar a la de Ámsterdam, pues así era el deseo del Zar.

Anna seguía corriendo sin entender que le estaba pasando sus pies se movían inseguros al pisar los troncos flotantes que constituían la cimentación de una ciudad que clamaba justicia para sus muertos. El barrizal se convirtió en una ciénaga intransitable, pero Anna no podía echar marcha atrás, las casas de madera flotaban hacia el mar, uno de los troncos era llevado a gran velocidad por la corriente, en él llevaba cadáveres adheridos de lapas  como circulan las ballenas  por el mar.












miércoles, 7 de junio de 2017

Río neva


Anna residía en Cáceres, su edad era, se podía decir indefinida, pues no aparentaba más de veintitantos años:
Una mañana, recibe una carta que le sorprende al leer el nombre del remitente que le era totalmente desconocido para ella, había sido enviada desde Moscú, la remitente era una mujer llamada Natacha.
Anna rasga el sobre con curiosidad y, comenzó a leer la misiva.
Querida Anna:
No sabes cuánto me ha alegrado la noticia de saber que me vas a visitar en breve, te mostraré todo lo que te pueda interesar de Moscú. Pero debo decirte que desde que nos vimos aquella noche de ferias en una caseta cacereña que, por cierto bebimos hasta perder el equilibrio, confieso, que no tenía ni idea de que te acordaras de mí; a lo que se refiere a la capital moscovita, en todo caso me siento complacida de ser tu anfitriona, creo que hay demasiadas cosas en este país que “quizás” tu desconozcas.
Con mis mejores deseos, que tengas un feliz y agradable viaje.
Con afecto.
Natacha.
Anna perpleja  lee y relee aquella carta totalmente incrédula, las señas no estaban equivocadas, el nombre era correcto, la dirección escrita correctamente.
En unos momentos sin razón aparente Anna se olvida de la carta, tirándola a la papelera que tenía bajo la mesa de su escritorio.
Al día siguiente y mientras tomaba su segundo desayuno con una compañera de trabajo (por hablar de algo) le comenta la carta extraña que había recibido desde Moscú.
Su compañera de trabajo—le dice—acaso no conoces a la remitente.
No, para nada, pero la verdad no siento inquietud, pues  parece que está escrita en tono de amistad.
¿De veras no tienes idea de quién pueda ser?
No, por esa razón me parece extraña.
Cuando a las cuatro de la tarde llega Anna a su apartamento, abre el buzón como tenía por costumbre, y de nuevo fue sorprendida con otra carta que era de la misma remitente, al entrar en su apartamento, la deja encima del mueble de la entrada olvidándola.

Después de prepararse una taza de café, coge de nuevo la carta, en esos momentos, no pudo descifrar los sentimientos que le produjo el tenerla en sus manos, tal vez sintió indignación por saberse implicada en algo que no tenía ni idea, pero también sintió curiosidad por saber qué era lo que guardaba aquella invitación que tan cordialmente le hacía una desconocida moscovita.







martes, 30 de mayo de 2017

Si buscas confrontación, corres el riesgo de encontrarla

Este relato está basado en hechos reales.

Cualquier parecido con la individualidad  de personas,  es pura coincidencia.



