Al despertar aquella mañana de un otoño cálido, y con la cara
aún soñolienta llamaron a mi puerta, antes de abrir me miro al espejo que se
encuentra justo encima de la cómoda donde suelo poner las llaves, antes de
abrir la puerta me atuso, un joven recadero me entrega un sobre, al cogerlo no
pude creer que en aquel sobre hubieran impreso mi nombre en letras doradas. De
pronto me sentí importante. Con el sobre en la mano me dirigí al cuarto de baño
donde se encontraba mi esposo en plena
faena de acicalarse. Entro presa de una increíble excitación, que al verme ¿Qué
te sucede? ¿Te has encontrado una rata en la cocina?
Mira esto, y blandiendo el sobre, acabo de recibir algo que
me ha quedado perpleja, es una
invitación para asistir a un evento que
se va a celebrar en una finca que regenta una señora que hace tan solo dos o
tres veces hemos coincidido en la peluquería, y que hace dos días, recuerdas
que fui a una conferencia, pues aquel conferenciante era su hermano.
Diego la mira con cara de incredulidad. Yo creo que le he
caído en gracia, pues desde que la conocí coincidimos en los mismos sitios…Ella
dice que es el destino.
Y presa de la confusión confesó ¿Puedes creer que no recuerdo
como se llama?
Diego le regaló una mirada como cuando se mira algo que no
existe.
¿Entonces vamos? ¿Quiero decir me acompañas?
Si te empeñas iremos, pareces muy ilusionada. Aquí dentro del
sobre nos mandan un mapa donde nos indica que esta finca se encuentra en el
paraje del Parque Nacional de Monfrágue, Diego escucha en silencio. Anna seguía
hablando como si le hubieran dado cuerda, tengo entendido que aquellos
parajes son un verdadero paraíso, pues
ofrece contemplar al visitante la
auténtica naturaleza. También pone como
llegar a la finca, tenemos que llegar hasta la localidad de Torrejón el Rubio,
un pequeño pueblo donde parece detenerse la vida.
De acuerdo todo parece idílico, pero ¿te has preocupado en
saber el motivo de la invitación? Desde luego ya estás poniendo pegas, pareces
un pájaro de mal agüero. Está claro que no me entiendes—murmuré-- dando un
portazo a la puerta del cuarto de baño. Pues estaba dispuesta a no perderme esa
invitación por nada del mundo, pues era la oportunidad de pasar un fin de
semana en un sitio idílico.
Desde aquel momento solo pensé en que ponerme, la realidad es
que desconocía como vestirme para este evento sin hacer el ridículo. Y llegó el
día tan esperado, nada más llegar a la finca y poner el pie en el suelo, ante nosotros
un edificio que parecía emanar historias turbulentas, no exenta de misterios,
era una de esas casas donde los moradores hacen lo que fuera por triunfar en los
negocios, nunca un lugar me había suscitado tanto temor, y al mismo tiempo
curiosidad, pues me inspiraba un sentimiento similar a lo paranormal.
Miro a mi alrededor y veo que los coches allí aparcados eran
de alta gama con sus respectivos choferes custodiándolos. De pronto la señora
apareció en la puerta se encontraba rodeada de sus perros, aquella estampa de
la señora erguida, vestida con pantalón de montar y botas, donde destacaba su
indumentaria un chaleco a cuadros color verde musgo, que tapaba levemente una
blusa blanca, esa primera impronta para mí fue maquiavélica, pues me pareció
una bruja disfrazada de cordialidad, nos saludaba con la mano mientras nos
acercábamos a ella, entonces observé, que al estrechar la mano de mi marido, su
mirada se volvió gélida.
Con un movimiento de su mano, apareció una criada que nos condujo a nuestra habitación, la cual
nos informó que a las nueve era la hora de la cena, puesto que al día siguiente
había prevista una excursión en la cual habría una cabalgada hasta el
farallón de cuarcita donde se encuentra
enclavado un castillo árabe y una ermita.
El castillo que vamos a visitar dijo Anna a Diego, lo digo
porque me he informado antes de venir, que es fue una fortaleza árabe que es de
donde viene el nombre del lugar, Al Monfrague, que significa –monte Frogoso--
¿sabías que en este lugar se dieron
varias conquistas y reconquistas por
árabes y cristianos?
Diego la dejaba hablar.
Una vez vestidos adecuadamente, bajamos al comedor, en la
antesala se encontraban casi todos los comensales, donde había un bullicio tal que no se podían entender las
conversaciones, aquel lugar parecía la taberna de un puerto, allí los
presentes bebían como si el mundo se fuera a acabar. Aquella primera impresión
hizo que mi imaginación los retratara en mi retina como unos bichos que a pesar
de tener sus cuerpos envueltos en trajes
del mejor paño, se podía adivinar que debajo escondían la piel oscura y rugosa de sapo, algunos mostraban unas miradas que se asemejaban a las sanguijuelas, pues
sus ojos pequeños, eran negruzcos brillantes y escurridizos.
Diego me sigue sin decir nada, solo observaba, yo al mirarlo
me tranquilice pues quise entrever que parecía estar disfrutando en aquel
ambiente.
Y comenzó la cena, al llegar a los postres, de nuevo comenzó
un murmullo en los comensales, estas conversaciones poco a poco fueron
derivando hacia un cariz poco amable, porque
e unos momentos entre ellos pareció
despertarse una rivalidad velada, al estar mezclando los negocios con la
política.
Seguirá


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