sábado, 4 de agosto de 2018

Las nieves de Gredos final

Fernando era el ausente, por lo tanto sólo quedábamos mi hermano y yo ante los chispeantes destellos de la leña al arder. Los dos nos miramos y, como si le hubieran puesto pilas, mi hermano comenzó a hablar, parecía decir palabras incoherentes que para mí eran intranquilizadoras.
Me levanto, para saber cómo se encontraban sus invitados, pero con una voz parecida a un trueno me lo impide, yo le miré a los ojos, tengo que saber qué les pasa para saber si necesitan a un médico. Mi hermano me miró con ojos desorbitados, ellos están muertos,"gritó" al igual que tenías que haber estado tú, claro que fui torpe al no saber manipular los ingrediente para cambiar el color, "debí hacerlo con amapolas"
Yo en esos momentos y ante el panorama de deshacernos de los cuerpos  me quedo paralizado, él gritaba cada vez más, parecía desesperado, me tienes que ayudar a hacer desaparecer estos cuerpos, creo que debíamos tirarlos en la Laguna del Circo.
Sigo sin saber cómo reaccionar, estoy perplejo, me pedía que le ayudara a tapar su delito, pues había cometido en poco tiempo nada menos que tres crímenes ¿Qué le pasaba a mi hermano? ¿Se había vuelto loco por vivir en la soledad de la montaña? Lo miro aterrado y, con su voz ronca habitual –dijo—si no me ayudas tú también irás con ellos al fondo de la laguna, ya sabes en estos casos no se puede dejar ningún cable suelto.
Mis piernas temblaban, tanto, que hasta se podían oír el tintineo de mis huesos, me sentía como una serpiente de cascabel que han cortado la cabeza pero, que, el cascabel sigue sonando pero ya se encontraba inhabilitada para atacar.
Casi sin fuerzas caigo desplomado en el sillón, me encontraba sin fuerzas, abandonado, hago el intento de levantarme  intento levantarme pero no puedo, mi hermano de pie ante mí me mira con desprecio, entonces sorprendido veo cómo con gran agilidad mete uno de los  cadáveres en un saco que previamente tenía preparado,( yo solo miro) así fue metiendo uno a uno. Miro a Tirso y unas lágrimas resbalan por mis mejillas, mientras tanto él arrastraba con furia los sacos mortuorios  desde la casa a la explanada.
Yo seguía sin mover ningún músculo de mi cuerpo, cuando de repente veo atónito cómo mi hermano metía a uno de los cadáveres en la embocadura de la chimenea, seguidamente lo rocía de Keroseno, inmediatamente  y ante mis ojos aquel cuerpo comenzó a arder como una tea.
Mi hermano de nuevo  se puso ante mí mirándome a los ojos, --me dijo—sabes que tenía que hacerlo mientras me empujaba al centro del salón, entonces me obliga a sentarme, él se sienta a mi lado, mis nervios comenzaban a desatarse cuando comenzaron a explotar los órganos de aquel individuo  cual traca de feria al calor de la lumbre.
¿Sabes qué ellos fueron los que mataron a nuestros padres? Sus palabras sonaron a justiciero—tú no te encontrabas aquí— dijo hiriente el día que murieron, los dos paseaban cerca de la cumbre, de pronto aparecieron ante ellos, Faustino, Samuel y Fernando, pero, entonces –dije—Fernando no se encuentra ahora entre nosotros—Bueno de ese me ocuparé en otro momento. Como te estoy contando, invitaron a nuestros padres a que dieran un paseo en barca por el lago incitándoles a adentrarse con engaños en una de las grutas que aún no habían sido explorada, mientras navegaban por las tenebrosas aguas, distraídos en admirar el misterio de aquella gruta, entonces fueron golpeados en la cabeza por estos desalmados dejándolos inconsciente, hasta caer de la barca  y ahogarse.
No obstante, en aquel momento la explicación de Tirso parecía verosímil.
Pero entonces intervine yo ¿Cómo has podido saberlo si tú no te encontrabas allí?
Te equivocas, --dijo Tirso-- yo me encontraba filmando a una banda de murciélagos, nadie me vio al encontrarme  protegido por la oscuridad, desde entonces cada noche sueño que no pude hacer nada por salvarlos, mientras miraba la tragedia supe de que había un quinto hombre con ellos,  que era el que parecía dar las órdenes, pero,  no le vi la cara, lo resbaladizo de las rocas  me impidió acercarme—seguía narrando Tirso—
Ese hombre pude observar que llevaba una carabina que asomaba por la grieta de una roca, parecía ser el que les apuntaba con el arma para que ejecutaran sus órdenes. Al no poder verle la cara  me desconcertó, pues no sé si él me vio a mí. Entonces supe que  la muerte de nuestros padres podía ser algo preparado ¿Pero por quién?
Desde ese momento, confesó Tirso, no dejé de pensar en la venganza, y guardé la cinta que había gravado hasta que llegara mejor ocasión. Y hace unos días pensé de que había llegado la ahora de desentrañar ese crimen.
Tirso en la soledad de la montaña  proyectaba esa película una y otra vez, hasta descubrir  que en uno de los salientes  rocosos y pegado a la pared, había una mochila de color rojo, me intrigó tanto que volví inmediatamente al lugar para cogerla, pues supuse que en ella se guardaba el cuerpo del delito, pero, para mi sorpresa, ya la habían recogido.
Entonces pensé y estoy por asegurar que los que mataron a nuestros padres fueron los mismos que cortaron la guía cuando mi equipo se encontraba haciendo una incursión en la  profundidad de la gruta, y con la cara que suele poner un  inocente le dije yo, y el licor, ¿Cómo lo conseguiste?
Por unos apuntes que encontré en tu laboratorio, lo estudié durante un tiempo, y una vez conseguido, supe de que había llegado la hora de ejecutar lo que me propuse, sólo consistía en  esperar el momento oportuno para hacerlo.
Ahora que lo sabes todo tienes que ayudarme. Entonces saqué fuerzas de flaquezas y me monté en el coche con mi hermano, en aquel coche fúnebre donde llevábamos dos cadáveres, que habían pagado sus crímenes.
El coche subía con dificultad la empinada vereda, en la subida la espesa niebla nos engullía…
No sé por qué sentí una gran paz espiritual, era casi inconcebible que yo pudiera tener esos sentimientos, sobre todo cuando miraba cómo los bultos de los cuerpos de aquellos hombres enfundados en sacos de plásticos  se hundían lentamente hasta desaparecer en el fondo de la Laguna Grande del Circo.
Cuando llegamos los dos a la casa de regreso, nos dispusimos a retirar las cenizas de la chimenea, después de limpia pusimos nuevos troncos de pino para que con su olor limpiara el ambiente, los restos del cadáver los metieron en otro saco metiéndolo en el maletero para tirarlo al río.
Nos hicimos un oloroso café, sentados uno frente a otro, regocijándonos por haber vengado a nuestros padres.
Mi hermano Tirso, acepta la copa de coñac que le ofrezco, me mira agradecido por la ayuda que le había prestado. Un desvanecimiento de Tirso, hace le hace caer al suelo cerca de la embocadura de la chimenea, que se encontraba en plena ebullición, sólo tuve que empujar el cuerpo y enseguida empezó a arder  como una tea. De nuevo el Keroseno hizo su trabajo.
Poco después recojo las cenizas esparcidas por el suelo, subo a mi alcoba, y recojo la mochila roja repleta de minerales  que esperaba me reportaran una suculenta fortuna.
Tirso siempre fuiste un buen hermano y, desinteresado.
Cierro la puerta de la casa, tiro la llave por uno de los barrancos, pongo en marcha el motor del coche, en la primera curva me esperaba Fernando, el que puso la excusa de no acudir a la reunión.
Mientras, en mi rostro se reflejaba una sonrisa de satisfacción, recojo a mi cómplice Fernando, y en una de las curvas, y cuando el coche circulaba a gran velocidad  al borde de la depresión del río Tiétar, el coche desaparece.
Dos meses después, fueron encontrados dos cadáveres que desconcertó a los forenses e investigadores, pues en la cavidad de sus ojos y dentro de sus fosas nasales y boca, encontraron gemas por valor de tres millones de Euros.
¿Quién de ellos vivió para hacer perfecta la venganza?       
    