Hoy en día parece que las gentes han cambiado de actitud: Es como si la sociedad en la que vivimos hubiera dado un giro de 180º, y que las buenas formas están  pasadas de moda, por lo tanto no se practica eso que se llama ética, educación, respeto al prójimo, estamos viviendo inmersos en la grosería, en el destacar cómo sea aunque esto nos lleve a ser desagradables.
Esta historia me fue revelada una tarde bajo un parasol en una  cafetería tomando un café con mi amiga Anna.
Aquel día se encontraba inquieta, entonces le pregunté pues nunca la había visto tan triste. Después de pasado unos minutos de indecisión, mirándome a la cara se atrevió a contarme algo que si no la hubiera conocido bien podía haber pensado que era uno de esos relatos que se suelen  escribir en los blog.
Y su relato comenzó así:
 Una mañana al levantarse de la cama se encontró con la sorpresa de que las piernas parecían pesarles en demasía, se tomó un analgésico, pero al ver que  su dolencia no mejoraba, aquel mismo día visitó a su médico de cabecera; por suerte, le dijo  que no había nada por qué alarmarse, recetándole que hiciera más ejercicio.
Anna deambuló por todos los gimnasios, pero ninguno se ajustaba a sus necesidades, entonces comenzó a hacer pesquisas y, decidió solicitar a un centro municipal una plaza  donde se impartían estas clases, especialmente para mayores.
Después de mucho esperar y, cuando lo tenía casi olvidado, una mañana suena el teléfono, para su sorpresa había sido aceptada para comenzar su tan necesario ejercicio. Anna hizo un receso en su relato, se tomó un sorbo de café respiró hondo, yo esperaba impaciente.
Lo que me contó a continuación me dejó sin palabras; aquel primer día que Anna acudió a las clases de aquel gimnasio municipal, comenzó siendo algo insólito, hasta se podría decir torticero, pues Anna se vio ultrajada y humillada por la conducta de un grupo de las que se hacen llamar “señoras” mi amiga se avergonzó de estar allí, pues ni siquiera le pudo poner un calificativo a aquella conducta de unas cuantas, que se sumaron a una que se decía llamar portavoz de una élite que ella llamó docencia.
Aquella situación parecía estar sacada de una comedia de opereta, pues no faltaba la primera actriz con su comparsa, tanto que llegó a pensar que no podía ser verdad lo que le estaba pasando, pues se vio como si estuviera siendo atacada por una pandilla de gamberros en una solitaria callejuela.
La miraban como una intrusa. Pues el primer día, en vez de ser recibida con un saludo cortés, la denominada abanderada de esta innecesaria contienda, le preguntó:
Tú eres nueva ¿Verdad? A la cual Anna contestó, sí, es la primera vez que vengo.
Tú no eres maestra ¿Verdad? No, contestó Anna, ¿acaso debía serlo?
La líder con voz de saberse con todos los derechos a hablar –dijo--¿Pues qué haces aquí?
La monitora, para salvar la situación que se estaba poniendo insostenible---pues el resto de las alumnas se mantenían calladas---le presentó la documentación de Anna en la cual decía que había sido admitida. En esos momentos toda la camarilla parecían buitres a punto de devorarla.
Durante la clase, todas aquellas “señoras” que decían dedicarse a la docencia, le hicieron tal vacío, que aquella mañana si no hubiera sido porque Anna dominó su carácter, se hubiera echado a llorar.
Al día siguiente, de nuevo Anna entra en la clase, la situación volvió a repetirse pero, con una salvedad que ésta por llamarlas de alguna manera pandilla de indocumentadas se fueron por su cuenta y riesgo a averiguar porqué Anna había sido admitida sin ellas tener conocimiento de ello pues, según voceaban, había muchas amigas suyas maestras esperando para  ser admitidas, pero sólo por el mero hecho de ser maestras.
La situación  iba empeorando, la líder parecía haber perdido la dignidad llegando a tratarla con tan poco respeto como se trata a una impostora.
Parte de aquel grupo, dándose cuenta de que esa actitud no era normal se alejaron de la líder.
Con este relato sólo quiero dar testimonio de que mi amiga Anna, sólo quería hacer ejercicio, no robar a nadie un puesto que le fue otorgado por solicitud.
Y, así fue, como me lo contaron lo cuento, por lo tanto, pongo en conocimiento de que estos comportamientos no se deben permitir en una democracia, y mucho menos practicar esas conductas dictatoriales contra un ser humano.
Lo único que satisfizo a Anna, es que al menos estas llamadas “maestras” ya se encuentran jubiladas, y nuestros nietos no las tendrán como ejemplo, pues  gentes cómo estas estropean el futuro de España.
Menos mal que esta clase de gente son una milésima parte de esta digna  profesión que siempre fue respetada, aun a pesar de que de vez en cuando les salga una mácula. Pero esas máculas hay que limpiarlas de raíz.  
La realidad de nuevo superó a la ficción.













