viernes, 21 de agosto de 2020

Un agente llamado Scott

Queridos amigos y amigas, ya se encuentra a la venta en Amazon mi última novela  Un agente llamado Scott, una novela policíaca con mucha intriga.
Como siempre esta escrita con mucho amor,  y para disfrute de los lectores.
Espero que sea de vuestro agrado,  tanto cómo lo fue Todo comenzó en Mielec, que se sigue vendiendo muy bien.
Solo espero no defraudaros con mi temática de intriga mezclada de historia.
Un saludo para todos, y gracias por estar ahí. 
Calerina.



miércoles, 12 de agosto de 2020

Abta Playa

Esta tarde calurosa de Agosto la estoy llevando fatal, al aire acondicionado le ha dado por no funcionar, mi cuarto de estar parece un horno, ya es mala pata, no quiero ni mirar el termómetro, no por nada especial, pero si miro la temperatura, seguro que sin pensar me voy a la piscina que tengo frente a mi casa para no salir del agua hasta que los dedos de las manos se asemejen a los garbanzos en remojo.

Pero como la piscina por la tarde no parece que me gusta mucho, ya que la dedico a la lectura, se me ha ocurrido que quizás os guste escuchar unos relatos que han surgido repasando unos apuntes que tengo de mi última novela, que está basada en el antiguo Egipto, un país que me tiene fascinada.

Esto que os voy a contar no lo puse en mi novela, pues no quise que ésta fuera demasiado extensa.

En mis manos tengo una nota sobre Stonehenge, sí, un monumento megalítico que como sabéis se encuentra en Inglaterra. De este monumento se habla mucho, unos dicen que fue un templo desde donde se hacía que llegaran las plegarias al firmamento.

 Pero os voy a revelar algo que yo misma he descubierto estas noches de lluvias de estrellas, o noches de San Lorenzo.

Anoche, y cuando observaba con interés el cielo, vi, después de haber estado unos cuantos minutos de observación, cómo las estrellas parecían nerviosas, pues se movían con rapidez, pero como no estaba segura  de lo que estaba viendo, recurrí a unos prismáticos, entonces creí ver que estas estrellas me hacían guiños, que jugueteaban con alegría como  niños en el patio del colegio.

 Os aseguro que es emocionante, pues parecían contestar a mi curiosidad.

Estos movimientos con los que me obsequiaban las estrellas me daba la sensación que estaba muy cerca de ellas.

Bueno, ahora ya me voy a lo que en un principio os he querido narrar.

Hablaba de un monumento megalítico de los que dicen los expertos, entre otras cosas,  que puede que fueran monumentos funerarios, o templos dedicados a alguna deidad.

Ahora ya me voy a Egipto a Abta Playa, que se encuentra situada en el desierto de Nubia a unos 800 k. al sur del Cairo, unos de los lugares más misteriosos de Egipto, y de los que nadie habla, pues lo que allí ocurrió hace nada menos que 10.000 Años a C, es inenarrable según cuentan  unos papiros encontrados casi a ras del suelo por unos masáis.

Entre el año 6.100 y 5.800 a C en Abta Playa, ya se encontraban construcciones líticas conocidas con el nombre de “Cromleh” siendo el más importante de forma ovalada, de un diámetro de 5 metros aproximadamente, y de unos 1000 años anteriores al de Stonehenge.

Este monumento egipcio  consta de treinta piedras dispuestas en círculo en cuyo interior hay otras seis piedras.

Cuentan que cuando fue descubierta esta construcción, y cuando sus descubridores osaron entrar en el recinto, vieron con estupor cómo unas piedras tenían forma de puertas que parecían dar acceso a un calendario, que señalaba el solsticio. También se encontraron otras tres piedras que formaban claramente el cinturón de Orión.

Pero cuando estos masáis se hallaban dentro de este recinto sagrado, ocurrió algo imprevisto, pues estos hombres vivieron uno de los fenómenos más extraños y, extraordinarios jamás ocurridos en la tierra.

