sábado, 10 de octubre de 2026

Cnciencia

Se remueve en la butaca, dos jóvenes se encontraban sentados en el velador de al lado, la miran, Anna se siente incómoda ante aquellas miradas, busca de nuevo en el bolso para cerciorarse de que lo que había visto había sido una alucinación, entonces al comprobar que el bolso se encontraba limpio se tranquilizó todo podía haber sido producido por su alterado estado de agitación.

Mira a los jóvenes y, decide jugar con ellos al despiste, pues sin motivo aparente despertaron en ella una tremenda curiosidad de pronto necesitaba saber de qué hablaban en la conversación que estaban manteniendo, estaba segura de que si captaba una sola frase podría atar cabos, y con ello descubrir la esencia de aquel diálogo que parecía ser muy interesante; pero un alboroto repentino le impidió que pudiera sacar algo de aquella conversación y no pudo seguir escuchando.

Era un grupo de cómicos que danzaban entre las mesas exhibiendo sus habilidades a la concurrencia.

Poco después los dos jóvenes retornan la conversación, y fue cuando Anna pudo oír; no sé cómo pudimos hacer lo que hicimos. Inesperadamente uno de ellos levanta la voz. Dime Paco, por primera vez en tu vida sé sincero conmigo—Cuando pronunciaba estas palabras los labios le temblaban---- ¿Acaso viste algo que se nos pasó a los demás? Un prolongado silencio por parte de Paco hizo que Felipe se alterara más de la cuenta, poco después y con voz apagada. Perdona Paco, por esta alteración poco usual en mí, ya sé que ninguno pudo hacer nada por ella al carecer de herramientas. Anna cada segundo que pasa escucha con más atención, pues entre los dos debía haber  un motivo para que estuvieran callados durante  mucho tiempo, pero al parecer había llegado la hora de decir todo a modo de explosión, pues los dos jóvenes al parecer se culpaban mutuamente de algo que no parecía estar muy claro por lo tanto preludiaba que toda aquella conversación podía terminar con su amistad de una manera escabrosa. Al parecer eran cómplices al cincuenta por ciento  de una conspiración que tenía los visos de tragedia.

Enseguida la conversación empezó a subir de tono, sin percatarse ninguno de los dos que en su agitación sus voces cambiaban de registro haciendo que estas parecieran  inmateriales. Y cuando comenzaron los reproches junto con las acusaciones mutuas comenzaron a salir a la luz unos amoríos inconfesables por tratarse de una mujer que estaba comprometida.

Fuera de tono, uno de ellos intentó solazar con una elegancia fingida lo que se preveía iba a acabar mal, pero este toque de sutileza que dio Paco a la conversación no pareció calmar los ánimos de Felipe.

Anna cada segundo que pasaba escuchando se sentía más y más interesada, llegando a involucrarse hasta creer espantada que hablaban de ella. Más tranquilos los dos chicos piden otra consumición, Anna se relaja cuando piensa que es sabido que ante una copa en compañía de un amigo pueden reírse de las ocurrencias, pero también  hablar con claridad  para disipar la ansiedad, pues el que habla si se sabe escuchado ve cómo se disipa la desconfianza ya que hasta se puede llegar a imaginar que estás en un confesionario  donde puedes contar sin temor alguno  ya que todo lo que cuentas no va a ser difundido, pues el propósito es el de liberarse de los problemas, pero si éstos no se cuentan con claridad pueden hacer mucho daño al individuo que lo escucha.

Uno de ellos por unos momentos parece ignorar a su amigo, su mirada era distraída dando la sensación de que se encontraba en otra galaxia.

Anna contiene la respiración esperando con impaciencia la reacción que pudiera tener Paco cuando Felipe dejara de mirar hipnotizado las volutas de humo  que salían de su boca ¿estaría Felipe pensando en la manera de salir airoso de aquel trance?

Anna se distrae con nuevos pensamientos empezando a divagar sobre para que otra cosa pueden servir las terrazas de verano, si no, para que la gente pueda hacer confidencias, sonríe, por algo son ubicadas en la arteria principal de las ciudades, pues las cafeterías en verano sin las terrazas no serían nada.

Mientras tanto Felipe, parecía seguir mirando al infinito expeliendo con lentitud  el humo de su cigarrillo que parecía estar nublándole su razón.

Anna abstraída con sus elucubraciones, no se percata  de que un grupo de alborotadores irrumpían en el paseo  con sus gritos de libertad y trabajo, y ante la terraza donde se encontraba Anna se formó un tumulto que algunos de los veladores cayeron al suelo mientras los camareros intentaban disolver la algarabía echándolos de la terraza. Anna dirige la mirada hacia los dos jóvenes y, descubre que tan sólo se encontraba sentado uno de ellos y qué al fijar su mirada en él, Anna notó que en su rostro lucía una sonrisa  a medio gas, pues su apariencia era la de estar impávido. Ante esta observación siente un estremecimiento, entonces mira al suelo  al notar los pies húmedos, estaba pisando un charco de sangre.

Dirige la mirada al joven con la expresión impávida, sus nervios se crispan al ver que algo brillante como un cristal asomaba por su boca abierta, se remueve en la silla, la gente que por allí pasaba parecía ignorar lo que estaba sucediendo en aquella terraza de verano, cuando Anna se levanta para cerciorarse que era lo que salía de la boca del joven, una voz tras ella le dice, no toques nada esos cristales están malditos.

Anna se aleja de la terraza con pasos inseguros se dirige a su casa mientras un terrible dolor de cabeza le hace recordar el horrible sueño que le estaba empujando hacia un abismo que la estaba llevando inexorablemente hacia ese Inframundo que le hacía dudar si se encontraba en él, o en otro lugar en el que siempre creyó no podía ser para ella.

No volvió a su casa, pues no la tenía.

¿Entonces quién era?

¿Qué paso en aquella expedición?

 FINAL

 




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