domingo, 25 de octubre de 2026

Habitación nº 7

HABITACIÓN  NÚMERO  7

 

 

 

Después de permanecer una hora en aquella habitación del hotel, Alexis detective privado de profesión, aquel día no sabía por dónde empezar, su ordenador seguía guardado en su estuche de piel acolchado, encima de la mesa una antigua y junto a una arcaica máquina de escribir desfasada.

 Esparcidos por la pequeña mesa de escritorio del hotel, había documentos que debía analizar con premura, éstos sospechaba que debían contener una especial información que podía modificar el rumbo de la humanidad en el caso de que estos objetivos fueran cumplidos en la fecha indicada.

Aquella tarde, y después  haber ojeado algunos de los documentos, uno de ellos hablaba de una eficaz idea que debía desarrollarse en un hipotético mar, era un tanto sospechoso al  no mencionarse el  nombre de dicho mar en el documento, pero sí en una nota tal vez olvidada en uno de los laterales se podía leer con una letra en miniatura Mediterráneo.

Alexis por unos momentos no sabe que pensar de todo aquello, él no era militar, ni tan siquiera había sido aceptado en el ejército motivado por padecer una leve cogerá debida a unas fiebres en su infancia. Aquel encargo que tenía entre sus manos le hacía sospechar que no sería para él nada fácil de investigar, pues  ni tan siquiera sospechaba  que  pudiera   llegar a buen término, dado que el caso, y por primera vez en su profesión le era totalmente desconocido.

Suena el teléfono, lo coge con desgana, sí, y esperó expectante unos segundos.

Al otro lado un silencio significativo, cuando decide colgar, una voz femenina le hace paralizarse cuando dijo, si escarbas demasiado en ese fango en el que te has metido, puede que tengas una sorpresa—por cierto—muy poco agradable, el clic del teléfono sonó en sus oídos como si le hubieran asestado un bocinazo dentro del tímpano.

Poco después, y cuando se tranquilizó,  volvió a la tarea de clasificar los folios, entonces inesperadamente uno de ellos cayó al suelo, lo recoge, pero enseguida  se percató de que era de un color diferente al resto de los documentos, lo lee con especial atención, allí en sus anotaciones se podía leer algo parecido a unas galimatías que no lograba descifrar, la luz de la habitación en esos momentos empezó a oscilar a pequeños intervalos viéndose inmerso en una rara sensación como cuando se lucha entre la luz y las sombras.

Alexis desconcertado por la situación pone el documento de color diferente  entre los demás, y preso de mal humor sale de la habitación para saber qué pasaba con la luz, mira a un lado y otro del pasillo, pero este estaba alumbrado como todos los pasillos de hoteles, pero en esos momentos se encontraba desierto. Antes de cerrar la puerta  percibe que su habitación era la única que se encontraba a oscuras, se sube a una silla  y comprueba que se trataba que la bombilla estaba floja, la enrosca, y poco después con la luz encendida, se relaja.

Ya habían pasado dos días desde que comenzó ese extraño trabajo, y faltaba poco para presentar el resultado a los que le habían contratado de los cuales no tenía ni idea de quienes se trataba, por el momento era un misterio para él.

 Una tarde y una vez hubo terminado de leer estos documentos, se fuma un cigarrillo, y mirando las volutas de humo pensó que lo que había sacado en conclusión era, que todo parecía haberse  escrito por un guionista de cine, donde la intriga y el enredo era el centro de la trama.

Alexis busca entre los papeles y encuentra aquel folio de color diferente, y lo mete en una cartera transparente de plástico después de haberlo leído con escepticismo, pues allí se exponía con aparente detalle la identificación y grado de un militar y donde se adjuntaba una foto tamaño carnet de mala calidad, y donde se podía apreciar en la pechera de la guerrera que lucía muchas condecoraciones que para él no eran muy aclaratorias.

Alexis se preguntaba ¿Pero por qué tantas medallas?

 ¿Estaría la foto trucada?

 Se encontraba tan absorto mirando aquella foto queriendo saber a qué ejercito pertenecía aquel militar, que no oyó cómo tras el tabique de su habitación se había formado tal trifulca, que casi estuvieron a punto de derribar la pared.

Eran las once de la noche y aún no había probado bocado desde el desayuno, sale de la habitación, se dirige a la cafetería del hotel, pide un plato combinado que come con apetito, dos hombres charlan en la barra, por su forma de comportarse  parecían estar acordando algún negocio. Una vez terminada la cena, sale de la cafetería, se dirige al ascensor, un hombre paticorto y con brazos fuertes parece esperarle a que entre con él en el ascensor; Alexis duda unos momentos si subir o no con él, pero acepta pues  no quería que le dominara el terror, cuando llega a su piso, el hombre paticorto al darle las buenas noches le dice de sopetón.

 ¿Ocupa por casualidad la habitación número siete? Alexis por unos instantes le temblaron las piernas.




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