jueves, 13 de agosto de 2026

3º PARTE  DE LAS NIEVES DE GREDOS

 

Por aquellas fechas mi hermano hizo un grupo de aficionados a descubrir grietas inaccesibles, y mirándolos me di cuenta de que mi hermano tenía alguna razón para convocarlos en unas fechas tan poco propicia para subir a la montaña, de repente mi hermano cambia de humor, y al hablar se dirige a Marcial, no se si recuerdas que en aquella incursión que hicimos tú por una hora desapareciste, que por cierto nos asustaste hasta que te vimos saliendo de uno de los huecos de una poza por donde yo no permití que fuerais, pero ahora me alegro de que estés aquí con todos, qué recuerdos, y se puso a limpiar la ceniza de la chimenea como si fuera lo más importante que tenía que hacer en esos momentos.

Luego se dirigió a Faustino, creo que a ti te van muy bien las cosas desde que te has dedicado a los negocios, que por cierto las malas lenguas dicen que no son muy claros. Faustino enrojece de ira, pero al no haber continuación de los allí presentes bajó la cabeza frotándose las manos, dando  a entender que no le importaba lo que se dijera de él, sin dudas sabía que era un hombre sin escrúpulos.

Ahora mi hermano se queda mirando por unos instantes a Samuel, yo observo era un hombre enjuto con la tez anacarada y nariz transparente dando el aspecto de quien no se puede confiar, sus largas manos blancas comenzaron a moverse sin control.

Enseguida le llegaba el turno a José, poco hablador, insulso, y de aspecto tosco con el cual nunca se podía mantener una conversación, hasta el extremo que ninguno quería estar con él.

Pero mi hermano cómo los convocó, pues  para mí a cada momento que pasaba  junto a ellos era una incógnita que no acababa de entender.

Yo soy Fernando creo que aun no me he presentado, soy en que menos pega en esta insulsa reunió, pues nunca subí a la cumbre al padecer de vértigo, pero me entretenía en un pequeño laboratorio que mi padre hizo para mí en la pequeña buhardilla donde pasaba muchas horas investigando la fauna y flora que me ofrecía con generosidad el entorno.

Llevo una vida tranquila, pues soy profesor en la Universidad de Cáceres, mi mujer también profesora  y juntos conjugamos un perfecto tándem.

Es la hora de comer y mi hermano nos convoca al comedor y todos acudimos atraídos por el aroma que desprendía la comida, con asombro veo que cada uno tenia su nombre donde sentarse, este detalle les hace gracia a todos menos a mí que conociendo a mi hermano este detalle me inquieta.

La cena fue exquisita, el venado en su punto de cocción, el vino excelente, pero el postre… de eso hablaré más tarde, no creo que ahora voy a decir lo que pienso del licor que dio a los comensales a probar de color rosado que yo no probé pues me hizo recordar mis experimentos en la buhardilla, recuerdo que con un poco que destilé de una de las flores me salió un liquido de ese mismo color, y que me cargué mis únicas dos cobayas que tenía cuando se las di a probar.

Un presentimiento me hizo estremecer ¿de dónde había sacado mi hermano ese líquido rosado que yo no había probado?

Me levanto de la mesa y voy enloquecido a mi pequeño laboratorio, miro con ansiedad, pero no veo nada anormal, de pronto una mano dura como el hierro se posa en mi hombro asustándome.

Era mi hermano que con voz solemne me dijo, te necesito abajo.

Después de unos momentos de charla insulsa, Faustino comenzó a sentirse mal, la culpa la tenía la ingesta que había sido excesiva al estar bien condimentado el venado, casi arrastrando mi hermano y yo lo llevamos a una habitación que curiosamente estaba preparada para si se indisponía algún invitado.

Poco después recogemos la bajilla, y nos sentamos alrededor de la cálida chimenea, con una copa de coñac en la mano, de pronto la mano de Samuel comenzó a temblar hasta derramar la copa, le ayudo a recostarse en el sillón, al instante se quedó dormido, a nadie nos sorprendió después de una ingesta copiosa.

De pronto Samuel comenzó a babear cómo si hubiera bebido un vaso con detergente.

Nos miramos mi hermano y yo frente a frente bajo los destellantes chisporroteos  de los troncos quemándose y, como si a mi hermano le hubieran puesto pilas comenzó a hablar, de su boca salían palabras que para mí parecían incoherentes.

CONTINUARÁ...




No hay comentarios :

Publicar un comentario