domingo, 21 de junio de 2026


Continuación de los tercios españoles en Filipinas.

 

Cuando los españoles  divisaban un barco  japonés  cerca de Luzón, y a pesar de saber que eran superiores en número, conseguían interceptar a los piratas, los españoles mientras tanto preparaban cañones y los tercios se armaban para el abordaje pertrechados con vizcaínas picas y arcabuces.

Y una vez la artillería  de la galera española  alcanzó  al barco  japonés, los soldados de Carrión saltaron como monos a la cubierta  enemiga.

Sin embargo, los japoneses obligaron a que se replegaran los españoles. Pues los japoneses aparte de superar en número a los españoles también en esta ocasión  contaban con arcabuces portugueses, por lo que nuestros tercios  tuvieron que retroceder hasta la popa de la galera.

Pero nuestros tercios lejos de rendirse, formaron la clásica barrera defensiva en la que los  piqueros  se apostaron  delante y los arcabuceros y mosqueteros detrás, combinando de manera efectiva la defensa con los mortales disparos  de los arcabuceros.

Y fue entonces cuando  Carrión  cortó con su espada  la driza del palo mayor cayendo atravesado sobre la cubierta creando , así, una trinchera improvisada, permitiendo, con ello, a los mosqueteros  y arcabuceros disparar contra los japoneses  de manera mas efectiva, hecho que provocó  numerosas bajas  enemigas, y fue cuando la galera capitana española ( San Yusepe) disparo sus cañones contra los japoneses , que se retiraron  a la desesperada, haciendo que los japoneses saltaran al agua donde muchos se ahogaron  debido al peso de sus armaduras.

Tras esta batalla, la flotilla española  avanzó por el río  Grande de Cagayán, donde se encontró con  18 champanes  japoneses, culminando con la victoria de nuestros tercios, logrando desembarcar con sus hombres y cañones en un recodo del río atrincherándose cerca de las posiciones del enemigo.

Ante el ataque español los piratas japoneses decidieron negociar una rendición, exigiendo una indemnización en oro por abandonar el archipiélago. Carrión se negó tajantemente, y Tay  Fusa  ordenó atacar de nuevo por tierra con más de 600 piratas.

Los tercios aguantaron hasta que a los japoneses  les resbalasen los dedos al intentar arrebatarles las picas, pues durante la lucha los españoles untaron los mástiles con sebo, mientras seguían los ataques y los españoles se encontraron desprovistos de pólvora, pero y a pesar de ello lograron resistir  con coraje, y derrotar a los guerreros japoneses. Las bajas fueron muy importantes sobre todo para los samuráis, pues los españoles perdimos  entre 10 y 20 soldados  mientras los japoneses algo más de 800 hombres.

Los relatos japoneses contaban tras la batalla que sus hombres fueron derrotados  por wo-cou, unos demonios  mitad lagartos mitad peces, pues atacaban  tanto en mar cómo en tierra.

Estos relatos  fantásticos  que rozaban lo mítico atribuye  un gran valor a los españoles al resistir  en clara inferioridad  a un enemigo feroz curtido en el arte de la guerra, otorgando  a los tercios españoles mandados por Carrión una fama legendaria.

Desde que Legazpi descubriera Filipinas unos 30 años antes que Cagayán y hasta 1898 los españoles  mantuvieron estas islas cómo parte del imperio español, en parte gracias a la defensa inhumana  de los españoles  contra los japoneses. Asegurando con ello años de paz  que evitaron saqueos y destrucción.

Tras esta victoria, Felipe II, se acercó más a China, que no veía como colonia, ni no como enclave  comercial y con predominio español, consolidando a España como  reina de los mares.

Esta historia para variar es un desastre histórico en tanto que ha sido olvidada y no se ha estudiado  ni en institutos ni en universidades, pues la habilidad y eficacia certera de los tercios españoles deja en entredicho la inmortalidad de los samuráis, pues los españoles hicieron frente con 40 soldados  a 1000 samuráis, infringiéndoles una importante derrota, o humillación si se desea a los japoneses.

 FIN

 



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