    



domingo, 22 de julio de 2018

Las nieves de Gredos 2º parte

Uno de estos días en que se preparaban para salir de excursión, a mi madre le sorprendió su tardanza,  habían descubierto la Laguna Grande en el Circo de Gredos, se trataba de una depresión del terreno que  se prolonga desde un elevado escarpe para terminar sobre la fosa del río Tiétar. Para ellos fue todo un descubrimiento, y crucial sobre todo para mi hermano, pues desde entonces no tuvo ninguna otra afición que la de bajar por las depresiones graníticas para inspeccionar las oscuras grutas que se encontraba en el camino.
Mi hermano hizo más tarde de esta afición una profesión, llegando a formar  más tarde un grupo de especialistas, dedicados a la exploración del macizo.
En aquel entonces yo lo veía feliz dedicándose a ese trabajo que era su vocación, más tarde supe que los tres invitados que se encontraban allí presentes, habían formado parte de algunas de sus expediciones.
Yo enfile mi vida por otros derroteros.
Recuerdo que un fatídico día en el que se encontraba explorando su equipo unas pozas, uno de sus especialistas desapareció inexplicablemente la negrura de una de las grutas, desde entonces mi hermano jamás volvió a hacer ninguna incursión en la Laguna del Circo.
Ya reunido con ellos, me siento en un sillón frente, y miro analíticamente a Faustino, entonces creo recordar que se dedicaba a los negocios, por cierto-- no siempre transparentes, le gustaba vivir con demasiada ostentación. Se casó con una mujer derrochadora que gastaba sin mesura, al parecer a su   esposo este despilfarro de su mujer no parecía afectarle, dando a entender que para él era fácil ganar el dinero, parecía presumir con arrogancia su enorme tripa, dando la sensación que era un hombre sin escrúpulos.
Ahora detengo mi mirada en Samuel, hombre enjuto, tez anacarada y nariz transparente que daba el aspecto de poco fiar, sus manos largas y blancas se movían constantemente sin control.
Yo, Marcial, (perdón aún no me había presentado) soy el que menos pega en esta reunión que si no fuera porque ésta fue la casa de mis padres donde siempre viví, no hubiera acudido a la llamada de mi hermano, la verdad es que nunca me preocupé por  subir de nuevo a la cumbre para disfrutar de su magnífico espectáculo, siempre sentí vértigo, y recuerdo que para ocupar mi tiempo encontré la manera de entretenerme en un pequeño laboratorio que  habilitó mi padre  en la buhardilla donde yo solía investigar la flora y fauna que era lo que me gustaba y me ofrecía el entorno.
Más tarde me hice profesor de química en la universidad de Cáceres, llevo una vida tranquila con mi mujer también profesora, juntos hacemos un buen equipo de investigaciones.
Aquella tarde el aire se encontraba impregnado de un denso aroma a flores silvestres.
Mi hermano Tirso, el anfitrión, llama para que entremos en el comedor, todos acudimos más que por su llamada atraídos por el aroma que salía de la cocina. Con asombro veo que cada uno de los comensales tenía su nombre asignado dónde sentarse. A todos les pareció normal, hasta gracioso, pero yo, me intranquilicé.
La cena fue exquisita, el venado en su punto de cocción exacto, el vino era excelente pero el postre…de eso hablare más tarde, era un licor rosado que me produjo un vuelco en el corazón. Tenía el mismo color rosado de mis experimentos, resultado de la manipulación de ciertas hierbas aromáticas. Siento, vértigo, mis cobayas después de la ingerir aquel líquido, todas morían en unos segundos.
Un presentimiento hizo estremecerme ¿De dónde había sacado mi hermano ese líquido?
Me levanté de la mesa y preso de un presentimiento aterrador, me dirigí a mi pequeño laboratorio, una vez dentro miro con mucha atención, pero no ví nada que fuera relevante, nadie parecía haber manipulado mis herramientas de investigación.  mis movimientos convulsos se paralizaron en unos segundos al notar en mi hombro una mano de hierro que se posó en mi hombro, mi sobresalto fue tal que casi me desmallo al saber que era  mi hermano, su mirada era tan feroz, que más que invitarme  a bajar con él me ordenó, te necesito abajo.
Yo le seguí hasta el salón, no sabía qué pensar, nada estaba dentro de la lógica, todo me pareció surrealista. Me siento en el sofá esperando que mi hermano me dijese cual era esa urgencia, después de un rato de charla, reparo en que Faustino empezaba a dar muestras de sentirse mal, todos lo achacamos a la copiosa cena, al ser el que más comió, poco después y casi arrastrando lo llevamos a una de las habitaciones.
 Curiosamente preparada para invitados.
Después de que hubiéramos recogido la vajilla de la mesa y llevada a la cocina para fregarla, nos dirigimos al salón, de nuevo  nos sentamos cerca de la chimenea, mi hermano nos ofrece una copa de coñac. Cuando Samuel tiende la mano para coger la copa incomprensiblemente estas comenzaron a temblarle hasta derramar el líquido al suelo, le ayudo a recostarse en el sillón, se queda dormido al instante, a ninguno nos sorprendió su actitud, después de una suculenta cena unida al calor de la chimenea.