lunes, 22 de mayo de 2017

El Símbolo; final


Poco después las dos nos sentamos en el suelo, ya no esperábamos descubrir  nada más, habíamos perdido la noción del tiempo, sólo reaccionamos cuando de nuevo nos encontramos solas y, sentimos  la humedad en nuestros traseros.
Pero por mi parte, no le dí importancia el sentir mojado mis pantalones del chándal; para mí  era algo mucho más importante y profundo porque, allí en una de las esquinas de aquella oquedad, vi cómo me extasiaba  algo que me hizo pensar de nuevo, ante mi tenía unos símbolos tan antiguos que nada menos  representaban,el Crismón o el Cordero que era la cruz de Costantino, sin lugar a dudas era el símbolo más representativo de los cristianos antiguos al contener ésta las primeras  letras de la palabra (Cristo),
 Andréa cree estar soñando, pues también se significaban de manera extraordinaria las letras griegas Alfa y Omega   signos que eran anterior a la cruz de Jesús.
¿Qué nos estaba sucediendo? Nos miramos aturdidas, y asustada así la mano de mi amiga, y, le dije.
Te das cuenta que en cualquier lugar de la tierra se puede encontrar una fracción o quizás menos de una pequeña fracción del pasado, y aquí ante nuestros ojos tenemos algo que siempre estuvo latente en el mundo, que es un pasado del que también de alguna forma y manera todos formamos parte entre ellos nosotras. Estas señales nos quieren decir que no necesariamente se necesita tener voz para hablar, para entenderse.
 Este hallazgo nos lo demuestra.
Anna con buen humor se atrevió a decir, lo que acabas de decir es algo así como lo que estamos viviendo con Internet; yo no pude más que reír de buena gana, Internet es muy diferente a esto de lo que estamos hablando, pues estoy segura que algún día morirá para ser sustituido por otras nuevas tecnologías, mientras que estos símbolos que estamos admirando, siempre serán eternos a pesar de la evolución de la vida, porque  ellos siempre nos dirán la verdad de la historia.
De repente un torrente de agua empezó a caer por las grietas de la cueva que al instante la inundó, agarradas a unos de los taburetes de corcho, la corriente nos arrastró con su virulencia hacia el Mar Negro, y cuando nos encontrábamos exhaustas y a punto de ahogarnos, una barca con el signo de la cruz nos rescató de una muerte segura, cuando retomamos la conciencia nos vimos frente a frente con nuestros esposos.
Con ellos navegamos nueve días con nueve noches, y cuando al final de aquella pesadilla pudimos llegar a la orilla, nos apeamos de aquella barca, caminamos un trecho. Entonces solo supimos que habíamos sido elegidos, por carecer de vanidad, y también por creer que siempre hay que seguir los designios del Señor y, que al dejarnos que nos asomásemos a ese pasado y dejar que leyésemos  los signos antiguos, nos quiso decir El Creador, de que no es bueno que la sociedad sea Antropocéntrica, pues, con su sobérvia puede atraer de nuevo otro diluvio Universal y, si llegara a suceder, después no quedaría…
 NADA
Una vez en casa, sentada junto a mi esposo, lo miro, enarqué las cejas cuando contemple su rostro dormitando, quizás hice ese gesto, porque sabía que él no iba a percibirlo...
 Me acomodo a su lado, entonces me pellizco un brazo, enseguida reaccioné, y pude comprobar que solo unos pocos elegidos pueden ver lo que les depara el destino.





