jueves, 3 de septiembre de 2026

Continuación de relato. El periodista que hacía de espía en los ratos libres

 Minutos después  al parecer volvió a su carácter relajado, tanto, que no sospechó que podía ser pillado en un descuido. Pero él no era como los demás, solo lo hacía por afición, tan solo se sabía de memoria los nombres y hechos de los espías más famosos de la historia de España. Pero este pensamiento en vez de hundirlo  le entusiasmó, de tal manera que, se acercó a la maleta y sin supervisar lo que esta contenía la cerró, pidió un taxi se dirigió a la calle Barquillo. Antes de llegar a su cita recordó al espía número uno de la historia, Juan Pujol, alias Garbo, que siempre supo mantener  el secreto de cómo engañó a los  nazis; que muchos años después se supo.

 Y mientras caminaba hacia la cita de la calle Barquillo comienza a hacer sus cavilaciones, al ver que sus sueños parecían cumplirse, ya que al parecer sin apenas darse cuenta estaba adquiriendo cierta  relevancia al ser llamado para esta extraña demanda, pues sólo deseaba con todas sus ganas poder tener en sus manos algunos de esos papeles de los se decía guardaban los servicios de inteligencia, sabía que solo necesitaba astucia y a él le sobraba, pues su  anhelo era  que se hiciera justicia, pero como la historia se escribe según las alianzas que se hacen, Fernando supo que algún día escribiría su propia historia.

Llega al despacho de la calle Barquillo, sentada tras una mesa de despacho se encontraba una mujer encantadora que alargando su brazo le invita a sentarse, Fernando se siente complacido ante tanta amabilidad. La mujer comenzó: No dudamos de que Ud tiene una virtud que nos favorece, ya que su anterior trabajo nos permitió que gracias a sus pesquisas pudiéramos emprender una investigación que parecía imposible poder tirar de ningún hilo, pues debe saber de que este trabajo convive con amenazas de muy altos cargos de la administración, que desde dentro boicotean con descaro nuestras pesquisas.

Hizo una pausa, por supuesto sabemos que es periodista, y también sabemos que es hábil como nadie en el manejo de toda clase de documentos.

Fernando se mueve en la silla, y pensó; creo que voy por un buen camino.

Aquella misma tarde llega a Ámsterdam llamada la Venecia del norte al encontrarse regada por anillos de vías fluviales que cruzan con gracia la ciudad, y donde los campos se llenan de tulipanes que florecen durante una temporada corta, pero que el que lo contempla no lo olvida jamás.

Una vez dentro en el taxi y camino del hotel  se encontró en la calle con un tumulto dando gritos que no parecían de protesta, pues parecían más gritos agónicos de los que se producen ante un hecho impactante, nos desvían de la ruta, y una mujer se para ante la ventanilla del taxi y con voz trémula pero convencida de lo que decía, gritó: al fin ha habido alguien valiente que ha devuelto el daño que ese hombre ha hecho al pueblo, Fernando mira hacia donde señalaba la mujer, y entonces vio un hombre inerte tendido en el suelo que al estar tan deteriorado  ni siquiera sus seguidores se acercaron, pues estos salieron corriendo como ratas ante una riada; una llamada en mi teléfono  interrumpe mi curiosidad, que me dice, tu misión ha sido cumplida, solo con tu presencia se ha  podido producir este suceso, gracias.

Yo no supe cómo reaccionar, pero si supe que se habían cargado a uno de los políticos más corruptos de la democracia, ¿pero él no había hecho nada?

¿Qué fue lo que pasó? Pues nunca llegaron a decirle en la agencia el plan a seguir, pero por supuesto lo suyo era el engaño, para coger desprevenido a un  alemán? ya que se trataba de una operación en cubierto.

Pero para su sorpresa todo se lo había encontrado hecho, y en Madrid lo iban a tomar a chunga, pero Fernando como un gran potencial sabueso que creía ser, supo poco después de que había conseguido amilanar a Hitler. Una vez en Madrid nadie le creyó, pero días después  la II Guerra Mundial acabó con la derrota de Hitler.

Más tarde aparecieron unos documentos secretos que decían que esta historia la escribió un periodista anónimo, y que no fue como sucedió ni cómo la contó

No obstante ¿Acaso él fue él cebo que pusieron para despistar que  resulto ser acertado?

FIN

 




No hay comentarios :

Publicar un comentario