Presa de un ataque de ansiedad recorre la casa intentando
tranquilizarse, necesitaba saber si cada objeto de su casa se encontraba donde
ella los había puesto. ¿Qué le estaba pasando? Deja caer su cuerpo en el sofá,
las fuerzas le habían abandonado, cierra los ojos y de nuevo sintió cómo su cuerpo se tensaba igual que el cabo
que sujeta la vela principal de una nave.
Al cerrar los ojos de nuevo se vio tendida en aquella piedra
donde creyó ver al Chamán y pudo sentir cómo éste tapaba su cuerpo desnudo con
brillantes cristales de cuarzo. Asustada ante este pensamiento se levanta de un
brinco, entonces descubre que en su escritorio había una nota, lo coge
indecisa, lee temblando lo escrito, pega la espalda a la pared no podía creer
lo que le estaba pasando, en aquella nota había un mensaje que le exigía que
escribiera con todo detalle el sueño que tuvo aquella noche; ese sueño que
necesitaba borrar de su memoria para no caer en la locura.
Anna como si quisiera desprenderse de un lastre pesado y
agónico decide salir a la calle, una vez
fuera de su portal deambula sin rumbo,
se adentra por una calle cualquiera que desemboca en una plaza cualquiera.
Caminaba pensativa ajena a las miradas que provocaba a su paso.
Su deambular la lleva hacia un paseo que bullía de actividad
donde las gentes ociosas pasan el rato
sentado en las terrazas que se prodigan a lo largo del paseo. Busca con la
mirada una mesa desocupada, toma asiento con despreocupación mientras cree que
es un buen sitio para huronear a todo el que pasara frente a ella, necesitaba
ese estímulo para poder limpiar su mente de pesadillas.
Pide al camarero un refresco, cuando saborea el primer sorbo
siente cómo le reconforta un agradable frescor en la boca, sonríe, sin duda
empezaba a sentirse una mujer privilegiada pues se sentía “viva” al instante se
horroriza ¿cómo se le había ocurrido pensar esa atrocidad de que ella estaba
viva? ¿Sería tal vez que desde la atalaya en la que se encontraba, estaba
viendo a los demás mortales deferentes a ella?
Entonces para borrar sus turbulentos pensamientos se le
antojó que aquellos transeúntes podían ser esclavos de sus propias vidas, pues
sus miradas parecían apagadas y sus caras pálidas denunciando que tal vez podían ser autómatas y esclavos de sus propias
vidas. Toda esta observación le hizo pensar que aquellos seres podían haber
sido moldeados en cera por un escultor, que al esculpir estos seres rutinarios quisiera
con ello que exteriorizaran sus sentimientos al no sentirse obligados a acatar
las órdenes de un jefe que casi siempre es invisible que no por eso deja de ser
inflexible. Ante estos pensamientos se horroriza; intenta recomponer sus
neuronas, ella no podía ser igual que ellos, pues sin duda siempre se creyó
diferente a los demás mortales.
Bebe otro sorbo de refresco, pero ya no le supo placentero pues le quedó en la boca un sabor
bilioso.
Anna desconcertada se revela contra ella misma, era imposible
no quería ni pensarlo que ella pudiera
formar parte de ese colectivo que tanto odiaba, pues ella no había sido
concebida para la sumisión; mira a su alrededor, con la convicción de que ella
jamás se sometería a nadie y mucho menos a seguir reglas que no fueran las
suyas propias.
Busca en el bolso un paquete de cigarrillos, necesitaba fumar
para calmar la ansiedad que siente, pero no lo encuentra, entonces como una
posesa rebusca por los rincones del bolso, abre una, dos, cremalleras, pero no
encuentra lo que busca , cuando mete la mano decidida a voltear el bolso encima
de la mesa, siente un pinchazo en la palma de la mano cómo si una daga afilada
la traspasase, la retira inmediatamente, se mira la mano, no tenía ni un
rasguño, pero un dolor intenso e insoportable le hace estremecer, aprieta una
mano con la otra para contra restar el intenso dolor, y fue cuando descubrió
que el bolso se encontraba lleno de sangre.
CONTINUARÁ...


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