3º PARTE DE LAS NIEVES DE GREDOS
Por aquellas fechas mi hermano hizo un grupo de aficionados a
descubrir grietas inaccesibles, y mirándolos me di cuenta de que mi hermano
tenía alguna razón para convocarlos en unas fechas tan poco propicia para subir
a la montaña, de repente mi hermano cambia de humor, y al hablar se dirige a
Marcial, no se si recuerdas que en aquella incursión que hicimos tú por una
hora desapareciste, que por cierto nos asustaste hasta que te vimos saliendo de
uno de los huecos de una poza por donde yo no permití que fuerais, pero ahora
me alegro de que estés aquí con todos, qué recuerdos, y se puso a limpiar la
ceniza de la chimenea como si fuera lo más importante que tenía que hacer en esos
momentos.
Luego se dirigió a Faustino, creo que a ti te van muy bien
las cosas desde que te has dedicado a los negocios, que por cierto las malas
lenguas dicen que no son muy claros. Faustino enrojece de ira, pero al no haber
continuación de los allí presentes bajó la cabeza frotándose las manos, dando a entender que no le importaba lo que se dijera
de él, sin dudas sabía que era un hombre sin escrúpulos.
Ahora mi hermano se queda mirando por unos instantes a Samuel,
yo observo era un hombre enjuto con la tez anacarada y nariz transparente dando
el aspecto de quien no se puede confiar, sus largas manos blancas comenzaron a
moverse sin control.
Enseguida le llegaba el turno a José, poco hablador,
insulso, y de aspecto tosco con el cual nunca se podía mantener una conversación,
hasta el extremo que ninguno quería estar con él.
Pero mi hermano cómo los convocó, pues para mí a cada momento que pasaba junto a ellos era una incógnita que no acababa
de entender.
Yo soy Fernando creo que aun no me he presentado, soy en que menos pega en esta insulsa reunió, pues nunca subí a la cumbre al
padecer de vértigo, pero me entretenía en un pequeño laboratorio que mi padre
hizo para mí en la pequeña buhardilla donde pasaba muchas horas investigando la
fauna y flora que me ofrecía con generosidad el entorno.
Llevo una vida tranquila, pues soy profesor en la Universidad
de Cáceres, mi mujer también profesora y
juntos conjugamos un perfecto tándem.
Es la hora de comer y mi hermano nos convoca al comedor y
todos acudimos atraídos por el aroma que desprendía la comida, con asombro veo
que cada uno tenia su nombre donde sentarse, este detalle les hace gracia a
todos menos a mí que conociendo a mi hermano este detalle me inquieta.
La cena fue exquisita, el venado en su punto de cocción, el
vino excelente, pero el postre… de eso hablaré más tarde, no creo que ahora voy
a decir lo que pienso del licor que dio a los comensales a probar de color rosado
que yo no probé pues me hizo recordar mis experimentos en la buhardilla,
recuerdo que con un poco que destilé de una de las flores me salió un liquido
de ese mismo color, y que me cargué mis únicas dos cobayas que tenía cuando se
las di a probar.
Un presentimiento me hizo estremecer ¿de dónde había sacado
mi hermano ese líquido rosado que yo no había probado?
Me levanto de la mesa y voy enloquecido a mi pequeño laboratorio,
miro con ansiedad, pero no veo nada anormal, de pronto una mano dura como el
hierro se posa en mi hombro asustándome.
Era mi hermano que con voz solemne me dijo, te necesito
abajo.
Después de unos momentos de charla insulsa, Faustino comenzó
a sentirse mal, la culpa la tenía la ingesta que había sido excesiva al
estar bien condimentado el venado, casi arrastrando mi hermano y yo lo llevamos
a una habitación que curiosamente estaba preparada para si se indisponía algún
invitado.
Poco después recogemos la bajilla, y nos sentamos alrededor de
la cálida chimenea, con una copa de coñac en la mano, de pronto la mano de
Samuel comenzó a temblar hasta derramar la copa, le ayudo a recostarse en el
sillón, al instante se quedó dormido, a nadie nos sorprendió después de una ingesta
copiosa.
De pronto Samuel comenzó a babear cómo si hubiera bebido un vaso con
detergente.
Nos miramos mi hermano y yo frente a frente bajo los destellantes
chisporroteos de los troncos quemándose y,
como si a mi hermano le hubieran puesto pilas comenzó a hablar, de su boca
salían palabras que para mí parecían incoherentes.
CONTINUARÁ...


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