jueves, 11 de mayo de 2017

El Símbolo Capitulo Tercero

Aliviadas pudimos ver que en uno de los rincones se encontraba una mujer, que al vernos abrazaba protectora a dos niños que nos miraban espantados, Anna y yo, nos acercamos para acariciarlos, para que no temieran nada de nosotras, pero la mujer al igual que los niños corrió hacia el otro extremo de la habitación.
Entonces al mirarlos descubrimos que por cima de sus cabezas había un nicho cavado en la roca  era de forma rectangular, dentro de ese rectángulo se podía distinguir cuatro cuadrados que eran lápidas pulidas de pizarra negra, donde se podía ver unas marcas en cada una de ellas, nos acercamos  hasta casi tocarlas, (era deformación profesional) miramos aquel hallazgo cómo algo impresionante, y nos atrevimos a limpiar una de aquellas pequeñas lápidas con la manga de mi chaqueta, pero no parecía suficiente para que pudiéramos saber de qué se trataba, también la tapaba una capa de arenisca que se encontraba adherida a ellas, soplamos con cuidado, y para nuestra sorpresa nos encontramos con signos, Anna me dice.
 ¿Te hace  recordar algo  estos signos?
Yo me puse a temblar, los caracteres de aquella escritura, el pictograma, allí, en aquella sencilla lápida de pizarra negra se contaba sin palabras, que pertenecían a la era del Diluvio Universal, Anna ante esta definición cae al suelo desmayada, al saber que habíamos descubierto signos que por alguna razón que desconocíamos  nos eran familiares, yo, ante aquel descubrimiento, me quedé pensativa, cuando despertó Anna de su desmayo, yo aún me encontraba desorientada, y al verme así, tan confusa alarmada, me dijo.
¿Acaso sabes tú tenía la certeza de dónde nos encontramos?
Yo no pude articular palabra.
Anna, instantes después, y como una autómata se quedó mirando aquel rectángulo parecía ensimismada, pues estaba descubriendo con total nitidez que aquellos signos que estaban expuestos allí pertenecían a una era anterior de que se descubriera la escritura Babilónica. Anna reacciona ¿Has llegado a pensar que nos encontramos aquí, en un sitio que tiene más de dos mil años?
Como por arte de magia, las dos nos perdimos en el tiempo olvidando lo que creíamos ser, más calmadas leímos  las dos juntas el significado que nos presentaba el dibujo de una barca flotando en el mar enarbolando en su mástil una tabla transversal situada a medio metro de la punta.
Unos momentos después pregunto a Anna ¿Ves algo especial que yo no haya visto?
Me vas a decir que estoy loca, pero lo que yo interpreto en este dibujo no es otra cosa que la cruz de Jesús en forma de mástil, pero también hay que pensar  que es una barca de pescadores (O al menos es eso lo que parece)
Pero que hace éste símbolo aquí, ¿Dónde nos encontramos?
¿Estaría ya  previsto en aquel entonces  que pudiera haber una inundación?
Aquel excepcional he inesperado hallazgo compuestos de símbolos era tan explícito en su significado  como puede ser el de la contemplación elocuente de una flor prendida en su rosal.
Aquella definición, nos hizo percibir un sentimiento que pertenecía al pasado, era como volver atrás en la memoria, y también en el tiempo.
¿Estaríamos en el hábitat de los supervivientes cristianos que se tuvieron que esconderse debido a su persecución?
Unas voces parecían acercarse a donde nos encontrábamos, miramos asustadas, y entonces pudimos apreciar que aquel espacio en el que nos encontrábamos era el espacio de la distribución de una multitud de túneles.
Una de las mujeres, se acercó a nosotras,-- que nos dijo—parecéis despistadas ¿Acaso no sabéis que os encontráis en la provincia de Anatolia?
Nosotros somos los últimos supervivientes cristianos de estos lugares, cómo veréis cuando fuimos perseguidos por los musulmanes, tuvimos que desaparecer ¿Qué cómo lo hicimos? Construyéndonos una ciudad subterránea.