Más tarde, Samuél comenzó a babear  como si hubiera ingerido un vaso de agua con detergente.







lunes, 16 de julio de 2018

Las nieves de Gredos 1º Parte

Todo ocurrió cuando al llegar a la sierra de Gredos desde Cáceres para acudir a la cita de mi hermano, en la subida, y como siempre que regreso a este hogar de mis mayores, siento que me emociona el inmenso panorama que desde la cima se divisa: Pero por primera vez, algo hizo que me sobrecogiese cómo si fuera la primera vez que pisaba la sierra.
Cuando el coche subía una de las curvas empinadas y estrechas, enseguida,  diviso la entrada de la casona de piedra y madera dóndes mis padres se refugiaron después de haber vivido una agitada vida social, pero aquella vez la vi demasiado solemne, rígida, y tremendamente acusadora. No obstante, antes de subir ya había calculado todos los movimientos que tenía que hacer para cuando me encontrara junto a mi hermano no tener sobresaltos.
Desde la ventanilla del coche, no dejo de mirarla, y entonces recuerdo cuánto los añoré en mis noches solitarias de estudiante, era adolescente y, cuando retornaba al colegio después de las vacaciones, miraba desde la ventanilla del coche cómo me alejaba camino de la ciudad.
Como siempre, y por estas mismas fechas, un montón de nieva flanqueaba la vereda que estaba rematada por una hilera de enebros mezclados con esparcillas, espárragos de lobo, la maleagría, también seguía allí la lúcida, todas ellas plantas autóctonas de las cuales a mi madre le gustaba rodearse.
Las ramas de los árboles se encontraban cubiertas por un manto de nieve que al recibir los rayos del sol ya en el ocaso, recuerdo que aquel momento se hacía mágico pues la nieve parecía lanzar destellos rosados. Sigo subiendo, a unos metros, el camino como siempre comienza a ensancharse y a allanarse.
Aparco mí cuatro por cuatro  todo terreno bajo una techumbre de madera, miro a mi alrededor, y subo con parsimonia la escalera de piedra y madera de roble  saboreando la panorámica. Impresionándome como siempre el esplendor de la naturaleza.
Desde fuera se podía apreciar, cómo unas volutas de humo gris-azulado se elevaban hacia el cielo que, escupía una enorme chimenea que desde siempre dominó el salón de la casa, el calor era tan agradable, que se notaba tras la puerta mientras esperaba a que ésta se abriera.
Una voz ronca desde dentro dijo ”Va” y  con actitud agresiva, se abre con dificultad, pués como siempre se encontraba  atrancada con un grueso travesaño.
La puerta se abre, y sin apenas un saludo, mi hermano la cierra. Entro en el salón sin quitarme las botas manchadas de nieve, echo una ojeada nostálgica a mí alrededor, eran muchos años de ausencia. Entonces reparo en el piano que tantas veces oí tocar a mi madre, se encontraba abierto al lado de la ventana, como siempre estuvo, una partitura descansaba en el atril como esperando que alguien interpretara alguna melodía.
Paso la mano por el piano, y supe que en  la casa no se encontraba  suciedad  ni abandono.
Me acerco a la chimenea para entrar en calor, y para mi sorpresa ésta se encontraba impoluta; la chimenea por sus grandes dimensiones hacía la función de calentar toda la casa, el chisporrotear de los troncos al arder, escupían ceniza, que enseguida mi hermano con la escoba continuamente la limpiaba, parecía no permitir que hubiera ninguna brizna de ceniza en el salón que saliera de la embocadura de la chimenea.
Cuando me siento  más aliviado del frío, me quito las botas, dejando que los pies, ateridos de frío, sientan  placer del calor de la lumbre.
Subo a la que siempre fue mi habitación, me sorprende el orden. La alfombra, las cortinas, la colcha de color caramelo, el viejo escritorio que heredé de mi abuelo. Todo se encontraba en perfecto orden y limpieza…Algo extraño sentí, pero cuando me dispongo a mirar en mis enseres de niño, mi hermano apareció como un fantasma en el quicio de la puerta, y dijo, no tardes, te espero abajo.
No hago caso a su demanda y me tumbo en la cama, entonces  me pregunto, que hago yo en esta casa que ya no me pertenece. Pues desde que murieron sus padres nunca más volvió, pues  había quedado como heredero  su hermano…
