sábado, 9 de mayo de 2026

Desde la ventana

Desde la ventana:

 

Anna se encuentra nostálgica, hacía años que se sentía sola, y su mente no parecía marcar su visión de la realidad, pues al resumir su vida no le daba el resultado para ella apetecido, pues supo que habría que sumar tantas y tantas realidades.

Su casa era su jaula dorada, su lugar preferido un sillón junto a la ventana de donde veía el ir y venir  de gentes apresuradas que se ignoran.

Era una mañana gris cuando al despertar Anna abre las cortinas de su alcoba, estos días que amanecían grises siempre fueron nefastos para ella; y pensó quizás hoy no me asome a la ventana, se dirige al cuarto de estar, corre las cortinas con desgana, y entonces observó cómo una anciana pasaba por el paso de cebra, y se da cuenta de que era la hora punta cuando más peatones se dirigen a sus trabajos, se distrae mirando el trasiego casi inhumano de los transeúntes, cuando un chirrido de unos neumáticos le sobresalta, en ese instante una anciana es atropellada y cae al suelo como un muñeco de títeres, la gente la mira curiosa pero sin parar el ritmo, en esos momentos Anna pierde la visibilidad al parar un camión en su punto de mira, se va a otra ventana para ver mejor que era lo que pasaba, mira hasta encontrar una mejor panorámica, cuando un ruido ensordecedor acompañado de sirenas se apodera del ambiente, mientras tanto la mujer anciana yace inerte en el suelo; un policía con autoridad despeja a unos jóvenes que al parecer deseaban enterarse de lo ocurrido, y Anna desde su atalaya sigue mirando con interés, entonces le impresiona al ver cómo algo amorfo, negro, se acerca a la anciana, que no consigue saber que es lo que es exactamente, pues este ser con movimiento seguro y briosos brazos intenta levantar a la anciana del suelo, entonces descubre que era un ser con ojos rojos centelleantes; no supo si se encontraba  ante una realidad o una ilusión  óptica, un camillero, como si todo estuviera dentro de la normalidad se acerca a la anciana la tapa con una manta térmica después de ponerle un collarín para inmovilizarla y como un relámpago emprende la huida a toda velocidad por la avenida.

En unos momentos todo queda igual, como si no hubiera pasado nada; pero algo amargo le quedó a Anna.

¿De dónde salió aquel ser amorfo?

Anna cierra las cortinas de su ventana, y una vez de nuevo con su soledad piensa, que su jaula de oro no tiene puertas, pues sólo tenía ventanas para mirar al exterior.

Pasó un tiempo y de nuevo asomada a su ventana, vio atravesar por el semáforo a la misma anciano que fue atropellada, y que mirando hacia la ventana le sonríe, pero en esos momentos interrumpe su mirada, pues una joven pasa a su lado con una minifalda exagerada y escote de vértigo causando morbo a su paso, entonces Anna se fija en ella con detenimiento y, ve cómo  la envuelve una aureola de color rojo sangre, entonces desea llamarla para advertirla de que nada bueno la acompañaba, pero los gritos de Anna no se dejaban oír, el cristal era grueso, y no podía hacer nada.

Y se retiró de la ventana, pues lo único que podía hacer era vivir las vidas ajenas desde su ventana imaginaria, pero al volver la cara se encontró con unos hombres que le esposaron las manos en la espalda, mientras era trasladada sin demasiadas exquisiteces a una comisaría donde le esperaba un interrogatorio, que pensó seria duro, quizás cruel para ella.

Pronto se descubrió que Anna era una espía, pero ¿Qué clase de espía?

Pues aquella anciana a la que Anna espiaba era un personaje trascendental y una agitadora al servicio del comunismo, y que, al ser interrumpido el trabajo por los trámites burocráticos, el objetivo desapareció, convirtiéndose en un misterio, pues no volvió nunca más  a ser perseguida desde ninguna ventana.  

 

 

 




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