sábado, 8 de agosto de 2026

 2ª PARTE DE LAS NIEVES DE GREDOS.

 

Aún recuerdo a mi madre sentada ante el piano amenizando las largas tardes de invierno cuando nos quedábamos incomunicados por la nieve y la ventisca, y cuando mi padre nos daba clases de historia y matemáticas, todo nos parecía fantástico era casi irreal la vida que vivíamos al ser los únicos habitantes de aquella maravillosa sierra que nos hacía sentir parte de la naturaleza.

Después de haber divagado por los recuerdos más recóndito de mi vida, me levanto indolente de la cama quería saber quien era el invitado de mi hermano que acababa de llegar, bajo al salón, que para mi fue toda una sorpresa pero-desagradable—era Faustino mi enemigo número uno que tuve en el colegio al estar siempre incordiándome, hasta llegar en una ocasión cuando en una merienda campera tuvo la oportunidad de ridiculizarme  ante los compañeros de clase, en aquella ocasión hizo que me comiera una tortilla de patatas sabiendo que no soportaba la mezcla del huevo y la patata.

Creo que siempre le odie por su arrogancia, ahora se veía obeso, descuidado mientras por su frente perlaban gotas de sudor al contraste de la calle al calor de la chimenea; nos saludamos con frialdad.

En esos momentos llaman de nuevo a la puerta, mi hermano la abre y entra Juan, que hace el mismo ritual cuelga la pelliza de borreguito, se quita las botas de goma y entra en el salón donde nos encontrábamos sentados Faustino y yo, nos saludamos alzando la mano como si nos hubiéramos visto hacía poco tiempo, una vez sentado hablamos de cosas intranscendentes, y de nuevo llaman a la puerta, abre mi hermano, hola Samuel, entra, y señala el lugar donde debía entrar, después de sacudir las botas de la nieve, su saludo fue protestar por el mal tiempo, yo lo miro, era alto enjuto y con la clásica nariz de picaporte que en esos momentos estaba tan colorada que parecía un pimiento morrón, y siguió protestando por la ventisca que se estaba aproximando, creo que nos vas a tener que dar cobijo por unos cuantos días, si es que podemos salir de aquí, decía mientras se acercaba al calor de la chimenea para entrar en calor, mientras mi hermano sin hablar repite el rito de barrer las cenizas que escupía la chimenea.

Entonces miro a mi alrededor, y pienso que al parecer faltaba un invitado para completar los cubiertos que había en la mesa.

De pronto interrumpe mis pensamientos el sonido de un teléfono, mi hermano contesta la llamada, cuelga para decirnos que era Fernando quien llamaba para comunicar que no podía llegar porque la ventisca se lo impedía.

Todos nos miramos, pero que demonios pintaba allí Fernando el mecánico si nunca quisimos que jugara con nosotros por lo bruto que era.

No os he dicho que a mi hermano siempre le atrajo  la espeleología, cuando era niño le gustaba acompañar a mi padre por la sierra para descubrir grutas y lagos subterráneos, recuerdo una vez que se perdieron en las cumbres nevadas que a mi hermano le encantó sobre todo cuando tuvieron que acampar en uno de los lugares que mi padre le decía era altamente peligroso si no se conocía el terreno.

Y que una vez de vuelta a casa siempre traían a mi madre un ramillete de cuernecillos azules que tanto proliferan en lo más alto de la sierra, que mi madre ponía con entusiasmo en un jarrón de cerámica encima del piano.

En otra de sus excursiones los dos descubrieron la Laguna  Grande  llamada Circo de Gredos, que forma un prolongado y elevado escarpado sobre la fosa del río Tietar, siendo para ellos un gran descubrimiento, tan especial que desde entonces despertó en mi hermano una gran afición por explorar las depresiones graníticas y las grutas más ocultas.

En una ocasión mi hermano hizo una incursión por estos parajes con un grupo en el cual se encontraban sus invitados…

CONTINUARÁ. 




miércoles, 5 de agosto de 2026

Relatos

LAS NIEVES DE GREDOS

 

Llego a la sierra de Gredos desde Cáceres para acudir a la cita de mi hermano, y como siempre hice antes de llegar a mi casa me paro para admirar el inmenso panorama que desde la vereda se divisa creo que me sobrecogí  ante tanta naturaleza.

Llego a la empinada y amplia curva que precede a la entrada de mi casa, y admiro la gran casona de piedra y madera que habían construido mis padres que eligieron como refugio después de haber tenido una agitada vida en sociedad. Mirando la casa pienso que cuantas veces la añoré en mis noches solitarias de estudiante, pues salí de esta casa  siendo un adolescente  para estudiar en Cáceres.

En esos momentos en que mi cabeza rememoraba, la nieve se agrupaba tapando la vereda y cubriendo la hilera de flores que la flanqueaban la entrada, allí seguía el Enebro, la Esparcilla el Espárrago de Lobo, y la Lucila todas ellas plantas autóctonas del lugar. Miro hacia arriba y observo  como las ramas de los árboles cubiertas de nieve lanzaban destellos rosados con las luces del ocaso, ya me encontraba a unos metros de la entrada, donde  la vereda se allana, aparco el Land Rover bajo una techumbre de madera, me apeo, y subo las escaleras de piedra y madera de roble con parsimonia saboreando los recuerdos que seguían allí esperándome, mientras las volutas de humo gris -azulado se elevaban hacia el cielo  desde la chimenea del salón, el calor se hace notar mientras espero que alguien abra la puerta.