Cuando me estoy quedando dormido, llaman a la puerta y oigo desde arriba una voz desconocida que llama por su nombre a mi lacónico hermano.
Tirso ¿Cuánto tiempo? Espero tengas una buena razón para hacerme subir aquí, al techo del mundo.
Mientras tanto se quitaba el anorak y lo colgaba en la percha de la pequeña entrada, donde había una banqueta  para sentarse y quitarse las botas, este habitáculo era tan pequeño que yo siempre le llamé el confesionario, al ser de madera y la antesala al salón. Un salón, donde se reunía la familia cada día.   
Me quedo unos minutos  mirando al techo de mi habitación comenzando a recordar mi infancia, y entonces noto la presencia de mi madre que me mira benevolente, desecho esos pensamientos y evoco las largas  tardes de invierno cuando nos quedábamos aislados por la nieve y las ventiscas.
Mi madre antes de que tuviéramos la edad escolar, nos daba clases de historia y de matemáticas, todo era fantástico para nosotros, pues nos creíamos seres especiales, fantásticos y casi irreales ante el resto del mundo, y solo  por vivir la vida que queríamos. Éramos los únicos habitantes de aquellos parajes y eso nos hacía sentirnos parte de la naturaleza.
Después de divagar un rato con mis recuerdos, me levanto de la cama, lo hago con desgana, miro desde lo alto de las escaleras el salón para ver al que acababa de llegar, para mí fue toda una sorpresa, pero desagradable, Faustino el enemigo número uno que siempre tuve en el colegio incordiándome, era un tipo de los que me ridiculizaban  cada vez que tenía ocasión.
La verdad es, que siempre le odié por su arrogancia, pero al mirarlo desde mi atalaya lo vi decrépito, obeso y descuidado, de su frente perlaban gotas de sudor al calor de la chimenea, nos saludamos fríamente.
De nuevo llaman a la puerta, mi hermano se precipita para abrirla, y entra Juan haciendo aspavientos sobre el frío, que hace el mismo ritual, cuelga la pelliza de borreguito, se quita las botas de goma y entra en el salón donde se encontraba sentado Faustino, se saludaron con la mano en alto como si estuvieran espantando moscas, y como si el tiempo no hubiera pasado, hablaron de cosas intranscendentes.
 La campanilla de la puerta suena con un tintineo urgente, se trataba de Samuel, un hombre alto, enjuto, como siempre fue, su nariz de picaporte lucía colorada como un pimiento por el frío, se sacude las botas, y protesta a modo de saludo por el mal tiempo, anunciando una inminente ventisca que se avecinaba, se sienta al lado de la chimenea, al sentarse hace un comentario sobre las gárgolas que adornaban las dos esquinas de la descomunal chimenea.
 Mi hermano, no deja de hacer el ritual de barrer la ceniza. Yo, sigo mirando desde lo alto de las escaleras hacia el salón, entonces me sorprende ver la mesa del comedor dispuesta para seis, aspiro hondo y pienso que es tentador el olor que sale de la cocina. El llamador de un teléfono móvil  me sobresalta, enseguida la voz de mi hermano responde hueca, poco después lacónico como siempre, me dice mirándome, es Fernando para disculparse por su ausencia, no puede subir, la nieve se lo impide.
Yo bajé las escaleras, noté una sensación de alivio a pesar de reinar un ambiente raro, los miré a todos con ojos interrogantes, y pensé (qué demonios hubiera pintado en aquella reunión Fernando el mecánico del pueblo, si nunca quisimos jugar con él por lo bruto que era).

A mi hermano siempre le gustó la Espeleología. Recuerdo cuando aún era un niño, mi padre le llevaba a la sierra, y los dos descubrían grutas y algún que otro lago dónde iban a desembocar las aguas del deshielo, tanto era su entusiasmo que a veces hacía que mi padre perdiera la noción del tiempo llegando a tener que pasar la noche en alguna de las innumerables grutas, y cuando los dos se sentían satisfechos de naturaleza, volvían a casa obsequiando a mi madre con un ramillete de cuernecillos azules que proliferan en lo más alto de la sierra, mi madre lo colocaba con primor en un jarrón de cerámica encima del piano.





