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lunes, 13 de febrero de 2017

El regalo llamado " La perla de Italia"

Aquel anillo recibido como regalo de bodas era una joya muy especial  pues era de un diseño extraño que le hacía ser especial; era un ópalo de color caramelo casi transparente que se encontraba coronado por brillante. Al verlo el rey, le complació y se lo ofreció a su joven esposa que impresionada  por su belleza no duda en lucirlo al instante. Poco después enfermó falleciendo casi inmediatamente.
Tan sólo se difundió que había contraído una de las enfermedades más extendidas en la época, la temida Tifoidea.
¿Qué fue lo que pasó para que enfermara con tanta rapidez cuando se encontraba paseando en una barca por el estanque del Palacio de Aranjuez?
El rey lloró la muerte de su esposa pero no conseguía olvidar a la condesa, poco después le regaló la joya a su prima María Cristina de Borbón Dos-Sicilias, que inesperadamente muere en una fiesta cuando lucía en su dedo el anillo admirado.
Ni el rey ni la corte, por supuesto sospechaban para nada de que una joya pudiera hacer semejante daño y cuando de nuevo el rey la recuperó, se la regalo a su hermana María Pilar por su cumpleaños, que también fallece inesperadamente cuando lo llevaba puesto en una merienda entre amigas. ¿Cómo se podía imaginar ni sospechar de semejante maldad? En la crónica del fallecimiento de su hermana se dijo que podía haber sido víctima de un extraño mal contraído en uno de sus viajes por África.
A pesar de las desgracias acaecidas en poco tiempo a la familia real, todo parecía seguir su curso normal.
Pasó algún tiempo, el rey se encontraba casado con su segunda esposa María Cristina, cuando encuentra en uno de los cajones de su escritorio un estuche con el anillo, que al verlo, tiene la tentación de ponérselo. Aquel día había una de las sesiones parlamentarias más importantes, pero aquella sesión parlamentaria fue la última que presidió el rey pues enfermó inesperadamente de una enfermedad que nunca se dio a conocer.
Su esposa María Cristina, ya viuda de Alfonso XII, que siempre ignoró el motivo pero nunca le gustó aquella joya, se deshizo de ella encargando un colgante para regalar a la Virgen de la Almudena rompiendo sin saber la maldición que estaba diezmando al reino.
 El Obispo de la Diócesis de  Madrid, lo recibió cómo obsequio de la reina  bendiciendo la joya antes de ponerla a los pies de la Virgen.
Poco después la joya desapareció cuando aún no se le había puesto en el pecho a la virgen, pues descansaba a sus pies para que fuera admirada por sus fieles cómo regalo de la reina de España.
Días después, de la desaparición de aquella joya, en un diario italiano, comunicaba en una breve noticia: “La Condesa de Castiglione había sido hallada muerta en su propio palacio cuando se encontraba sola y olvidada por todos.
Después de haber vivido los últimos veinte años en el subsuelo de una mansión de la plaza Vendóme de París, de la cual se rumoreaba que el palacete se encontraba decorado con cortinas negras.
Tan sólo solía aparecer en la calle de noche, que era cuando salía de su silenciosa mansión, siempre con el rostro cubierto por un velo negro que le cubría medio cuerpo.
Los que desconocían su anterior vida la llamaban “la loca de la Plaza de Vendóme”
No se volvió a dar ninguna otra reseña sobre su muerte a pesar de ser una de las personas más conocidas de Roma y París, pero los que pudieron ver el cadáver no quisieron hacer ninguna declaración al respecto, sólo dijeron que estaban horrorizados.






martes, 31 de enero de 2017

El regalo llamado "La perla de Italia" (2ª parte)