Una voz ronca responde con acritud…Se abre la puerta, que se encontraba atrancada con una gruesa cadena, cuando se abre la puerta aparece mi hermano, que la cierra sin apenas saludarme, entro en el salón sin quitarme las botas cubiertas de nueve, echo una ojeada a mi alrededor, y veo el piano en el mismo sitio recordando las veces que embobado escuchaba tocar a mi madre, y observo que aún permanecía el atril con su partitura preferida, me estremezco, el polvo parecía cubrir los muebles menos el piano; con los pensamientos confusos me acerco a la chimenea para entrar en calor, me asombra que esta se encontrara impoluta; el chisporroteo de los troncos parecían no escupir cenizas, entonces vi cómo mi hermano limpiaba una y otra vez con la escoba las cenizas y el recogedor cualquier brizna que pudiera salir de la embocadura de la chimenea, después de sentir el calor del hogar me quito las botas bajo la quieta mirada de mi hermano y dejo complacido que los pies ateridos de frio sientan el benefactor calor.

Sin preguntar a que se debía la cita, subí a mi habitación, y me sorprende que todo está como yo lo dejé, mis láminas de los ciclistas más famosos de mi época de adolescente; todo estaba allí cómo si no hubiera estado ausente. Me tumbo encima de la cama, y cuando me estaba quedando dormido llaman a la puerta.

Entonces oigo una voz desconocida que saluda a mi hermano con jovialidad, Tirso ¿Cuánto tiempo? ¿Qué pasa? Oí que preguntó. Espero que tengas una buena razón para hacerme venir al techo del mundo con el tiempecito que hace, mientras se quitaba el anorak y lo colgaba en el perchero de la pequeña entrada donde siempre hubo un perchero y un banco de madrea para descalzarse, es una estancia tan pequeña que yo de pequeño le llamaba el confesionario al estar hecha de madera y ser la antesala del gran salón dónde cada día nos reuníamos la familia.

CONTINUARÁ

 




domingo, 2 de agosto de 2026

 

CURIOSIDADES

¿Sabías que el Arca de la Alianza existía 3.500 años  a de C.

¿Y que en la Era de los Anunakis era valorado como un condensador de alto voltaje?




viernes, 31 de julio de 2026

FRASES

La amistad perfecta y verdadera exige tres cosas: Virtud, honestidad, trato agradable y utilidad necesaria.

PLUTARCO




lunes, 27 de julio de 2026

Mi próxima novela habla del poder de la piedra.

¿Y si éstas fueran esas criaturas de las cuales solo sabemos que no son humanas?

¿Entonces por qué tienen el poder de controlar el mundo?

¿Acaso solo forman parte de un círculo conspiratorio?

Piénsatelo.

Pronto será presentada, os lo comunicaré.

 




viernes, 24 de julio de 2026


Te invito a abrir un libro, y tus ojos verán un mundo especial que hará volar tu imaginación sin límites, sabiendo que ese libro será tu mejor testigo de tu ensoñación.

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martes, 21 de julio de 2026

Continuación de lo que guarda la Ciudad Monumental de Cáceres

 

Recordando aquel episodio de mi vida se que quedaron muchas lagunas en mi memoria, y para mi sorpresa nada de lo que presencié aquel día me pareció nuevo, pues a veces en mi propia casa siento presencias que parecen querer contarme historias  que acontecieron en aquel Cáceres antiguo cuando corrían lo siglos XVII—XVIII.

En mi apasionado entusiasmo creo que siento algo parecido a una presión en el pecho cuando con sigilo bajo las escaleras del Alzapón (palabra en desuso) una habitación olvidada donde se solían guardar los alimentos en tiempos pretéritos, estancia que aun se conserva en algunas viviendas de la parte antigua de la Ciudad.

Y es cuando observo cómo aflora en mí un fenómeno extraño que relaciono cuando paseo por la Ciudad Monumental ¿Acaso somos tan zafios al pensar que no tenemos un pasado? aunque este pensamiento nos haga a veces reflexionar sobre algo que no se encuentra al alcance de  nuestra vista.

Pero yo estoy segura de que algunos de los descendientes de estos antiguos habitantes que para nosotros son intangibles, quizás vaporosos, pues estos pueden pasar  por nuestro lado sin apenas ser perceptible, que al ser un acto irrefutable pensamos que es solo una impresión irresponsable por la flojedad en la que se encuentra nuestra consciencia.

¿Y si estos seres están esperando el momento propicio para emerger del encierro al que están sometidos para liberarse de su eterna oscuridad?

Esta sensación quizás no la puede sentir cualquiera que no esté motivado al ser muy difícil de explicar, y complicado de creer ya que se trata de dar un salto atemporal donde no todos los transeúntes pueden vivir el momento sublime de espacio tiempo.

Estos hechos al ser percibidos por solo unos pocos  estos no lo comentan al no ser una narración creíble, yo sé que Cáceres es una ciudad especial que a veces cuando paseas por sus estrechas callejuelas  bajo el influjo de la luna se pueden sentir cosas que al no ser palpables producen un impacto emocional tal, pues al volver cada esquina te puedes encontrar en una encrucijada la cual es difícil olvidar, al sentir cómo seres incorpóreos  vigilan sus posesiones.

 Y esto os lo cuento recordando aquel día en que encontrándome sola y siguiendo mi instinto pude ver a una doncella mancillada por su condición de mujer, y que con su mirada me invitó a contar su historia, sin sospechar que en aquel momento algo sobrenatural hizo que mi memoria perdiera su capacidad, ya que lo más importante del relato quedó en el olvido.