lunes, 9 de julio de 2018

Qué motivo...Final

Sus amigos se olvidaron de preguntar qué hacían allí, y con total normalidad se integraron cómo quien se integra en una sociedad ficticia, o tal vez lo hicieron  con la misma algarabía con la que se acude a una legendaria boda de la Época Medieval.
Entonces Anna siente que su cuerpo tiembla de emoción ¿Acaso es esto lo que se siente cuando morimos? Y, sonrió, había encontrado la respuesta que tanto dolor de cabeza le dio a su padre, todos habían sido convocados por ella, sin saberlo, habían llegado del más allá, pues  ella, y sólo ella, había sido la intermediaria para que se pudiera realizar aquel encuentro, el sueño de su padre que según le dijo, era factible que entre la vida y el circuito científico,  hubiera una comunicación…
Entonces Anna se preguntó.
¿Sería este tal vez el fin de los fines del misterio de la muerte?
¿Pero, llegado el hipotético caso de que se pudiera divulgar lo que estaba viviendo ella en esos momentos, seguramente, y sin juzgar sus motivos la  tildarían de loca?
¿Entonces, qué motivos  poderosos fueron los que indujeron a Pitágoras cuando  decidió reunificar las matemáticas? sería tal vez,  para que se pudiera hablar con más libertad de la reencarnación.
Y, ¿Qué se puede decir  de los libros sagrados de THO-HERMES?
  Y, ¿De dónde proviene esa  ambición desmedida que sienten los hombres  por tener estos valiosos conocimientos en sus manos, para después utilizarlos con el propósito de poner bajo sus pies al  mundo entero? Pero por suerte y para todo ser viviente, aún  no ha nacido quien tenga la inteligencia suficiente para poder  desvelar  esos  métodos hechos con sistemas de codificación, que sólo supo utilizar Hermes Trismegisto el sabio egipcio, que los hizo sabiamente herméticos  para que no cayeran estos valiosos conocimientos en manos de hombres desaprensivos  que sólo piensan en llenar la tierra de muertos sin sepulcros. Mientras tanto, estos “hombres” sin escrúpulos, parecen esperar inútilmente su momento ansiado, y siguen  haciendo  lo imposible por poseer los conocimientos esotéricos de los antiguos sabios. Sin dudas lo desean, no para el bien de la humanidad, si no para explotar algo que no les pertenece, porque estos ansiados documento científicos, hablan sobre el misterio de la “Reencarnación”.
¿Sabían acaso, estos filósofos  egipcios, qué había vida después de la muerte?
¿Y, si todo este misterio estuviera simplemente oculto en el lenguaje de los pájaros?
Anna y sus amigos, cómo si alguien los condujera, dócilmente hacia la embarcación donde pues el  junco se encontraba atracado en la orilla del Cantábrico, el los guiaría hacia un destino que ni ellos mismos  intuían.
¿Estarían con este viaje intentando cambiar el ritmo de la historia que estaba por llegar?
¿Se trataba de avisar al presente para que en el futuro llegara a ser más satisfactorio para todos?

Una tempestad repentina, trasladó el junco a un reino dónde los truenos, los granizos, y la ciencia, eran algo inconcebible, porque allí a donde iban, en aquel destino, aún estaba por crearse el futuro.






domingo, 1 de julio de 2018

Qué motivos le indujeron a hacer este viaje 3º Parte

La oscuridad se hacía inminente cuando entró en la casa, busca con la mirada  una alcoba donde descansar de tantos sobresaltos, cuando corre una cortina para saber qué había en la habitación, se encuentra ante el caballero que vio paseando por el pórtico de la casa pre-romana, vestía la misma indumentaria, el sombrero y la capa descansaban encima de una cama techada con dosel de terciopelo. El caballero no parece sorprendido de su presencia, Anna retrocede, pero el caballero ante su actitud, le habla con tono impositivo, hace rato pedí la cena, espero no tener que esperar más. Anna sale despavorida, pero antes de la huida  percibe un intenso olor a carne asándose, sigue el olfato que la guía hacia la cocina donde en una gran chimenea se asaba un cordero, Anna sale con precipitación de la cocina, necesitaba salir fuera para poder respirar; pero, en su desconcierto no recuerda dónde se encuentra la puerta de salida, entonces el caballero se interpone en su huida. En aquellos momentos, su mente empezó a ser preclara, y no supo cómo decidió integrarse en aquel engranaje de esperpénticos personajes, pues aquello qué le estaba pasando, ya no le pareció que fuera una locura, y decidió poner en práctica lo que aprendió con su padre, que siempre le inculcó, de que no temiera nada, pues no había nada raro en que ciertos fenómenos se materializaran, que todo era factible. Una risa discordante le hace volver a la realidad. La contrariedad de saberse observada por el caballero  le hace dar un paso atrás.
