Queridos lectores y amigos:
Debo trabajar en los remates de mi novela así que me vais a permitir un paréntesis y nos vemos después de que pasen estos días tan señalados.
Os dejo con la primera parte de un relato escalofriante.
¡Felices Fiestas!
Teresa
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viernes, 20 de diciembre de 2013
sábado, 9 de noviembre de 2013
Las Dolomitas - 2ª Parte (final)
Al día siguiente, por la mañana, se encontraba relajada y feliz, no dándole importancia a lo ocurrido, pues tan solo creyó que había sido un sueño.
Aquella misma mañana y después del desayuno, la dueña de la cabaña, le comenta que cada día pasaban por delante de su casa, pequeños autobuses para llevar a los turistas al mirador panorámico más famoso del entorno llamado Col di Rossi, situado a 2.280 metros de altitud.
Cuando los turistas incluida ella, llegaron a su destino, Marta, como todos los demás tuvo que coger el funicular que les llevaría a una terraza desde donde el cual se podían admirar las moles y marmoladas, también, desde donde se podía observar aquellas mágicas montaña que, parecía estar mostrando los dedos de una mano.
Marta ante esta observación, siente que le atrae todo aquello de una manera muy especial y, mirándolas fijamente cree que la llama. Ya estaba empezando a anochecer, cuando vio cómo cambiaba de color, tiñendo su mole en rojo intenso. En el silencio de aquel paraje, pudo oír con claridad que alguien pronunciaba su nombre. En esos momentos uno de aquellos dedos pétreos parecían indicarle el camino dónde debía ir, desde aquella altura no podía precisar el lugar exacto, que estaba indicando aquel dedo, pero siguió con la mirada la dirección y, tan solo pudo ver excitada por la emoción, un prado maravilloso poblado de granjas. Pero al instante su cuerpo sintió una sensación que le hizo encontrarse cómo en un continuo vacío, que creyó estaba siendo ocupado por una materia incorpórea que no supo descifrar qué podía ser.
De nuevo pudo escuchar la maravillosa música de Verdi, en aquel silencio, parecía que era ella sola la que la percibía, el aire se empezó a impregnarse con los sones de la ópera NABUCCO ¿pero, porqué toda la montaña se inundaba con aquella sinfonía, de Verdi? Porque tanta música de Verdi en aquella comarca si siempre creyó saber que el genial músico había nacido en el condado de Parma?. ¿No sería algún mensaje relacionado con la conciencia? Pero para qué entender lo que estaba pasando, si ella, tan sólo quería vivir en libertad.
El mundo ese en el que ahora se encontraba viviendo, parecía tener altibajos, porque desde lo alto de aquella terraza desde donde se podía dominar con la vista hasta el infinito, parecía sentir el influjo que le repetía una y otra vez que, allí, era donde se encontraba su destino.
Estas indicaciones extrasensoriales, que en esos momentos parecía estar percibiendo, no encajaban en su modo de pensar; pero de pronto se acordó de su esposo y cuñado; no estaba muy segura, donde ubicarlos en aquella su nueva vida. Ante este pensamiento, sintió una gran destemplanza.
No recordaba dónde conoció a aquel personaje extravagante, ni tampoco cómo pudo desposarse con él .Este episodio de su vida, le pareció desconcertante, le hacía recordar que había estado en sus manos como si fuera un juguete y que ahora por alguna razón del destino se encontraba lejos y, a salvo de aquellos dos hombres que consiguieron arrugar su tersa juventud, con su actitud. Ahora en la lejanía supo que nunca encajó en la casa de aquellos dos hombres que se creyeron ajedrecista, que ignoraban uno de los puntos más esenciales del juego al humilde y callado Peón .
No obstante tuvo la esperanza de que siempre, la verdad acababa abriéndose camino.
Aquella misma noche y de regreso a la cabaña. De nuevo escucha los sonidos de la música de Verdi. En esos instantes empezó a sentir fenómenos paranormales bajo la personalidad del compositor. Ante ella y en aquella habitación, se encontraba un piano, y creyó ver que ante este instrumento se hallaba sentado el gran músico, pues las notas que escuchaba, eran claramente audibles. Marta, ya no sentía miedo, solo escuchaba las notas más bonitas que jamás había oído. Aquella noche, no sintió cansancio, no, cómo cuando esperaba que su esposo y cuñado terminasen aquellas interminables partidas de ajedrez, que esperaba con ansiedad ver terminadas para poder irse a la cama .El músico de repente se acerca a ella y, con suma cortesía le invita a tocar con él a cuatro manos el piano; ella duda, pero el maestro insiste. Unos momentos después las cuatro manos empezaron a acariciar el teclado. Ál instante las teclas del piano empezaron a emitir notas que solo ella supo que servían como una especial forma de comunicación, y, que solo podían ser válidas para el mundo de los espíritus.
Aquella noche Marta, supo que aquel lugar para ella era místico, pues ahora se había convertido en conciencia pura…en sustancia pensante, sintiéndose por unos instantes, inmaterial, como si estuviera suspendida en el vacío de este vasto universo.
De manera que a pesar de que ella siempre se creyó un ser insignificante, en su interior, supo que la sabiduría siempre estuvo fuera del alcance de quienes no eran dignos de ella.
Desde entonces no volvió a sentirse sola ni abandonada, pues ahora sabía que siempre perteneció a esa élite de los elegidos.
Durante muchas noches al acostarse le arrullaron las notas de las mejores arias que escribió Verdi. Mientras las Dolomitas dormitaban para volver a brillar con su color misterioso al atardecer del día siguiente.
Marta, desde el instante en que se adentró por aquellos valles y, sin que ella fuera consciente, formó parte de aquellas rocas que fueron las que le dieron fuerzas para encontrar su destino.