De repente el cielo se iluminó, de tal manera que los cegó, mientras podían oír una voz que era tan profunda  que también los dejó sordos, era la diosa Hator la protectora de aquellas regiones desérticas.

Poco después de aquel suceso y cuando encontraron a aquellos masáis desorientados por lo que les había acontecido, muchos curiosos se acercaron para contemplar aquellas piedras que parecían desprender rayos bajados del cielo.

Pero pronto aquel descubrimiento cayó en el olvido, hasta no hace mucho tiempo que a alguien se le ocurrió narrar como leyenda, cómo unos hombres vieron que se desprendían del cielo destellos luminosos que se posaban en aquellas piedras.

 Pero sólo aquellos hombres que lo descubrieron, sabían que cada noche,  en el solsticio, y cuando el cinturón de Orión aparece en el firmamento,   un fenómeno extraño se posa encima de aquel monumento mientras éste parece transformarse en una gran catedral, que  en pleno fulgor, absorbe las estrellas, dejando el firmamento  por unos momentos  tan oscuro y tétrico  como si la bóveda celestial fuera una  plancha de hierro.

¿Pero acaso no es esta plancha dura y negra no es la que nos protege del mundo exterior?

 




miércoles, 5 de agosto de 2020

Las ninfas nunca son lo que creemos

Cuando me encontraba leyendo un artículo de una escritora, que admiro por su sencillez en la exposición de las palabras y,  que al mismo tiempo se perfila con claridad lo que nos quiere decir.
No es que me hiciera reflexionar sobre los llamados “Mediocres” sino que alimentó mi meditada teoría sobre ellos. Pues es sabido que muchos triunfan por sólo tener buena facha, otros por ostentar eso que llaman “pico de oro” y, que con estas atribuciones arrasan cuanto tienen a su paso, bueno lo de arrasar es un decir, porque sus patrañas, sólo pueden ser creídas por aquellos que les hubiera gustado ser cómo ellos, cómo la de triunfar gratuitamente sin hacer esfuerzo alguno.
La hipocresía, ahora es lo que se lleva, no hay que olvidar de que siempre estuvo ahí, pero ahora parece estar de moda. El talento ya es de tiempos pasados, por lo tanto no se le da valor, y digo esto, porque ni en estos momentos cruciales en la que nos  encontramos inmersos, nadie da valor a esos abnegados científicos que en ningún momento, ni cuando los necesitamos, les damos importancia, sin ser capaces de admitir que con sus sacrificios, sapiencias y,  peligrosidad a la que están expuestos,  es  en ellos  donde erradica nuestra salud.
Pero eso al parecer esto, es cosa de retrógradas, ahora lo que se lleva, es tener toda la libertad posible, para que con esa libertad, que no es otra que, hacer lo que nos venga en ganas, porque se sabe que  esto tiene un premio, que son los aplausos que reciben  de  las pandillas de descerebrados, sobre todo si con su mala acción han jodido la vida a unos cuantos.
En este artículo, también menciona la palabra “verdad” otra  de las que han caído en desuso, y no digamos la lealtad, el respeto al ser humano, todo esto parece que estaba vigente cuando reinaba Carolo, que por cierto no tienen ni idea de la época de cuando reinó.
Ahora lo que más repercusión  tiene, es Internet, pues en sus páginas se publican con descaro toda clase de noticias, sean ciertas, o no, pues casi siempre son inventadas por unos llamados periodistas, que al no haber aprendido bien las reglas que dicta su profesión, se regodean en escribir artículos con la intención de esparcir a los cuatro vientos semillas que sólo germinan inquietudes  y desasosiegos a los lectores, al no saber éstos discernir si la noticia ha sido constatada.
Pero espero,  que pronto ha de llegar el día en que todo se ponga en su verdadero sitio, respetando el orden, que sin él, todo se convierte en un caos.
Y que puedan salir a la luz sin miedo,  todos estos talentos para que se les pueda ayudar, y que no se pierdan  por no tener medios para poder desarrollar su potencial, y dejar de un lado la ironía estúpida de ser llamados “raritos”.
Se lo que digo, puede parecer absurdo,  pero en estos tiempos en que nos ha tocado vivir, y con pena de mi corazón, que, sólo se piense que para triunfar todo vale, menos romperse la espalda en una preparación que sólo tiene una finalidad, que es la de que nos beneficiemos todos.
Pero, después de la tempestad viene la calma, pues yo espero que para el próximo verano “Que vendrá” podamos embadurnar con esa arena pegajosa mezclada con la crema protectora, pero nos va a sentar a todos  tan bien cómo” Un maná caído del cielo”