 La información que la condesa pasaba al gobierno piamontés fue esencial para que la casa de Saboya se impusiera en todo el territorio italiano. Así Italia, aprovechando la favorable coyuntura que con sabiduría había urdido la condesa, consiguió recuperar gran parte de los territorios ocupados por los franceses.
Estas informaciones que iban llegando a la corte española, verificando la clase de persona que era la elegida por el rey, puso a los ministros tan nerviosos que, se afanaron con todas sus fuerzas en buscar una candidata para Alfonso que se ajustara a la corte con los cánones requeridos y de acuerdo con la Iglesia Católica. Todo parecía estar a punto de estallar en forma de un tremendo escándalo, los cortesanos no tenían sosiego pensando que si se realizaba esa boda, sin duda sería aprovechado por los antimonárquicos para su beneficio.
Cuando después de varias reuniones, nadie se ponía de acuerdo con las candidatas expuestas encima de la mesa, el ministro Cañizares, sale de la sala de juntas con un tremendo dolor de cabeza.
Pasea por los anchos corredores de palacio como una fiera que acababa de ser apresada, de repente frena sus pasos precipitados, una luz se iluminó en su cerebro, había una candidata perfecta, volvió sobre sus pasos volviendo de nuevo en la sala de juntas.
Y entrando cómo una tromba en la sala, gritó más que dijo:
    ¡Ya la tengo!
Todos lo miraron cómo si hubiera perdido la cordura.
Después de exponer a su candidata Cañizares, habla con Cánovas del Castillo, después de la conversación mantenida entre ambos, sabían que tenían que utilizar todos los medios disponibles para deshacer aquella locura, aunque ya de antemano sabían que iban a tener que utilizar muchas argucias, pues el amor que había despertado en el rey la condesa italiana se había desfigurado, llegando a ser nocivo para su persona al desarrollarse dentro de él como una gangrena, que sin apenas notarlo se había anidado con fuerza, quedando atrapado como una mosca en una telaraña, llegando a olvidar sus  obligaciones como monarca; pues inconscientemente sin meditarlo, se había adentrado por un sendero, que solo le podía conducir por regiones tan limítrofes que le podían llevar a graves consecuencias, hasta podía llegar a descender al mismísimo infierno, porque su amor, era  un amor platónico, pero enfermizo.
 Mientras, en la condesa tan sólo anidaba un amor diferente, era, el mismo amor que siempre sintió por los hombres poderosos, las ansias de poderes materiales.
 El rey se encontraba ajeno a todo lo que no estuviera relacionado con su amada pues seguía viviendo en un sueño.
En esos momentos, en el Parlamento y a puertas cerradas, se pedía con energía que se cumplieran las normas de la constitución.
Habían pasado tres meses del comienzo de los rumores que no gustaba en la corte y aún no habían  concretado nada al respecto y el rey, por supuesto lo desconocía. En una de las ocasiones en la que se encontraba de viaje, es requerido por sus ministros su regreso  con urgencia a España, pues se sabía con toda certeza que se encontraba  haciendo sus habituales visitas a la ciudad romana.
A su regreso es requerido con premura por la junta de gobierno que lo esperaba en la sala de audiencias. El rey sonrió al percibir entre sus colaboradores un gran secretismo y fue cuando sorprendido, recibió la noticia de que todo se hallaba dispuesto para que se desposara con su prima María de las Mercedes de Orleans, una joven de sangre real pero de aspecto débil.
Nunca se supo el por qué el rey aceptó esta proposición de boda sin protestar.
La boda no tardó en celebrarse, en los festejos no se escatimó de nada, pues se prepararon   grandes fastos. Esos días, el pueblo llano de España ardía de felicidad por los contrayentes.
Pero a muchos kilómetros de Madrid, una mujer despechada, una noche de luna llena se adentraba por un bosque en busca de consejo.
Ya había pasado un mes de la boda, cuando el rey recibe un presente, la remitente era Virginia Oldini, condesa de Castiglione. Este presente no fue motivo de alarma para los ministros, pues el rey se le veía contento con su joven esposa. Por lo tanto fue entregado el presente al  rey como uno más de los muchos que aún seguía recibiendo.

El rey lo acepta al saber el nombre del remitente y lo recibe con gran emoción sintiéndose regocijado; pues su ego se creció al pensar que aún era amado por la condesa italiana.