Anna se inquieta ante la mirada de aquel personaje, pues en esos momentos necesitaba tranquilidad y serenidad, para recordar con exactitud todo lo que  había aprendido de su padre, hombre científico, que era admirador del trabajo y de los resultados de las investigaciones hechas por el insigne Valle-Inclán. Pero su cabeza se niega a querer recordar, su mente se había convertido en un caos.
¿Pues no era gallego? Y para más señas, pontevedrés…
Entonces, todas esas fantasías que estaban viviendo eran connotaciones celtas…
Poco después recordó cuando una vez vio a su padre cabizbajo cuando salía de su laboratorio, y le preguntó ¿Te ha salido algo mal? Si, el libro que tanto esperábamos todos los científicos  y que estaba a punto de publicarse  ha sido  según los mentideros pasto de las llamas en un lamentable incendio, ¿De quién era? De Valle-Inclán--dijo con la voz rota-- sabíais su título. La voz del caballero interrumpió su pensamiento cuando dijo. Solos ante el Misterio, ¿acaso ignorabas el título del libro?
Anna sin hablar, vuelve a la cocina se encontraba desorientada, pero allí  no se podía casi respirar, apestaba a carne de cordero que unido al humo que generaba el chorreo constante de la grasa del animal al caer sobre las brasas, haciendo que aquel lugar pareciera una opaca  espesa y repugnante noche de niebla.
De  nuevo se hace oír la voz del caballero que reclamaba sus viandas, tras él un enano vestido con calzones rojo y amarillo que saltaba a su alrededor con muestras de servidumbre, mientras tanto el cordero que recibía el calor de las brasas, parecía crecer hasta parecer una enorme res.
Anna se sobrecoge cuando  ve entrar en la cocina a un grupo de lisiados arrastrándose por el suelo  con la única protección en las rodillas y manos de una tosca corteza de corcho, todos con gestos y en silencio imploraban las migajas que caían al suelo. Ante este espectáculo deprimente, intenta serenarse, pero no tuvo tregua en su sosiego, pues en esos momentos por la puerta, entraba una dama vestida  de terciopelo color carmesí, adornando su testa con una diadema de azabache.
Anna pensó que debía estar acostumbrada al humo pegajoso, pues no parecía que le molestara. Con un gesto le dice al enano que le sirva un trozo de cordero. Entonces Anna supo que estaba presenciando un episodio en la vida cotidiana de la Edad Media.
Cuando se encontró en la calle, dedujo que ese era el lugar idóneo para que ella pudiera proseguir con las investigaciones que no pudo concluir su padre.
Sentada en el poyete de la puerta, piensa. ¿Qué extrañas circunstancias se confabularon para que  ese libro no saliera a la luz?
Entonces y, sin pensarlo pone un mensaje a sus amigos para que pasaran unos días con ella en su nueva casa gallega.
Al día siguiente, y como si hubieran estado esperando su llamada, todos hacen presencia en su  casa. Pero Anna, al verlos allí no parecía encontrarse satisfecha con el resultando de todo aquello, al no haber previsto con anterioridad que  sus  amigos, eran seres diferentes a aquel ambiente que de por sí se mostraba enrarecido. Entonces,  lo que comenzó a suceder, fue todo lo contrario a sus pronósticos, pues creyó que al encontrarse sus amigos reunidos en aquella casa y amparados por el bucólico paisaje, ella quizás podía practicar ese don, que desde que llegó a la casa  creyó poseer y, que supo que  eran poderes  de mediúnmicas.
 Pero sus amigos parecían encontrarse ajenos a sus inquietudes, la situación para Anna empezaba a complicarse, porque aquella casa no era lo que a simple vista parecía, todo allí, era sobrenatural, aunque se negara a aceptarlo en algunos momentos.

