Se remueve en la butaca, dos jóvenes se encontraban sentados
en el velador de al lado, la miran, Anna se siente incómoda ante aquellas
miradas, busca de nuevo en el bolso para cerciorarse de que lo que había visto había sido una alucinación, entonces al comprobar que el bolso se encontraba limpio
se tranquilizó todo podía haber sido producido por su alterado estado de
agitación.
Mira a los jóvenes y, decide jugar con ellos al despiste,
pues sin motivo aparente despertaron en ella una tremenda curiosidad
de pronto necesitaba saber de qué hablaban en la conversación que estaban
manteniendo, estaba segura de que si captaba una sola frase podría atar cabos, y
con ello descubrir la esencia de aquel diálogo que parecía ser muy
interesante; pero un alboroto repentino le impidió que pudiera sacar algo de aquella
conversación y no pudo seguir escuchando.
Era un grupo de cómicos que danzaban entre las mesas exhibiendo sus
habilidades a la concurrencia.
Poco después los dos jóvenes retornan la conversación, y fue
cuando Anna pudo oír; no sé cómo pudimos hacer lo que hicimos. Inesperadamente
uno de ellos levanta la voz. Dime Paco, por primera vez en tu vida sé sincero
conmigo—Cuando pronunciaba estas palabras los labios le temblaban---- ¿Acaso
viste algo que se nos pasó a los demás? Un prolongado silencio por parte de
Paco hizo que Felipe se alterara más de la cuenta, poco después y con voz
apagada. Perdona Paco, por esta alteración poco usual en mí, ya sé que ninguno
pudo hacer nada por ella al carecer de herramientas. Anna cada segundo que pasa
escucha con más atención, pues entre los dos debía haber un motivo para que estuvieran callados durante mucho tiempo, pero al parecer había llegado la hora
de decir todo a modo de explosión, pues los dos jóvenes al parecer se culpaban mutuamente de
algo que no parecía estar muy claro por lo tanto preludiaba que toda aquella conversación podía
terminar con su amistad de una manera escabrosa. Al parecer eran cómplices al
cincuenta por ciento de una conspiración
que tenía los visos de tragedia.
Enseguida la conversación empezó a subir de tono, sin
percatarse ninguno de los dos que en su agitación sus voces cambiaban de
registro haciendo que estas parecieran
inmateriales. Y cuando comenzaron los reproches junto con las
acusaciones mutuas comenzaron a salir a la luz unos amoríos inconfesables por
tratarse de una mujer que estaba comprometida.
Fuera de tono, uno de ellos intentó solazar con una elegancia
fingida lo que se preveía iba a acabar mal, pero este toque de sutileza
que dio Paco a la conversación no
pareció calmar los ánimos de Felipe.
Anna cada segundo que pasaba escuchando se sentía más y más
interesada, llegando a involucrarse hasta creer espantada que hablaban de ella.
Más tranquilos los dos chicos piden otra consumición, Anna se relaja cuando piensa
que es sabido que ante una copa en compañía de un amigo pueden reírse de las
ocurrencias, pero también hablar con claridad para disipar la ansiedad, pues el que habla si
se sabe escuchado ve cómo se disipa la desconfianza ya que hasta se puede
llegar a imaginar que estás en un confesionario donde puedes contar sin temor alguno ya que todo lo que cuentas no va a ser
difundido, pues el propósito es el de liberarse de los problemas, pero si éstos
no se cuentan con claridad pueden hacer mucho daño al individuo que lo escucha.
Uno de ellos por unos momentos parece ignorar a su amigo, su
mirada era distraída dando la sensación de que se encontraba en otra galaxia.
Anna contiene la respiración esperando con impaciencia la
reacción que pudiera tener Paco cuando Felipe dejara de mirar hipnotizado las
volutas de humo que salían de su boca ¿estaría
Felipe pensando en la manera de salir airoso de aquel trance?
Anna se distrae con nuevos pensamientos empezando a divagar
sobre para que otra cosa pueden servir las terrazas de verano, si no, para que
la gente pueda hacer confidencias, sonríe, por algo son ubicadas en la arteria
principal de las ciudades, pues las cafeterías en verano sin las terrazas no
serían nada.
Mientras tanto Felipe, parecía seguir mirando al infinito
expeliendo con lentitud el humo de su
cigarrillo que parecía estar nublándole su razón.
Anna abstraída con sus elucubraciones, no se percata de que un grupo de alborotadores irrumpían en
el paseo con sus gritos de libertad y
trabajo, y ante la terraza donde se
encontraba Anna se formó un tumulto que algunos de los veladores cayeron al
suelo mientras los camareros intentaban disolver la algarabía echándolos de la
terraza. Anna dirige la mirada hacia los dos jóvenes y, descubre que tan sólo
se encontraba sentado uno de ellos y qué al fijar su mirada en él, Anna notó
que en su rostro lucía una sonrisa a
medio gas, pues su apariencia era la de estar impávido. Ante esta observación
siente un estremecimiento, entonces mira al suelo al notar los pies húmedos, estaba pisando un
charco de sangre.
Dirige la mirada al joven con la expresión impávida, sus
nervios se crispan al ver que algo brillante como un cristal asomaba por su
boca abierta, se remueve en la silla, la gente que por allí pasaba parecía
ignorar lo que estaba sucediendo en aquella terraza de verano, cuando Anna se
levanta para cerciorarse que era lo que salía de la boca del joven, una voz
tras ella le dice, no toques nada esos cristales están malditos.
Anna se aleja de la terraza con pasos inseguros se dirige a
su casa mientras un terrible dolor de cabeza le hace recordar el horrible sueño
que le estaba empujando hacia un abismo que la estaba llevando inexorablemente
hacia ese Inframundo que le hacía dudar si se encontraba en él, o en otro lugar
en el que siempre creyó no podía ser para ella.
No volvió a su casa, pues no la tenía.
¿Entonces quién era?
¿Qué paso en aquella expedición?
FINAL


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