Feliz verano, y que sepáis sacar todo lo bueno que nos trae cada minuto.



domingo, 26 de julio de 2020

Los parámetros cambian


Recuerdo que siempre fui una niña  curiosa, hasta el punto de tener como entretenimiento mirar la hora que cada vecino del barrio llegaba a su casa, era simplemente una curiosidad que se me había ocurrido después de haber visto una película muy famosa que se proyectaba en casi todos los cines de las ciudades españolas, titulada, La ventana indiscreta, no recuerdo cómo llegué a verla, pero me apeteció imitar a aquel personaje que por el mero hecho de mirar por su ventana se encontró envuelto en una siniestra situación.
Claro que por supuesto yo, solo acodaba mis brazos a la espera que pudiera aparecer algún vecino que me pareciera sospechoso, y que fuera tan terrible en su proceder que con solo tenerlo bajo vigilancia pudiera cambiar mi vida, una vida que por supuesta se encontraba repleta de fantasías juveniles.
No es que me encontrara ociosa, era verano y ya había guardado mi madre los libros que debíamos leer cuando nos fuéramos al campo, pues mi familia nunca tuvo por   costumbre ir a la playa, por lo tanto nos conformábamos en pasar unos días en el campo en una casona de una finca propiedad de una prima de mi madre, que nos la cedía siempre en agosto, que según mi madre era para que se  la limpiáramos de telarañas.
Pero eso no tenía importancia para nosotros, que éramos siete hermanos, que nada más llegar al campo nos volvíamos salvajes, corriendo entre aquellos olivares, éramos siete pero siempre había algún que otro agregado que mi madre al enterarse que se quedaba solo sin amigos, nos lo llevábamos con nosotros, sin dudas cada día era una fiesta.
La finca en sí no se encontraba muy lejos de Cáceres, pero mi padre arrendaba una camioneta en la cual en la caja viajábamos todos los niños junto con Antonia, una mujer que ayudaba a mi madre en las tareas de la casa, y las viandas para los días que íbamos a estar allí.
Sin dudas el viaje era lo más divertido de aquel “veraneo” pues no cesábamos de cantar y aplaudir cuando adelantábamos a todos los labriegos que menos afortunados caminaban al lado de sus borricos.
Ahora me encuentro recordando este pasaje de mi vida, cuando me veo bajo el influjo mortífero de un virus. En aquella época de esos veranos, la realidad es que no sabíamos valorar la palabra libertad, pues podíamos jugar con cualquier niño sin preguntar quién era, nos reuníamos la familia, para comer, los niños en el campo nos acostábamos todos juntos en las camas sin temor a que pudiera pasarnos algo malo, los mayores, recuerdo que tengo en mi memoria que después de cada cena y en la amplia terraza que precedía a la casona del campo, se hacían tertulias interminables al no tener que trabajar al día siguiente, todo era hermandad, nadie interponía su mano para que no te acercaras demasiado.
Ahora sigo como antes, asomada a la ventana, pero en unas extrañas circunstancias en la que nos vemos envueltos, pues hoy me invade la sensación de angustia al ver la calle desierta, y no poder escuchar  aquellos chirridos de pasos que para mí eran un detonante que despertaban mi fantasía,  pues en esos pasos esperaba que me trajeran algo interesante que yo aderezaría con mi fantasía.
Pero todo esto, ha dejado de existir, solo queda la desconfianza de no saber si con la persona que hablas está infectada.
Por supuesto lo escribo en verano, un verano que he tardado en ir a la piscina, pues el miedo es libre, tampoco me atrevo a ir a la playa por si hay otro confinamiento y me tenga apartada de mis seres queridos.
La piscina es algo que no tenía previsto integrar este año  en mi calendario estival, pues, mi mente se debate entre vivir la vida en libertad, o quedarme en casa, pero como el calor aprieta, y al parecer es un poquito más de lo normal, me armo de valor y me voy a la piscina, pero cuando entro en el recinto de bañistas, siento una gran decepción, pues a veces me encuentro sola disfrutando de ese fabuloso regalo que es el de zambullirme en una piscina  impecable.
¿Dónde está la gente? Me pregunto.
¿Existe tanto miedo como para no desear refrescarse?
Yo he perdido el miedo, aunque al llegar a casa y, por precaución tenga que ducharme como si hubiera estado participando en una maratón.
Y de nuevo me veo  con los codas apoyaos en el alfeizar de mi ventana, esperando ver pasar a alguien que haga despertar de nuevo mi calenturienta imaginación, pero que al mismo tiempo me haga olvidar esta nefasta historia que nos ha tocado vivir.

