martes, 18 de agosto de 2026

Fin del relato La Nieves de GREDOS

Nos miramos mi hermano y yo frente a frente bajo los destellantes chisporroteos  de los troncos quemándose y, como si a mi hermano le hubieran puesto pilas comenzó a hablar, de su boca salían palabras que para mí eran incoherentes.

Y de repente me pide que le ayude a llevar a Faustino, Samuel, Fernando y Marcial a la Laguna Grande en el llamado Circo de Gredos; yo me quedo perplejo, quería que le ayudase a cometer un crimen ¿Qué le pasaba a mi hermano? ¿Quizás la soledad de la montaña lo había trastornado?

Lo miro aterrado, y su voz ronca me dijo; si no me ayudas  tú también irás con ellos, no puedo dejar ningún cable suelto. Mis piernas temblaban como dos palillos tanto que se podía oír el tintineo de mis huesos como se puede oír la cola de una serpiente cascabel dispuesta a atacar.

Caigo desplomado en un sillón, siento que no tengo fuerzas para levantarme, mientras mi hermano con gran agilidad mete a Samuel en un saco de plástico que tenía dispuesto para el caso, unas lágrimas acusadoras resbalan por mis mejillas al ver cómo mi hermano cogiendo otro saco mete en él el cuerpo de Faustino, nunca imaginé que pudiera tener tanta fuerza para mover los cuerpos inertes hasta poder meterlos en una furgoneta que tenía dispuesta para el evento, mi hermano me mira, y su mirada me dice, había que hacerlo, se sienta a mi lado mientras la chimenea se hacía cargo de que desapareciera la documentación de todos ellos.

Ellos fueron—dijo de sopetón—los que mataron a nuestros padres mientras una tarde admiraban la gruta Verde, porque sí, allí murieron asesinados por estos delincuentes, les golpearon sin piedad en la cabeza haciéndoles caer al agua que al estar aturdidos no pudieron defenderse y se ahogaron

¿Pero cómo puedes saber si tu no te encontrabas allí?

Te equivocas yo me encontraba en una esquina de en un saliente granítico filmando con mi cámara a nuestros padres, sin pensar que para ellos sería el último día de sus vidas; que yo al ver lo ocurrido acudí precipitadamente, buceé hasta lo más profundo del lago, pero ya era tarde se los había tragado el agua. En esos momentos y al no encontrar los cadáveres guardé la cinta, y prometí que me vengaría.

Y fue cuando vi desde mi desolación cómo con algarabía todos estos delincuentes festejaban lo que acababan de hacer, pues mientras yo corría a socorrerlos no pude ver cómo  uno de ellos, con una pértiga los hundió hasta el fondo, aterrado esperé a que ellos se fueran, pero no pude hacer nada una de las pozas se los había tragado.

Sí, pero Juan no ha venido a la cena, no te preocupes le tengo una sorpresa.

Y ¿Cómo se te ocurrió lo de hacer un  licor con flores altamente venenosas?

Pues por unos apuntes que encontré en tu escritorio y cómo no importaba si me confundía o no, me lancé y, de esa mezcolanza  salió lo que yo deseaba.

Poco después, sacando fuerzas de flaquezas ayudé a mi hermano con el coche fúnebre hasta su destino, pues estos salvajes iban a pagar por sus crímenes.

No entiendo bien cómo sentí una gran paz espiritual cuando  vi cómo los cuerpos se hundían lentamente hasta desaparecer en el fondo de la laguna Grande del Circo de Gredos.

Más tarde y frente a la chimenea tomamos una taza de café, y extrañados pudimos ver cómo un ramillete de cuernecillos azules lucía encima del piano, los troncos en la chimenea  se consumían lentamente, una puerta de una de las alcobas se cierra de golpe, mi hermano me mira complacido.

Entonces ocurrió algo sin causa explicable, noté cómo en el silencio la montaña parecía cómo si se cubriese el espacio con una espesa capa de nieve mientras mi hermano cerraba la casa con llave, y antes de que llegáramos a nuestro coche al mirar la casa como despedido pudimos ver desaparecer todo aquel entorno junto con la chimenea encendida he impoluta sin una brizna de ceniza

FIN

 

 

 

 




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