                                                Condesa de Castiglione





domingo, 15 de enero de 2017

El regalo llamado "La perla de Italia"


En uno de sus muchos viajes de ocio y también de trabajo que solía hacer el rey de España Alfonso XII a Italia, encontrándose una tarde disfrutando de la primavera romana junto a la famosa fuente de Trevi, sus pasos se quedaron clavados en suelo empedrado de la plaza. ¿Era realidad? o tan solo eran unos ojos tan bellos que Alfonso tardó en volver a la realidad, se miraron, no pudiendo cruzar ni una sola palabra, pues no se conocían.
Poco después el destino los volvió a unir, fue en una de esas fiestas que se suelen celebrar en las embajadas para agasajar a las personalidades que llegan de visita diplomática al País.
El personaje, en esta ocasión era nada menos que el rey de España, donde el rey coincidió con la bella mujer que vio junto a la fuente de Trevi, sus miradas se cruzaron, el tragó saliva, ella se creció cuando supo que el rey clavaba los ojos en los suyos, pues parecían paralizados.
Uno de los ministros que acompañaban al rey, al observar la forma en la que se miraron, con gesto ceñudo, que pasó inadvertido para ambos, el ministro se acercó y los presentó a él como el rey de España a ella como la condesa de Castiglione, conocida aristócrata en la alta sociedad en Italia por su nacimiento y en Francia por haber sido la amante del emperador Napoleón III.
Inmediatamente los servicios de inteligencia se pusieron en marcha para hacer una investigación, en la cual se supo, que su nombre era Virginia Oldini, nacida en Turín, en el seno de una familia de la nobleza italiana, educada de forma esmerada, hablaba cuatro idiomas y dominaba la música y el baile, lucía una cabellera rubia rizada, frente alta, nariz recta, tez blanca donde destacaban unos vivaces ojos de color verde esmeralda que cambiaban de tonalidad según su ánimo. Pero lo que destacaba en ella, sin duda, era su inteligencia desbordante.
Estos detalles, eran inquietantes para la corte, pero al rey de España, que estuviera divorciada y con un hijo, le pareció poco relevante, sólo creía creer, que  era la más bella que jamás había conocido.
Aquella noche la embajada lucía como nunca antes había lucido, grandes damas exhibían sus mejores vestidos y joyas puesto que la ocasión lo requería.
Después de la consabida presentación, el rey y la condesa bailaron y bebieron como adolescentes hasta la saciedad, constituyendo para el rey el momento más agradable de la jornada, siendo propicio que entre ellos germinase una amistad como para volver a verse.  Pasaron dos meses, antes de que se volvieran a ver. Al rey, la espera se le hizo insoportable.
 Por fin, llegó el ansiado encuentro, era el primero que disfrutarían después de aquella fiesta italiana. Pues Alfonso, tenía que cumplir compromisos ineludibles cómo rey.
Y volvieron a verse el día señalado por los dos, pues ya sabían dónde se encontraban los  sitios más recónditos para así burlar la vigilancia a la que estaban sometidos, en esta ocasión fue también planeado por la condesa, que la burla les salió perfecta dando esquinazo al espía de la corte española. Y así de este modo, nació algo más que amistad, que sin apenas darse cuenta comenzaba a tener visos de indisoluble aquella enfermiza obsesión, hizo que el rey rompiera las estrictas normas de la casa real.
Así pasaron dos años que para los enamorados fueron como un suspiro y para sus ocultos observadores de dudoso final.
Un día y de manera inesperada, en la Corte se filtró la noticia de que el rey deseaba presentar a las Cortes a la que deseaba tener por esposa. Una vez difundida la noticia, sólo se rumoreaba en palacio que no  podía ser posible, los ministros se lamentaba con las manos en la cabeza el primer ministro Cañizares no sabía a qué atenerse, se encontraban en una situación de emergencia, aquella mujer no tenía las virtudes que se necesitaban  para ser reina de España.
Por los contactos que tenían en Italia y en París estaban enterados que había trabajado como espía en Paris a favor de Italia y que hasta había logrado conseguir durante la relación que mantuvo con el emperador Napoleón III a base de mentiras amatorias, que éste, rendido de amor le declarase la guerra a Austria.