Nuestros ojos se abrieron como platos, entonces nos encontrábamos en Turquía ¿Pero cómo llegamos hasta allí desde Cáceres?











domingo, 7 de mayo de 2017

El símbolo Segunda parte

Ante la tienda había  una figura de hombre que erguido parecía esperar a que le abriésemos, el pavor nos hizo pensar que era un aviso de que se había producido algún accidente, sin pensar abro la cremallera, lo hice con tanta precipitación que, del tirón que di a la pletina esta se rompió, dejándonos tan solo un agujero para salir, la sonrisa de aquel hombre al vernos gatear parecía tener una intención indescifrable.
Pero teníamos que salir de la tienda como fuera, había llegado la hora de hacer frente a la situación. Mientras las dos temblábamos sin poder evitarlo ante aquel ser nos quedamos quietas esperando aquello que creíamos nos iba a comunicar, Anna tras mí no sabía más que gimotear, el hombre ante nuestra pregunta que le hicimos sin palabras, tan solo respondió con una mirada que hizo sobre mis pies descalzos (pues no me pude calzar por las prisas) Anna seguía pegada a mi espalda.
Aquel hombre por gestos nos dio a entender que le siguiéramos, sumisas y embargadas por una angustia atroz, pensamos que nos conducía hacia donde se encontraban nuestros esposos, la incertidumbre hizo que no cruzáramos mirada alguna entre Anna y yo durante el trayecto, cuando llevábamos caminando unos doscientos metros, nos adentramos por un paraje insospechado, nos encontrábamos rodeadas de pináculos rocosos y de verticales laderas talladas por la erosión, aquel entorno tenía el efecto de ser mágico,  y fue cuando nos miramos por primera vez aliviadas. Ellos habían salido para recoger piedras, y allí las había en abundancia.
Siempre tras él, seguimos adentramos por entre centenarias y enormes capas de cenizas que se encontraban petrificada que con el paso del tiempo se habían creado formas insólitas en la piedra, aquel paraje nos empezó a parecer aterrador, teniendo que sortear alguna que otra depresión del terreno, allí el silencio era tan espeso, tan condensado y abrumador, que sentí la necesidad de llamarme con mi propia voz para cerciorarme de que todo aquello que estaba viviendo era sólo una pesadilla. No se veía a nadie por ninguna parte, la zozobra comenzó a torturarnos, la desconfianza es mala consejera cuando no se sabe a dónde se va, pero, el golpe que el hombre da con su talón a una roca plana nos pone en alerta.
 ¿Habríamos dado con un loco? Porque la roca al contacto con su pie dejó abierta una oquedad, las dos nos miramos al creer que estábamos presenciando un relato del cuento de Alíbaba y los cuarenta ladrones. Con un gesto, nos invitó a entrar, la precaución nos hizo que mirásemos en todas direcciones con necesaria inquietud.
Una vez dentro, nos encontramos con un espacio que para cualquier turista le hubiera parecido onírico, el recinto era tan rústico como era de esperar, pero en aquella penumbra tampoco se podía ver más, de repente,  el vuelo de una bandada de murciélagos que al ser molestados se despegaron del techo de la cueva y emprendieron  un alocado vuelo dando graznidos atronando nuestros oídos, entonces tuvimos la percepción de que no sabíamos dónde nos encontrábamos, pero en nuestra desorientación, si supimos que estábamos solas, aquel hombre había desaparecido de nuestra vista, miramos atrás para volver por el camino andado, pero sólo pudimos ver tras una pared de hojarasca que ocultaba una verja; retiramos las retamas y allí descubrimos que era una puerta, empujamos, entramos, Anna se volvió hacia mí cuando el roce del hierro oxidado  nos avisó que la puerta se había cerrado tras nosotras.

Nos encontramos dentro de una oquedad que parecía una estancia bastante agradable a pesar de su tosquedad, pues había un banco de corcho pegado a la pared y varios taburetes diseminados que parecían estar preparados para celebrar alguna asamblea, el suelo se encontraba tapado con virutas de corcho.