Aquella madrugada en el silencio y, desde lo alto de la montaña, se pudieron oír ladridos lastimosos de perros. Que en su desesperación, parecían añorar, a un insignificante Peón que les supo ganar la partida.
jueves, 31 de octubre de 2013
Las Dolomitas (1ª Parte)
Marta, se encontraba sentada en
el sofá de su salón, mirando fijamente el tablero de ajedrez que se encontraba
encima de una mesita auxiliar, donde cada noche, y desde que contrajo
matrimonio y, como si nada más importante hubiera que hacer en el mundo, su
esposo, junto con su hermano, jugaban cada noche y sin pestañear una partida
que, en algunas ocasiones, se encadenaban una tras otra, aquellas jugadas
podían llegar a prolongarse hasta muy
entrada la noche. Ella, siempre esperaba hasta el término de la partida, para
prepararles un café con unos dulces, para que se les aliviara el desgaste
producido por la partida.
A Marta, lo que más le irritaba
y, que cada día le era más imposible de soportar, era la cara de estúpidos que
ponían al término de esta. Eran tan engreídos y vanidosos, que en realidad
ni tan siquiera se jugaban nada para así
poder hacer más interesante la partida.
Eran los dos tan anodinos, que a
veces desde el silencio y, cuando ella levantaba la mirada del libro que estaba
leyendo para dirigirla hacia el tablero; observaba, que, a ninguno de los dos ellos
que se creían tan listos y tan inteligentes, nunca se les había ocurrido, que,
ante una buena jugada, nunca se debe despreciar al peón, sobre todo, si, lo que
pretendes, es vencer a tu contrincante; el jugador, no puede olvidar jamás
durante la partida, que un peón, bien colocado, puede llegar a tener más poder
que un rey.
Una mañana al levantarse, y
después de desayunar, sintió una extraña sensación de vacío y debilidad en las
piernas; nunca hasta ese momento se había puesto a pensar tan detenidamente en
cómo estaba transcurriendo su vida, esa clase de vida que desde años le estaba
asfixiando.
De repente se dirige al cuarto de
baño, se mira al espejo, y el espejo le devuelve una imagen que le
desconcierta, pues allí, reflejada estaba la cara de una mujer joven,
demacrada, que en torno a sus hermosos ojos; unos ojos que siempre fueron objeto
de admiración, ahora, se mostraban con una aureola de un horrible color
grisáceo.
En unos momentos reacciona; coge
una barra de labios y, se da un toque en aquellos pómulos que lucían níveos
como la misma muerte; pero que al instante con la ayuda de un lápiz labial, se
tornaron de un color sonrosado. Se dirige al armario, toda la ropa que tenía
estaba pasada de moda, elige la que le parece la más adecuada; en unos momentos,
hace el equipaje, ya lo tenía decidido: Desde ese momento, su vida sería otra.
Con la maleta en la mano empezó a
abordarle ese sentimiento absurdo de remordimiento que le hace retroceder unos
pasos, pero reacciona y, sale de aquella casa que nunca supo el por qué, pensó
si en realidad había sido alguna vez suya. Por qué siempre que regresaba de la
calle y, cuando se encontraba en el vestíbulo, le entraba un intenso dolor de
cabeza. Pero aquella mañana, cuando abrió la puerta para salir, quedaba tras
ella, un silencio que tan solo fue roto por el aullido lastimero de un perro
que el viento parecía arrastrar hacia el olvido.
Cuando aquella mañana bajaba los
cinco peldaños que la introducían hacia un destino desconocido,--se dijo,--Soy tan insignificante, que si desaparezco
de la faz de la tierra, nadie preguntará por mí, y el mundo seguirá girando
igual y, no pasará nada.
En el trayecto Cáceres—Madrid, ya
no le atormentó, ninguna duda. Cuando llegó a Barajas, saca un pasaje en
las aerolíneas italianas. Era una necesidad para ella el
poder pasear con la mente despejada por aquellos prados que tanto soñó,
tapizados de bosques y, también poder admirar vertientes salvajes y sentir al
mismo tiempo cómo te crujen las cervicales cuando haces el esfuerzo de querer
alcanzar con la vista, las afiladas crestas de los grupos rocosos que, un día,
no supo cómo se enteró que existían en los Alpes italianos, donde al atardecer
en las montañas rocosas llamadas
Dolomitas, éstas se tiñen de color rosa casi transparente, y otras veces como
si fueran hechizadas quizás , influenciadas por él sol, se tiñen de color rojo.
Marta, cuando llega a Italia,
desde el aeropuerto se traslada en autocar hacia la región de Trentino, desde
allí, en un taxi se dirige a Alto Adagio, donde se hospedaría en una cabaña de
estilo tirolés, según decía
la publicidad y, que se hallaba situada en mitad de un prado de belleza
inigualable, donde ella, previamente
desde el aeropuerto de Fiumicino, había contratado una habitación para
alojarse.
Cuando llega a su destino, ante
sus ojos se extiende un gran valle
salpicado de típicas cabañas tirolesas; tal como decía la información que leyó en el folleto. Cuando
llega a la cabaña que había contratado, se instala en una confortable
habitación, al cerrar pudo ver que grabado en metal en la puerta se encontraba
el número trece. Una vez dentro de la habitación, al cerrar la puerta, no supo
cómo, pero creyó oír, una suave melodía de Verdi, al mismo tiempo, un olor se
extendió por la habitación arropándola como un manto suave y perfumado, que la
envolvió, mientras, creía ser transportada hacia uno de los picos más alto de
las Dolomitas, donde su cuerpo, por unos instantes creyó, se había fundido con
aquella maravillosa marmolada.
............. (continuará....)
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