Pero no olvidemos que cada día sale el sol para alumbrar nuestro camino.



sábado, 18 de julio de 2020

El misterio del desierto

nos encontrábamos, al mirar vimos que la altura de aquel personaje parecía considerable, este detalle nos sorprendió aún más cuando con voz queda nos llamó, por el timbre de voz extraña supimos que pertenecía a un hombre incorpóreo, no obstante nos acercamos aterrados y, sin  articular ninguna palabra, nos ofrece la llave del calabozo para que huyésemos del lugar.
En la huida, noté que el pecho se me inflamaba  por la agitación, tanto que mojó mi cuerpo con un sudor frío
Ya en la calle buscamos con desesperación unos camellos para poder salir de allí, pero alguien de nuevo se acerca a nosotros con sigilo; sus facciones eran duras, sus ojos miraban con una dureza cual roca en medio de un río caudaloso. Una amarga sensación de impotencia me volvió a embargar en esos momentos, mientras aquel espectro nos invitaba a seguirlo.
Asombrados y temerosos, mi guía y yo lo seguimos, pues nos parecía estar inmersos en una pesadilla aquel espectro nos condujo a una casa escavada en la cima de una roca.
 Subimos hasta ella escalando por una cuerda que parecía estar preparada para el evento; una vez, dentro de la casa, nos contó una leyenda que sin dudas contribuía a dar un aura mágica a esta ciudad desconocida,  y donde los colores de las rocas se mezclan con amarillos claros, blancos, rosa y rojos de distintas intensidades que son alternadas con azules.
 Yo escuchaba con atención  todo lo que ocurría a mi alrededor, era demasiado maravilloso para ser real; pero sabía que en el ambiente se respiraba algo extraño, algo que casi se podía tocar pero no se podía ver. 
Aquel ser nos contó  que nos encontrábamos el valle mágico de Moisés.
También nos dijo, que la tradición local situaba a aquella ciudad en el paraje bíblico en el que Moisés hizo brotar agua de una roca tocándola con su bastón y, también nos aseguró que ese milagro había sucedido en el angosto  desfiladero por donde habíamos pasado. 
La emoción me seco mi ardiente garganta. De repente un terrible rugido se apodera de la ciudad, mientras el viento se vuelve virulento levantando la arena dorada hasta hacer el entorno invisible, los camellos ante esta tempestad salen en estampida: de pronto, un siniestro movimiento sísmico hizo temblar la tierra.
La noche se tornó negra como una mancha de tinta, mientras, por el ventanuco de la casa donde nos encontrábamos, seguía filtrándose una claridad que parecía de otro mundo, amarillenta y fluctuante.
Una voz ronca se deja oír como si saliera  de ultratumba pues era  lastimera. 
De nuevo alguien nos pide que le sigamos.  La roca donde está enclavada la casa empieza a desmoronarse como si fuera una torre de naipes, la arena  poderosa se hace dueña de la ciudad como queriendo engullirla, ya no se oyen los relinchos de los camellos, entonces supimos que aquel ser que nos acompañaba era el dueño de aquella casa, sus ojos negros y profundos nos miraban con dulzura.  Al instante,  el cuerpo de aquel ser se transforma  en un pájaro enorme, negro, con grandes garras, que, posándose en el alfeizar de la ventana, emprende el vuelo en solitario, en su vuelo va rozando con sus alas las muchas tumbas escavadas en las rocas, que  abren sus puertas, para que pudieran escapar del desastre  aquellas almas benditas que siempre guardaron la ciudad.
Más tarde todo es silencio; ya no queda nada más que la soledad.,
En unos minutos la ciudad se quedó suspendida en el tiempo, dormida, quizás esperando la llegada de un príncipe  que al darle un beso de amor la despertara.
Un halo de color blanco intenso salió de la tumba de Aarón (hermano de Moisés), pues era él el ángel custodio que siempre cuidó de esta ciudad, con celo.
Yo, no supe cómo pero me quedé allí para la eternidad, fue mi destino, porque  allí, entre las arenas coloreadas por la naturaleza, me quedé dormido, supongo que esperando con ansiedad que llegara el día de mi despertar.
 Ahora me veo desde mi espíritu, que me encuentro en el más allá, y viendo cómo la leyenda se cumplió, de esta ciudad perdida, que siempre estuvo llena de hermosura, y que un día despertó para la humanidad, de la mano de una explorador,  que desconociendo lo que le tenía reservado el destino al descubrirla se quedó allí, enterrado en la arena, dando testimonio de su existencia-
Para más tarde alguien la llamara simplemente  PETRA.
 El nombre de una cácereña, que hizo de esta su obsesión la manifestación de una realidad sustancial.

