jueves, 16 de julio de 2026

Lo que esconde la Ciudad Monumental de Cáceres

 

De repente me encontré ante un escenario totalmente insólito para mi, era una sala donde todos eran caballeros, uno de ellos hablaba y repetía que nadie por el momento debía saber que existían, y mucho menos que se sepa de nuestras intenciones ocultas.

Yo escuchaba incrédula ante aquellas palabras que salían de aquel ponente, donde todos parecían estar de acuerdo, hasta que uno de ellos, en un impulso, se puso en pie, y dando dos pasos se puso en medio de la estancia, y ante el asombro de los allí presentes, con soltura se quitó la armadura y el Yermo, y ante el asombro de todos ante ellos apareció una hermosa mujer que lucía su larga cabellera, la asamblea enmudeció ante aquella insólita  presencia.

Habían sido burlados por una mujer, entonces y antes de que todos pudieran reaccionar por la sorpresa, la mujer comenzó a hablar, pero nadie la escuchaba, pues la sala quedó envuelta en un murmullo de comentarios morbosos hacia aquella figura femenina que había osado pisar el terreno de los hombres.

Uno de los caballeros con voz potente hizo llamar  a uno de los lacayos que hizo salir de la sala dejándola en manos de un rufián desalmado que la amordazó.

Yo seguí todo este proceso, aterrada en un escenario que había ocurrido en el pasado y  donde se estaba atropellando a un ser humano solo por ser mujer, yo me encontré impotente, ya que no podía hacer nada ante semejante atropello, entonces y sin pensar seguí los pasos de aquel verdugo que hacía caminar a la doncella a empujones.

Nos dirigimos hacia unas estrechas escaleras donde tuve que doblar la espalda por algunos trechos donde el techo parecía  aplastar nuestras cabezas; de repente ante pude vislumbrar que era la antesala de un calabozo, un lugar tan tenebroso  que sin dudas era donde se cometían las mayores atrocidades contra todo aquel que no acatase las órdenes de el que en esos momentos ostentaba el cargo de Comendador.

Y observando este momento supe que me encontraba viviendo algo atemporal, pues vi cómo la doncella era atada a un potro de tortura; ella debió saber que me encontraba allí pues su mirada era suplicante pero no tenía medios para impedir tan vil atropello, y mientras los miembros de la victima eran estirados  como si fueran de goma, ella parecía estar diciéndome lo que iba a suceder después de su muerte, y en su relato me decía que era preciso que estuviera atenta a todo lo que estaba acaeciendo en aquella ciudad donde la avaricia de los hombres la estaban haciendo desaparecer.

Una vez me encontré en la calle, vi a dos hombres  que pasaron junto a mí, vestían sendos abrigos verdes largos y unos pequeños sombreros de tres picos, que sin decir palabra me señalaron el camino que tenía que tomar para salir del laberinto de las callejuelas donde me encontraba.

De repente un terrible movimiento de tierra hizo temblar los cimientos  de la ciudad, para poco después quedar sumergida.

De aquella catástrofe nunca se dijo nada, no era necesario, tampoco lucrativo en hurgar en un pasado un tanto oscuro para la historia.

Yo solo supo que, miré hacia atrás, más tarde fui conocedor de que sobre aquellos escombros de la ciudad se construyeron nuevos inmuebles  de donde surgió una nueva ciudad donde se construyeron hermosas  casas solariegas, tanto que, y aún a pesar del tiempo transcurrido  esta ciudad sigue siendo hermosa, y que ahora la llamamos CIUDAD MONUMENTAL.

CONTINURÁ.

 




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