 Cuando aquella noche se acostó en su corazón existía un dilema, hablar con sus amigos de lo que le inquietaba, o no decir nada, pues aquella casa emanaba una fuerza incontrolable algo que parecía no querer resistirse a morir. Pues se podía palpar en el ambiente  que había dentro un ente vivo latente, y que  Anna sabía que se encontraba a punto de salir de entre sus muros.  

TERESA


martes, 26 de junio de 2018

Eé motivos le incitaron a emprender ese viaje 2º Parte

Poco después y cuando se encontraba cerca de Santiago de Compostela, suspiró, al fin,  zona civilizada. Con el mapa en la mano, y siguiendo fielmente su lectura. Entonces se preguntó ¿Qué estoy haciendo aquí? De pronto se encuentra frente a frente con un edificio que es sin dudas un  icono del prerrománico, para Anna y en su contemplación supo que era el edificio más hermoso que había visto, se extasía ante la espléndida factura y ornamentación que representa, el edificio se hallaba   compuesto de dos pisos, en el superior se podía admirar un espléndido mirador abierto.
Alguien tras ella  le cuenta entre susurros, que antes que iglesia había sido el pabellón de caza  del rey Ramiro I
Anna alza su mirada hacia el piso superior. Entonces pudo ver algo que le pareció  inexplicable,  mira ansiosa a su alrededor buscando a su informador, pero había desaparecido, pero necesitaba saber algo sobre  lo que acababa de ver en aquel mirador, pues no llegaba a discernir,  si lo que había visto era una alucinación producida por el mágico entorno, o por el agotamiento.
Pero tras ella no había nadie, se encontraba sola. Entonces ¿quién pudo hablarle a su espalda? Intrigada miró hacia el horizonte para ver si lo localizaba. Pero  su mirada persuasiva se centró en aquella fachada de piedra grisácea y ennegrecida víctima de  las inclemencias del tiempo durante siglos.
Convencida de que era todo un hallazgo, se sienta en el suelo, para su mejor contemplación, sacando como conclusión, que la estructura era muy especial, pues había en ella unos motivos escultóricos que representaban diversos animales, que no le pareció nada raro al tratarse de su primitiva idea, como el de ser un coto de caza, pero había más detalles que le llamaron la atención, allí esculpidos se encontraban detalles orientales.
Anna no sabe cómo asimilar  la mezcla del prerrománico con algo oriental. De repente sus músculos se tensan, ante ella, y en el mirador apareció un personaje que se paseaba por el pórtico, sin duda era un caballero que calzaba medias de lana color azul, un  collar de gran tamaño colgaba de su cuello, la cabeza la cubría con un sombrero donde destacaba desde  lo alto de su copa una cinta que caía rozando su hombro, su jubón era  de mangas acuchilladas de llamativos colores como si fueran serpentinas de  colores verde y amarillo.
Anna ante aquella visión, no aceptaba creer que lo que estaba viendo fuera verdad; entonces mira más detenidamente, el caballero parecía estar esperando a alguien, pues sus pasos eran lentos entre los arcos, por su actitud parecía encontrarse en su casa. Anna observa que mete la mano en un pequeño bolso de metal que estaba sujeto por un cordón de seda a la cintura, de dónde saca un florín que deposita en la balaustrada, Anna cierra los ojos por unos instantes, necesitaba saber si todo lo que estaba contemplando era tan sólo producto de su imaginación, ¿o tal vez era lo que le hubiera gustado vivir a ella? pero, cuando abre los ojos , vio que alguien le ponía al caballero sobre sus hombros una capa larga hasta los pies Anna, sigue con interés este ritual sin mover un sólo músculo de su cuerpo, pero algo debió suceder, porque cuando el criado recoge el florín de la balaustrada, el caballero le dijo al criado algo al oído, y entonces los dos como si los hubieran descubierto infraganti, clavaron sus miradas inquisitivas en ella.
Se encontraba sentada en el suelo y, de repente sintió una gran excitación hasta creer que su cuerpo se había integrado con la tierra. No supo el tiempo que pudo pasar, pero cuando se levantó del suelo, se encontraba empapada, había comenzado a llover y no se había dado cuenta. Al levantarse, se encamina cómo una autómata hacia una pendiente, su cabeza parecía una batidora, pues no podía creer lo que había visto, pero una voz ronca la despierta de sus cavilaciones era  la de un hombre que con paso firme se acercaba a ella para ofrecerle su casa, entonces Anna  dedujo que era una buena oferta, pues necesitaba secar su ropa, lo mira, pero se quedó sorprendida cuando se dio cuenta de que su indumentaria no era de este siglo, ¿Por qué ese hombre vestía de esa guisa? ¿Estaría viendo a los actores de alguna representación vestidos cómo  los personajes de la comedia que más tarde sería representada cerca de donde ella se encontraba? Seguro, pensó. Entonces, el caballero, y el criado del mirador también podían  ser parte del elenco de actores.
De pronto el rostro de Anna se demudó cuando creyó haber encontrado lo que siempre supuso que era una quimera ¿De dónde le vino el impulso de hacer ese viaje?
Anna  como si hubiera tenido una visión transcendental mira confusa a su alrededor, el paisaje se mostraba perfecto tal y como había sido creado, el hombre, a dos pasos de ella, la observaba en silencio, y sin más le dijo inesperadamente, “si lo que está buscando es comprar una casa por estos parajes, yo le vendo la mía, le asegura que es ideal para usted”.
Anna lo mira incrédula por lo que acababa de oír y sigue con la vista la dirección que señalaba el hombre con su dedo índice, entonces descubrió una casa con fachada de piedra rectangular  de una sola planta, que se hallaba subida en cuatro pilares, sin dudas era un Hórreo, el hombre vuelve a decir, mi mujer y yo, se la vendemos.
¿Qué la venden? ¿Por qué?  El hombre sin más le dice, “este oxigeno es demasiado puro para mis pulmones”. ¿Es ese el único motivo?—dijo Anna-- Entonces inesperadamente se puso ante Anna, una mujer con aspecto de anciana, que amablemente le dice, ¿Quiere ver la casa? Anna desconcertada solo pudo decir, no dispongo de dinero para comprarla, el hombre se acerca más a Anna: ¿Cuánto dinero lleva encima? Anna sin salir de su asombro saca del bolsillo del pantalón un billete de cinco  euros, esto es todo lo que tengo. Anna creyó estar viendo alucinaciones cuando la mujer le arrebata de las manos el billete mientras le dice, la casa es suya. En unos segundos, aquel extraño matrimonio, desapareció pendiente abajo saltando mientras sus voces hacían eco en la montaña, ya es suya, ya es suya.