FINAL






lunes, 13 de julio de 2020

El misterio del desierto 1º parte

Un rayo de luz atravesaba las cortinas de la ventana de mi despacho, el reloj señalaba las siete de la tarde. Era un atardecer del otoño cacereño, y me encontraba trabajando en unos papiros, de lenguas antiguas, leyendo uno de estos documentos, noté por primera vez que me había despertado la imaginación,  haciendo nacer en mí un torrente de desenfrenadas ilusiones, porque a medida que iba descifrando esos documentos en papiros con escritura cuneiforme, sentí que me invadió el ansia incontrolable de pisar aquellas tierras que sin motivo aparente había despertado en mí esas ansias tremendas de explorador.
Después de meditarlo un día por fin, decidí embarcarme en la aventura que, más tarde, sería, la aventura  “de mi vida”. Después de pedir favores a los amigos para que me agilizaran el tan temido y enredoso papeleo de los visados; un mes después, y llena de ilusiones  me adentraba en el corazón del desierto de Síria, vestida a la usanza árabe.
La ruta que desde mi casa  tracé no llego a realizarse al ser imprescindible, según las autoridades sirias  pues era imprescindible desviarse para seguir la ruta de las caravanas que atravesaban el desierto de Sinaí.
 En este recorrido siempre estuve acompañada por un guía beduino.
 Recuerdo el día en que lo conocí, después de haber hecho arduas indagaciones sobre él a través de la embajada, donde me dijeron cómo podía encontrarlo, enseguida que lo vi supe que era el hombre ideal para ser mi guía por el desierto.
 Pues sabía que necesitaba a alguien que estuviera acostumbrado a atravesar aquel desierto. Aquel día en que me dirigí hacia su búsqueda una tufo rada de sudor rancio y desagradable me llevó ante una cabaña donde lo encontré sentado, el hombre parecía estar inmerso en una suerte de trance, pues se podía apreciar cómo cabeceaba repetidas veces, su aspecto era sombrío parecía estar inmerso en la nostalgia, cuando levantó la mirada ésta aparentaba tener una fijeza caso fósil, pero al oír mi propuesta  su semblante cambió, tanto que hizo brotar de sus arrugados labios, una tenue sonrisa.
 Habían pasado ya cuatro días del comienzo de mi aventura y, se mostraba una tarde de otoño melancólico,  yo me encontraba en medio de un desierto ardiente, ante esta observación me pareció gracioso cuando pensé que en mi Extremadura ya se estaba preparando con increíble solemnidad el adagio del invierno.
El hombre sin moverse de dónde se encontraba sentado me dijo,
  ¿Está segura de querer atravesar el desierto de Wadi Araba?
Si conteste con seguridad. Después de debatir cual sería el itinerario a seguir según su criterio, quedamos  en vernos una vez tuviera todo lo necesario para el viaje.
 Dos días después me presenté de nuevo en su cabaña, pero el hombre no estaba, miré por los alrededores y seguía sin dar señales de vida, en aquellos momentos, me vi perdida y sin saber a quién acudir,  pues de aquel guía me habían informado que era el más adecuado para hacer aquel viaje.
Abatida por el desengaño, y al pensar en tantas y tantas noches que había pasado en vela dando forma a mi sueño.  Cuando las manos se me bañaron con un sudor trémulo, apareció tras de mí un hombre, era diminuto, de piel oscura  y, rostro difícilmente que difícilmente podía olvidar, el pelo rizado y ojos profundos, parecían dos charcos profundos y oscuros, que al dirigirme a él me sonrió.
Más tarde supe que era uno de esos hombre que nunca quiso saber del mundo exterior al estar inmerso en los libros dónde intentaba sin tener éxito descifrar los antiguos misterios que esconde lo largo de la historia.
