HABITACIÓN NÚMERO
7
Después de permanecer una hora en aquella habitación del
hotel, Alexis detective privado de profesión, aquel día no sabía por dónde
empezar, su ordenador seguía guardado en su estuche de piel acolchado, encima
de la mesa una antigua y junto a una arcaica máquina de escribir desfasada.
Esparcidos por la
pequeña mesa de escritorio del hotel, había documentos que debía analizar con
premura, éstos sospechaba que debían contener una especial información que podía modificar el rumbo
de la humanidad en el caso de que estos objetivos fueran cumplidos en la fecha
indicada.
Aquella tarde, y después
haber ojeado algunos de los documentos, uno de ellos hablaba de una
eficaz idea que debía desarrollarse en un hipotético mar, era un tanto
sospechoso al no mencionarse el nombre de dicho mar en el documento, pero sí
en una nota tal vez olvidada en uno de los laterales se podía leer con una
letra en miniatura Mediterráneo.
Alexis por unos momentos no sabe que pensar de todo aquello,
él no era militar, ni tan siquiera había sido aceptado en el ejército motivado
por padecer una leve cogerá debida a unas fiebres en su infancia. Aquel encargo
que tenía entre sus manos le hacía sospechar que no sería para él nada fácil de
investigar, pues ni tan siquiera sospechaba que pudiera
llegar a buen término, dado que el caso, y por primera vez en su
profesión le era totalmente desconocido.
Suena el teléfono, lo coge con desgana, sí, y esperó
expectante unos segundos.
Al otro lado un silencio significativo, cuando decide colgar,
una voz femenina le hace paralizarse cuando dijo, si escarbas demasiado en ese
fango en el que te has metido, puede que tengas una sorpresa—por cierto—muy poco
agradable, el clic del teléfono sonó en sus oídos como si le hubieran asestado
un bocinazo dentro del tímpano.
Poco después, y cuando se tranquilizó, volvió a la tarea de clasificar los
folios, entonces inesperadamente uno de ellos cayó al suelo, lo recoge, pero
enseguida se percató de que era de un
color diferente al resto de los documentos, lo lee con especial atención, allí
en sus anotaciones se podía leer algo parecido a unas galimatías que no lograba
descifrar, la luz de la habitación en esos momentos empezó a oscilar a pequeños
intervalos viéndose inmerso en una rara sensación como cuando se lucha entre la
luz y las sombras.
Alexis desconcertado por la situación pone el documento de
color diferente entre los
demás, y preso de mal humor sale de la habitación para saber qué pasaba con la
luz, mira a un lado y otro del pasillo, pero este estaba alumbrado como todos
los pasillos de hoteles, pero en esos momentos se encontraba desierto. Antes de
cerrar la puerta percibe que su habitación
era la única que se encontraba a oscuras, se sube a una silla y comprueba que se trataba que la bombilla
estaba floja, la enrosca, y poco después con la luz encendida, se relaja.
Ya habían pasado dos días desde que comenzó ese extraño
trabajo, y faltaba poco para presentar el resultado a los que le habían
contratado de los cuales no tenía ni idea de quienes se trataba, por el momento
era un misterio para él.
Una tarde y una vez
hubo terminado de leer estos documentos, se fuma un cigarrillo, y mirando las
volutas de humo pensó que lo que había sacado en conclusión era, que todo
parecía haberse escrito por un guionista
de cine, donde la intriga y el enredo era el centro de la trama.
Alexis busca entre los papeles y encuentra aquel folio de color
diferente, y lo mete en una cartera transparente de plástico después de haberlo
leído con escepticismo, pues allí se exponía con aparente detalle la
identificación y grado de un militar y donde se adjuntaba una foto tamaño
carnet de mala calidad, y donde se podía apreciar en la pechera de la guerrera
que lucía muchas condecoraciones que para él no eran muy aclaratorias.
Alexis se preguntaba ¿Pero por qué tantas medallas?
¿Estaría la foto
trucada?
Se encontraba tan
absorto mirando aquella foto queriendo saber a qué ejercito pertenecía aquel
militar, que no oyó cómo tras el tabique de su habitación se había formado tal
trifulca, que casi estuvieron a punto de derribar la pared.
Eran las once de la noche y aún no había probado bocado desde
el desayuno, sale de la habitación, se dirige a la cafetería del hotel, pide un
plato combinado que come con apetito, dos hombres charlan en la barra, por su
forma de comportarse parecían estar
acordando algún negocio. Una vez terminada la cena, sale de la cafetería, se
dirige al ascensor, un hombre paticorto y con brazos fuertes parece esperarle a
que entre con él en el ascensor; Alexis duda unos momentos si subir o no con él,
pero acepta pues no quería que le
dominara el terror, cuando llega a su piso, el hombre paticorto al darle las
buenas noches le dice de sopetón.
¿Ocupa por casualidad
la habitación número siete? Alexis por unos instantes le temblaron las piernas.


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