Anna se queda parada mientras siente que su cabeza se negaba a razonar.







martes, 19 de junio de 2018

Qué motivos le impulsaron a hacer este viaje

Aún faltaba una hora para que amaneciera cuando Anna aún dormida se encontraba inmersa en un estado de sobresalto, pues creyó de que flotaba en el Cosmos desde el cual pudo ver  una ciudad costera; curiosa por aquel influjo despertó, miró a su alrededor, todo le pareció tan diferente que tuvo la sospecha de que algo muy especial fue la causa de que hubiera perturbado su descanso; porque su casa, su ropa, todo le pareció extraño, creyendo por unos momentos que todo era irracional, pues no supo de dónde pudo venirle aquel extraño y repentino impulso que llegó a asustarla.  Nada más despertar supo que estaba siendo atraída por un poderoso y extraño imán, haciéndole que se sintiera atrapada por unas vibraciones raras que la arrastraban  insistentemente hacia un lugar nada verosímil inculcándole unos deseos  irrefrenables de emprender un viaje; un viaje que jamás había podido imaginar.
Poco después, más calmada y mientras tomaba un café sentada en uno de los taburetes ante la mesa de la cocina, descubrió que siempre había acariciado un sueño que le obsesionaba desde su más tierna edad, y que hasta esos momentos aún no había podido descifrar.
No supo cómo, pero, nada más tomarse el café, se vio metiendo sus enseres en una pequeña mochila; como no había previsto este viaje, supo que no tenía tiempo para despedidas, tan sólo sentía la necesidad de llegar al lugar donde creyó tenía que ir. Pues sin saberlo le había llegado la hora de cumplir su irrefrenable deseo, sin dudas era el momento idóneo, y oportuno, pues por esas fechas tenía pensado invertir sus días de ocio en hacer un viaje, ¿Pero de dónde le vino la idea repentina de ir  tras las huellas del Prerrománico?
Una hora después se encontraba saliendo de su casa cacereña con la mochila a la espalda, su corazón, al cerrar la puerta, le latía henchido por una emoción irrefrenable de aventura.
Días después caminaba por la vía empedrada de la Ruta de la Plata, atravesando senderos rurales, en aquella soledad sintió que su cabeza empezaba a recordar inesperadamente los conocimientos que adquirió junto a su padre, un reputado científico.
¿Por qué, tuvo que evocar en esos momentos su infancia junto a su padre?
Entonces tuvo la corazonada de que aquella soledad le hablaba de alguna manera y, en esos momentos supo que el destino la conducía inexorablemente a  descubrir algo que siempre le intrigo, y que tal vez su descubrimiento  pudiera darle sentido a lo que había visto y oído, cuando siendo una niña espiaba tras la puerta  del laboratorio a su padre.
 Días después de unas largas jornadas, se encontraba a las puertas de Villanueva de Arosa, callejea, por su parte más antigua, sabiendo que entre sus estrechas y laberínticas callejuelas, podía toparse con algún que otro tesoro prerrománico, que sin duda podían encontrarse camuflados y, disfrazados en viejas tabernas. Entra en una de ellas atraída por el entorno, su portada se le antojó como la entrada a un mundo inanimado oscuro y pétreo de los cuentos de terror. Una vez dentro se siente feliz, no entendiendo el motivo, pero sí supo que necesitaba sentirse arropada y protegida por aquellas centenarias paredes.
Anna pide al mozo que se encontraba tras la barra un vaso de vino fresco. Alguien, desde el otro extremo del mugriento mostrador, dice, refiriéndose a ella, qué, a refrescar el  “gaznate” ante esta incongruencia del desconocido, se hace la sorda, poco después y con el vaso en la mano, mira a su alrededor con detenimiento, aquel establecimiento era la calca exacta de las vivencias de la Edad Media Temprana. Esta observación de la que parecía haber sido objeto, empezó a inquietarla, entonces  busca con la mirada un rincón apartado donde pudiera observar sin ser observada. Una joven con saya larga, melena enmarañada y  escote generoso se le acercó a ella limpiándose las manos húmedas en el  delantal que lucía brillante por la mugre. Pero antes de que pudiera oír su voz, desapareció de su vista con la rapidez de un rayo. Anna, intenta dominar su escepticismo, pues creyó que le iba a contar algo la muchacha. En aquel establecimiento y en aquellos momentos sólo se encontraban tres personas que jugaban a las cartas, ella, observaba expectante desde la mesa de un rincón.
No había apurado el vaso de vino fresco, cuando cree ver atravesar por los gruesos muros de piedra a un ser incorpóreo, enseguida entendió que todo allí debía  tener una explicación razonable, estaba claro que lo que ahora era una tasca, había sido en otros tiempos una de las casa más poderosas de aquella época, que ahora estaba siendo depositaria de increíbles  vivencias  e historias que habían acumulado en ella sus antiguos moradores.
Cuando se levanta dispuesta para salir, la joven aparece de nuevo, se acerca a Anna. Con mirada suplicante le pide que la libere. Anna, la mira desconcertada, y sin más, salió a la calle; cuando se encuentra fuera de la taberna las piernas le temblaban.
 Busca alojamiento, no lo encuentra, entonces recuesta su cuerpo cansado a los pies de una cruz de piedra. Después de una noche de duermevela, al amanecer emprende el camino hacia un monte cuyo nombre desconocía. Mientras aquel camino se adentraba por una sucesión de sierras intrincadas y laberínticas casi inaccesibles. En su caminar Anna siente la sensación de estar vigilada, entonces aligera el paso al creer que no estaba sola. Se acercaba el ocaso, por primera vez desde que se adentró en aquel bosque siente miedo; de repente, sus ojos pudieron percibir una gran sombra que se movía entre los árboles, amparada por la precaria oscuridad, se asusta al tener casi la certeza de que se trataba de un animal enorme que parecía acecharla, el pánico la deja inmóvil, poco después y ante una gran incredulidad, oye un gemido seguido de un golpe que hace estremecer  el suelo, no tiene idea de lo que estaba sucediendo, sólo supo que un gran terror se apoderó de ella.
 Cuando reacciona, ve a lo lejos un punto de luz que pensó era su salvación, sus piernas emprendieron una loca carrera impacientada por poder llegar a ese punto que creyó haber visto, y que le pareció se encontraba en medio de aquel valle, un valle que se mostraba frondoso al estar tapizado de arbustos, Anna sigue caminando, lo hacía tan apresuradamente que el corazón parecía querer salir de su pecho para dejarla sin latidos y a merced del silencio más absoluto. Aquel bosque parecía estar allí, desde tiempos inmemoriales, sin lugar a dudas era hermoso, pues parecía que nunca había sido habitado por ningún ser humano.
Se siente cansada cuando tiene cerca la luz que vio a lo lejos, pero, cuando vio de que se trataba, desesperada, se dejó caer a los pies de un árbol, tan sólo eran luciérnagas tramposas que con la luz que irradiaban, hacían confundir al caminante extraviado.
Anna siguió caminando, ya no parecía tener prisas, desde lo alto de la montaña sintió que toda su energía se canalizaba, pero no sabía hacia dónde, pues ignoraba si era consciente o inconsciente  de lo que le estaba sucediendo al no saber definir que era aquella visión que tenía ante ella, porque desde donde se encontraba pudo ver a lo lejos un mar misterioso y profundo donde sus olas balanceaban un junco pequeño con su vela cuadrada, estaba construido con corteza de papiro, también, pudo apreciar que la embarcación estaba prevista de remos como si estuviera dispuesta para navegar.
 ¿Qué significado podía tener que estuviera aquel junco chino fondeado en una playa gallega, que fuera utilizada por los egipcios para navegar en la antigüedad por el Nilo?

Anna cree haber entrado peligrosamente en unos conocimientos que siempre supo que fue depositario su padre, el cual llamaba a su trabajo “ Conocimientos del saber oculto”. Entonces pudo sentir ante ese recuerdo que se encontraba en una dimensión  relativa, entonces el miedo que empezó a sentir en aquella taberna nada más entrar en Galicia le pareció no tener fin, pues, mirando a aquel mar impregnado de un intenso olor a salitre, mientras lo contemplaba le hizo ver aunque veladamente que en aquel junco sé escondía una amenaza, pues sus hipnóticas olas parecían festonear caprichosamente y con su espuma la orilla de la tierra, dejando a su paso un efímero encaje de plata.