 Pues siempre creyó que aquellas páginas viejas y amarillentas les podían revelar algún secreto, y por ese motivo se encontraba allí, necesitaba acceder a un supuesto poder que intuía se encontraba encerrado en alguna parte de Siria, en su mano, una Biblia, un libro que en el cual se  transmiten los antiguos misterios que han ido acaeciendo a lo largo de la historia.
Una vez nos pusimos de acuerdo, emprendimos la marcha adentrándonos por profundos desfiladeros que se hallaban cubiertos de espesa vegetación, y donde el sendero juguetón  serpenteaba entre dos altas y estrechas paredes de roca de un bello color tornasolado.
Mi corazón latía con tal fuerza que tuve que beber agua para apaciguarlo.
El espectáculo que apareció ante mis ojos era grandioso. Y seguí mi camino con mi nuevo guía beduino, entonces nos dirigimos hacia un camino que resultó ser largo y fatigoso. El calor se hacía cada vez más agobiante, pero me tranquilizó saber que aún teníamos agua suficiente para dos jornadas.
Anduvimos  largo rato por una senda estrecha y profunda desde donde costaba ver el cielo. A veces, cuando alzaba la mirada hacia él, solo conseguía ver una hebra de hilo a lo alto de un color azul intenso.
De repente,  nuestro apacible caminar se interrumpe, rompiéndose el silencio del desierto, pues un murmullo de voces y fuertes pisadas de camellos hacen temblar la arena cálida del suelo. Nos miramos parecían acercarse; pero el camino donde nos encontrábamos  era tan estrecho que nos parecía  imposible refugiarnos al no haber ningún recodo donde escondernos.
El guía, me miró sin decir nada,  pero por la expresión de su cara vi reflejado una mezcla de agitación y terror. De repente, y tras una curva aparecieron,  como si se tratara de  fantasmas, cinco jinetes que galopan veloces montados en sus camellos, entonces me di cuenta de que todo lo que estaba viviendo no era un sueño, sino una realidad palpable.
Un grito ahogado me sobresaltó al hacerse un extraño eco en el inmenso desierto. Cuando los jinetes llegaron a nuestra altura, se dirigieron a mi guía beduino.
 Eran hombres vestidos de negro al estilo Tuareg, con turbante que solo dejaban ver sus ojos de color azabache, dándonos  a entender que yo no podía seguir por ese camino, al ser éste sagrado. Después de una intensa negociación por ambas partes, mi guía les convence de  que yo sólo era una exploradora, y nos dejaron pasar por aquél desfiladero pero siempre escoltados por cinco hombres.
Así anduvimos una hora bajo el sol abrasador y ya, en el último recodo del camino, ante mis atónitos ojos, apareció una visión extraordinaria e imborrable: Allí estaba esculpida, en aquella masa de arenisca rosada, una majestuosa fachada.
 Sobrecogido ahogué en mi garganta una exclamación de asombro.
Nos adentramos y, al caminar por las calles pude percibir un aire misterioso y  lleno de silencio que por el sólo hecho de generar un sonido fuerte, podía ofender a sus callados moradores…
Nos encontrábamos  en una ciudad en donde se hallaban esculpidas y finamente talladas en las rocas unas tumbas que pertenecieron a los Edomitas, estas piedras  exhibían maravillosos capiteles, puertas y ventanas, que hábilmente flanqueaban la masa arenisca del camino.
El sol, con su luz, ya empezaba a tomar suaves tonalidades, envolviendo el cielo con un manto dorado.
Yo, una cacereña, y poseída por la locura de explorar sitios místicos y milenarios, acababa de descubrir la misteriosa ciudad perdida de la que había oído hablar durante mis viajes por Oriente.
 Mi estupor se trucó en regocijo al adentrarme por una de aquellas calles  milenarias y dormidas. Los cinco nabateos inexplicablemente al llegar a una plaza nos detuvieron, dos días con sus dos noches en un lúgubre calabozo. Al tercer día de nuestro encierro, y cuando hacía una noche de calor insoportable, alguien se acercó al ventanuco donde 

