jueves, 19 de marzo de 2026


¿ES ACASO CIENCIA FICCIÓN? 

 

 

 

La Ciudad Monumental de Cáceres, se encuentra en un recinto totalmente delimitado por una muralla mozárabe, dentro de este recinto podemos ver mucho más que su pasado, pues al caminar por sus estrechas y recoletas plazuelas, se puede notar que algo intangible subyace en el ambiente algo que se puede apreciar con solo pasear por esta ciudad, pues aún se puede notar el latir de sus piedras, unas piedras que  rezuman  una historia tan antigua que si al pasar las rozas con tú brazo una de las fachadas de sus casonas, éstas parecen querer decirte muy quedo, espera, no tengas prisas en tu caminar, porque quiero contarte una historia que pasó y, que me gustaría que se difundiera.

Y las piedras me hablaron, mientras yo atónita no sabía se estaba soñando.

Y comenzaron el relato.

Aquí vivieron muchas familias con blasones, y apellidos que fueron de los más ilustres que lucharon  por obtener el poder de un señorío; pues como siempre ha pasado a través de los tiempos, todos querían gobernar la Ciudad, que  fue fundada  por  los comerciantes como tránsito  de norte a sur de la Hispania, estos comerciantes eran ricos al transportar plata, cobre y casiterita, que eran los componentes del bronce, a consecuencia de  este trasiego fue cuando surgió la que hoy es llamada vía de la plata, que desde el norte se dirigía hacia el valle del Guadalquivir pasando por Cáceres. Esta fue la consecuencia  de que entre los nobles hubiera muchas, y muy enconadas disputas entre los avaros transeúntes y los moradores de la ciudad, y todo por hacerse con una plaza de las más ansiadas.

Desde entonces en esto que empezó siendo una pedanía para los comerciantes se fue forjando la ciudad, que fue y  sigue siendo un misterio, que solo sus muros saben muy bien guardar, nadie llegó a saber a ciencia cierta el motivo de sus encarnizadas disputas que eran constantes, pues había negocio para todos, pero en medio de tanta rencilla entre vecinos y forasteros, sí que se pudo realizar el milagro del entendimiento entre las diferentes culturas que pasaron quedando testimonio en la ciudad; quizás por esa razón, entre sus grises paredes puede que  escondieran sus tentativas de guerras y traiciones,  logrando con ello que estos primitivos moradores  con su gran temple no llegaran a tener la paz necesaria para la convivencia  hasta que llegó la Reina Isabel ( llamada la católica) que la que hizo que todos convivieran en paz.  Entonces yo como narradora de esta muy antigua pero actual leyenda pienso, que al lector se le puede antojar algo rara, pero tal como lo cuento aconteció.

Estas pétreas paredes, saben de muchas cosas que pasaron y, que por alguna razón guardan para sí hasta que llegue el momento de que salga a la luz. Y esa es una de las razones  por la cual al pasar junto ellas puedes tener la sensación de que estas palpitan a cada paso que das al ritmo de tu corazón. Una tarde paseando junto a esas mismas paredes, y mientras pensaba en cómo  sería la vida en aquellos tiempos, donde todos (como siempre ha sido y será) todo ser humano, necesita quedar sus huellas de su paso por la vida.

Y la historia comenzó, aquel día cómo ya he dicho, me encontraba deambulando al anochecer por una de las claustrofóbicas callejuelas, cuando de pronto pude percibir un siseo, vuelvo la cara, pero no vi a nadie, intrigada dirijo mis pasos hacia la puerta de uno de los palacios  que tanto se prodigan por este entorno, que al encontrar su puerta abierta asomo mi cabeza  para contemplar el zaguán con su pozo en medio como era la usanza que al parecer era el núcleo de la casa.  Como me embargaba la curiosidad por saber de dónde venía ese siseo, pues creí había salido de aquel zaguán, de pronto aquella tarde había dejado de ser luminosa, al eclipsarse el sol tras una impertinente nube. Entonces contemplando aquel zaguán me pareció que aquel recinto no quería saber nada ni con el sol, ni con la claridad del día, pues se encontraba en penumbra, al fondo del zaguán, pude avistar una puerta enrejada que daba paso a un precioso patio que se encontraba  rodeado por diez columnas dé estilo Jónico en el centro un pozo con el brocal tapado con un enrejado de hierro.

No pude por menos de sorprenderme al comprobar que la puerta que daba acceso al patio se encontrara abierto, entro con sigilo por si se encontrara cerca el guarda de la casa, pero no vi a nadie, entonces me vi convertida en uno de esos turistas que lo curiosean todo para después poder contar lo que han visto en sus viajes y, sin pensar me adentré hasta acercarme al pozo, en ese momento me sobresaltó al escuchar muy cerca de mí aquel el mismo siseo que había percibido en la calle, en esta ocasión supuse que venía del fondo del pozo, intrigada me acerque al brocal, y sorprendida pude ver una mano que asomaba por el enrejado, me acerco temerosa, y aquella mano me indicaba que me dirigiera hacia una pequeña puerta ojival, obediente me dirijo a ella, de pronto ésta se abre, presa de la curiosidad entro, y ante mí aparece un pasadizo estrecho de techo abovedado en forma de cañón, todo era oscuridad, hasta que vislumbré una pequeña tea en el fondo del pasadizo, camino hacia ella, allí de súbito me encontré con un etrusco salón donde parecía se había convocado una asamblea, espero dudosa pero unos instantes antes de posicionarme para no ser vista

 

 



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