Nos miramos mi hermano y yo frente a frente bajo los
destellantes chisporroteos de los
troncos quemándose y, como si a mi hermano le hubieran puesto pilas comenzó a
hablar, de su boca salían palabras que para mí eran incoherentes.
Y de repente me pide que le ayude a llevar a Faustino, Samuel, Fernando
y Marcial a la Laguna Grande en el llamado Circo de Gredos; yo me quedo
perplejo, quería que le ayudase a cometer un crimen ¿Qué le pasaba a mi
hermano? ¿Quizás la soledad de la montaña lo había trastornado?
Lo miro aterrado, y su voz ronca me dijo; si no me
ayudas tú también irás con ellos, no
puedo dejar ningún cable suelto. Mis piernas temblaban como dos palillos tanto
que se podía oír el tintineo de mis huesos como se puede oír la cola de una
serpiente cascabel dispuesta a atacar.
Caigo desplomado en un sillón, siento que no tengo fuerzas
para levantarme, mientras mi hermano con gran agilidad mete a Samuel en un saco
de plástico que tenía dispuesto para el caso, unas lágrimas acusadoras resbalan
por mis mejillas al ver cómo mi hermano cogiendo otro saco mete en él el cuerpo
de Faustino, nunca imaginé que pudiera tener tanta fuerza para mover los
cuerpos inertes hasta poder meterlos en una furgoneta que tenía dispuesta para el
evento, mi hermano me mira, y su mirada me dice, había que hacerlo, se sienta a
mi lado mientras la chimenea se hacía cargo de que desapareciera la
documentación de todos ellos.
Ellos fueron—dijo de sopetón—los que mataron a nuestros
padres mientras una tarde admiraban la gruta Verde, porque sí, allí murieron
asesinados por estos delincuentes, les golpearon sin piedad en la cabeza
haciéndoles caer al agua que al estar aturdidos no pudieron defenderse y se
ahogaron
¿Pero cómo puedes saber si tu no te encontrabas allí?
Te equivocas yo me encontraba en una esquina de en un
saliente granítico filmando con mi cámara a nuestros
padres, sin pensar que para ellos sería el último día de sus vidas; que yo al ver lo ocurrido
acudí precipitadamente, buceé hasta lo más profundo del lago, pero ya era tarde se los había tragado el
agua. En esos momentos y al no encontrar los cadáveres guardé la cinta, y prometí que me
vengaría.
Y fue cuando vi desde mi desolación cómo con algarabía todos estos
delincuentes festejaban lo que acababan de hacer, pues mientras yo corría a socorrerlos no pude ver cómo uno de
ellos, con una pértiga los hundió hasta el fondo, aterrado esperé a que ellos
se fueran, pero no pude hacer nada una de las pozas se los había tragado.
Sí, pero Juan no ha venido a la cena, no te preocupes le
tengo una sorpresa.
Y ¿Cómo se te ocurrió lo de hacer un licor con flores altamente
venenosas?
Pues por unos apuntes que encontré en tu escritorio y cómo no
importaba si me confundía o no, me lancé y, de esa mezcolanza salió lo que yo
deseaba.
Poco después, sacando fuerzas de flaquezas ayudé a mi hermano
con el coche fúnebre hasta su destino, pues estos salvajes iban a pagar por sus
crímenes.
No entiendo bien cómo sentí una gran paz espiritual
cuando vi cómo los cuerpos se hundían
lentamente hasta desaparecer en el fondo de la laguna Grande del Circo de
Gredos.
Más tarde y frente a la chimenea tomamos una taza de café, y
extrañados pudimos ver cómo un ramillete de cuernecillos azules lucía encima
del piano, los troncos en la chimenea se
consumían lentamente, una puerta de una de las alcobas se cierra de golpe, mi
hermano me mira complacido.
Entonces ocurrió algo sin causa explicable, noté cómo en el silencio
la montaña parecía cómo si se cubriese el espacio con una espesa capa de nieve mientras mi
hermano cerraba la casa con llave, y antes de que llegáramos a nuestro coche al mirar la casa como despedido pudimos ver desaparecer todo aquel entorno junto con la chimenea
encendida he impoluta sin una brizna de ceniza
FIN


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