Seguirá



sábado, 20 de junio de 2020

Conspiración desde las sombras

Aquella noche que pase a solas en mi despacho sólo pensaba en que llegara la asistenta y  me abriera la puerta para  poder  salir a la calle y respirar.
Pero esa no era la solución, pues mis pensamientos seguirían haciéndome víctima si tomaba una decisión receptiva al respecto, pues comencé a ser consciente mucho más de lo que cría de lo que estaba pasando.
Había comenzado un movimiento convulsivo generalizado algo que ninguna mente podía haber imaginado en tan solo un mes antes. 
Un golpe certero en el cristal de la ventana, me hizo temblar, aunque sabía que me encontraba en un décimo piso de un edificio inescrutable  
Dos días después no podía dejar de pensar, me encontraba inquieta. ¿Habré incurrido  en el delito de querer  saber hasta  dónde podemos ser llevados con tanta manipulación?

Yo ante tanta inquietud, sólo me queda reflexionar, que es bueno tener miedos para no caer en la indolencia, y estar prevenidas, sobre todo cuando se decide asistir a una celebración--que es la vida-- donde no se conoce a nadie, porque puede que allí junto a ti tomándose un refresco se encuentre el sujeto que pueda cambiar tu vida. 
Cuidado, suelen ser muy caprichosos, y llevan el detonante en su mano.
Pero llegó un día que amaneció como otro cualquiera, parecía tranquilo, las gentes se desplazaban a sus trabajos, pero de pronto apareció una oscuridad plomiza, cubriendo el cielo con una gran plataforma metálica, yo me quedé bloqueada, no veía salida alguna a lo que estaba viendo, quizás me encontraba en uno de esos momentos en que todo lo distorsionada por la gravedad de mis emociones, perdí el conocimiento, y cuando desperté supe que me encontraba en un lugar que nunca pude imaginar, aunque supe que había sobrepasado los límites de mi propia energía interna, sin dudas todo lo que había soñado era realidad.
Ahora lo veía todo mucho más claro.
Todos aquellos que predicaban la dominación del mundo, eran tan ambiciosos que decidieron conquistar otra galaxia.
Se fueron todos pensando que nos dejaban a todos indefensos, pero como siempre que no se piensa con la cabeza, les salió mal, desde que ellos se fueron la felicidad comenzó a reinar, el que trabajaba podía disponer de dinero, y los maleantes no tuvieron más remedio que trabajar porque si no se morirían de hambre.
Las naciones, y sus habitantes comenzaron a ser más felices desde el primer momento en que tuvieron consciencia de que todo ser humano es igual que otro ser humano, solo tiene que comportarse con respeto y amor hacia sus semejantes, y el mundo con estas normas el mundo se vera libre de desaprensivos que solo piensan en oprimir al que creen que es más débil. 

Final