viernes, 29 de abril de 2016

El charlatán (2ª parte)



Nada más entrar el tabernero todos le preguntaron  si lo conocía. El tabernero con síntoma de cansancio se dejó caer en una silla y, antes de articular palabra, se tapó la cara porque lo que acababa de ver le pareció que había sido una pesadilla.
Entonces y sin dar  tiempo a que le hicieran más preguntas, las campanas de la Iglesia empezaron a doblar a muertos.
— ¿Estáis oyendo eso? — Dijo el tabernero temblando — No sé si lo vais a creer, pero aquel personaje en unos segundos había desaparecido ante mis narices.
 Entonces acercando la palmatoria a los jóvenes les suplica que le digan el contenido de la carta.
    No es nada que te ataña, aquí dice que hemos sido elegidos para emprender un viaje y eso es todo.
El tabernero incrédulo se retiró hacia la barra con la vela en la mano, en su caminar la luz que irradiaba la vela se convertía en tenues fantasmas.
Aquella tarde no fue para nada tediosa pero, ¿qué les estaba pasando? Aquella noche extraña los amigos no pudieron dormir, el sueño les había dispersado por unos derroteros increíblemente tortuosos. Por la mañana  los tres amigos  se citan en la taberna antes de ir a trabajar, se toman un café y Eufrasio preguntó al tabernero sobre lo sucedido la noche anterior. El tabernero los mira, su mirada expresaba sorpresa, no sabía de qué le hablaban, le enseñan la carta para que recordase.
    ¿Qué queréis que os diga? es una carta, los tres se apartan de la barra para volver a releerla, allí decía explícitamente que tenían que seguir unas normas y que era imprescindible su cumplimiento.
Braulio da un paso atrás, se tapa la boca con las dos manos para no gritar, estaba asustado, cuando pudo hablar les dijo:
     ¿Sabéis en qué idioma está escrito?
Los dos al unísono le arrebatan la carta de las manos, Braulio espera ansioso la reacción de sus amigos, pero consternado observa que en sus rostros no había ningún gesto que delatara sorpresa. Braulio de un tirón se hace con la carta y con ella en la mano dice:
— ¿Estáis seguros de que habéis leído bien la carta?
De nuevo un gesto de incomprensión por parte de los amigos, entonces Braulio empezó a gritar con todas sus fuerzas, este texto está escrito en francés, los dos lo miran cómo si hubiera perdido la cordura.
De pronto el tabernero les sorprende con una pregunta insólita:
    Decidme la verdad ¿qué contiene esa carta que tanto os ha soliviantado?
 Los tres se miran.
            — ¿Y qué nos cuentas tú? ¿Acaso lo has olvidado?
El tabernero los mira cómo si los viera por primera vez.
     ¿Tampoco recuerdas cuando las campanas empezaron a doblar a muertos?
    Creo chicos que hoy estáis un poco alterados, será mejor que no digáis más tonterías.
¿Estarían delirando aquellos jóvenes?
Al día siguiente empezaban las fiestas y ferias de la ciudad, cuando los tres se encontraban deambulando por la plaza mayor  se acercan a un charlatán, que en voz en grito acompañado por un megáfono que se asemejaba a una trompetilla, emitía unos sonidos estridentes para anunciar su mercancía “ahora señora, le ofrezco por el precio de una, dos mantas, qué digo dos, tres, y le añado un estuche que contiene unos preciosos peines del más puro carey igual al que usan las princesas orientales…”.
Los curiosos se apretaban unos contra otros para conseguir estar en primera fila, en aquel tumulto más que personas parecían arenques ahumados que sudorosos olían cómo si estuvieran metidos en una cesta cerrada.
Los tres contemplaban a aquel hombre que irradiaba magnetismo por los cuatro costados mientras vociferaba su mercancía, entre tanta palabrería dejaba entrever  algo parecido a un mensaje que parecía explícito, en el cual decía que había recorrido otros mundos donde aprendió usos y costumbres de pueblos lejanos, para al instante volver a retomar con sus ofertas encandilando a los incautos y a los más avispados.
Solo los tres parecían entender esos mensajes que el charlatán  parecía mandar, ellos lo escuchaban impávidos sin perder una sola sílaba, pues lo que ellos escuchaban no era lo mismo que se oía por el megáfono.

