Desde la ventana:
Anna se encuentra nostálgica, hacía años que se sentía sola,
y su mente no parecía marcar su visión de la realidad, pues al resumir su vida
no le daba el resultado para ella apetecido, pues supo que habría que sumar
tantas y tantas realidades.
Su casa era su jaula dorada, su lugar preferido un sillón
junto a la ventana de donde veía el ir y venir
de gentes apresuradas que se ignoran.
Era una mañana gris cuando al despertar Anna abre las
cortinas de su alcoba, estos días que amanecían grises siempre fueron nefastos
para ella; y pensó quizás hoy no me asome a la ventana, se dirige al cuarto de
estar, corre las cortinas con desgana, y entonces observó cómo una anciana pasaba
por el paso de cebra, y se da cuenta de que era la hora punta cuando más
peatones se dirigen a sus trabajos, se distrae mirando el trasiego casi
inhumano de los transeúntes, cuando un chirrido de unos neumáticos le
sobresalta, en ese instante una anciana es atropellada y cae al suelo como un
muñeco de títeres, la gente la mira curiosa pero sin parar el ritmo, en esos
momentos Anna pierde la visibilidad al parar un camión en su punto de mira, se
va a otra ventana para ver mejor que era lo que pasaba, mira hasta encontrar
una mejor panorámica, cuando un ruido ensordecedor acompañado de sirenas se
apodera del ambiente, mientras tanto la mujer anciana yace inerte en el suelo;
un policía con autoridad despeja a unos jóvenes que al parecer deseaban enterarse
de lo ocurrido, y Anna desde su atalaya sigue mirando con interés, entonces le
impresiona al ver cómo algo amorfo, negro, se acerca a la anciana, que no
consigue saber que es lo que es exactamente, pues este ser con movimiento
seguro y briosos brazos intenta levantar a la anciana del suelo, entonces
descubre que era un ser con ojos rojos centelleantes; no supo si se encontraba ante una realidad o una ilusión óptica, un camillero, como si todo estuviera dentro de la normalidad
se acerca a la anciana la tapa con una manta térmica después de ponerle un
collarín para inmovilizarla y como un relámpago emprende la huida a toda
velocidad por la avenida.
En unos momentos todo queda igual, como si no hubiera pasado
nada; pero algo amargo le quedó a Anna.
¿De dónde salió aquel ser amorfo?
Anna cierra las cortinas de su ventana, y una vez de nuevo
con su soledad piensa, que su jaula de oro no tiene puertas, pues sólo tenía
ventanas para mirar al exterior.
Pasó un tiempo y de nuevo asomada a su ventana, vio atravesar
por el semáforo a la misma anciano que fue atropellada, y que mirando hacia la
ventana le sonríe, pero en esos momentos interrumpe su mirada, pues una joven
pasa a su lado con una minifalda exagerada y escote de vértigo causando morbo a
su paso, entonces Anna se fija en ella con detenimiento y, ve cómo la envuelve una aureola de color rojo sangre,
entonces desea llamarla para advertirla de que nada bueno la acompañaba, pero
los gritos de Anna no se dejaban oír, el cristal era grueso, y no podía hacer
nada.
Y se retiró de la ventana, pues lo único que podía hacer era
vivir las vidas ajenas desde su ventana imaginaria, pero al volver la cara se
encontró con unos hombres que le esposaron las manos en la espalda, mientras
era trasladada sin demasiadas exquisiteces a una comisaría donde le esperaba un
interrogatorio, que pensó seria duro, quizás cruel para ella.
Pronto se descubrió que Anna era una espía, pero ¿Qué clase
de espía?
Pues aquella anciana a la que Anna espiaba era un personaje
trascendental y una agitadora al servicio del comunismo, y que, al ser interrumpido
el trabajo por los trámites burocráticos, el objetivo desapareció, convirtiéndose
en un misterio, pues no volvió nunca más a ser perseguida desde ninguna ventana.


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