Continuará...




viernes, 25 de marzo de 2016

El Escorial (1ª parte)



Anna es una de esas jóvenes de mundo adentro, esquiva, daba la sensación al mirarla que era de las que parecía feliz con su aislamiento. En la habitación de su casa donde vive desde no hace mucho tiempo, se encuentra a gusto. Todo cambió en su vida cuando leyó una crónica que hablaba Del Bosco, un pintor que desde el primer momento que supo de su existencia le fascinó.
Las paredes de la casa en la que vivía eran oscuras debido a esa humedad perenne que se encontraba en las deterioradas paredes y hacía que el encalado apareciera grisáceo y con su opacidad hábilmente sabía esconder la historia  de  un pasado, tal vez llena de un misterio tenebroso.
Anna desde que decidió instalarse allí, dejó de tener contacto con las amistades que solía frecuentar, parecía no importarle nada lo que estuviera relacionado con personas. La casa que había elegido para su aislamiento se encontraba situada en las afueras de la capital madrileña, no era precisamente un lujoso Cigarral dónde los más pudientes suelen retirarse los fines de semana para descansar de su ajetreada vida en sociedad, pero si podía presumir de un privilegiado enclave que para ella tenía una peculiaridad muy especial,  y es que, desde su ventana se podía contemplar el majestuoso Monasterio del Escorial, adónde cada lunes a las diez de la mañana y desde que se instaló en aquella casa,  cómo si se hubiera marcado un ritual,  acudía  a visitarlo.
 Aquel día, antes de entrar en el Monasterio, contemplaba por unos minutos la oscura fachada del edificio, intrigándole el motivo de su atracción; a veces, burlaba a los vigilantes y entraba a horas intempestivas. Al no ser sorprendida se adentraba por pasillos estrechos y laberínticos hasta llegar a uno de los claustros, dónde  sin  comprender el motivo sentía sensaciones especiales al encontrarse en contacto con aquel lugar, pues creía verse envuelta en un microcosmos que le hacía olvidar hasta su nombre.
Dentro de aquel edificio, cada paso que daba por los pasillos le demostraba que algo especial se escondía dentro de sus paredes un magnetismo que no sabía cómo explicar.
 ¿Sería acaso este lugar el llamado Ciudad de Dios?
Era notorio, y conocido por todos que era un lugar donde se encontraba el centro del conocimiento, no solo de libros pinturas y reliquias que allí se guardan, si no, en el diseño especial de una arquitectura que sin duda a Anna le parecía sagrada.
Anna pensó que algo extraño pasaba cada día en aquel edificio, pues supo que antes de su construcción alguien poderoso sugirió que éste debía ser su  enclave pues tenía que ser especialmente ubicado en aquella parcela, la cual y desde siempre, había sido clasificada con total secretismo hasta que en su día empezó la construcción, interviniendo en el proceso prestigiosos magos y cabalistas  dando así  por sentado que eran ciertos los rumores de que ese punto  geográfico era especial para el enclave de un edificio singular.
Anna después de unos momentos de reflexión sale del claustro y se une a un grupo de turistas, que cómo un rebaño de ovejas arrastraban sus pies por las galerías, interesándose por saber qué misterios guardaban esas pétreas paredes que parecían palpitar, querían saberlo todo, pues era uno de los requerimientos de los visitante.
 Para Anna sin embargo, sus visitas tenían otra intención, quitarse de la cabeza una obsesión que necesitaba  para reconciliarse con la vida normal.
El grupo de turistas hace una parada ante un tríptico, Anna mira la tabla y de repente su semblante cambió. Ante ella cómo una alucinación aparece El Jardín de las Delicias y ante esta inesperada aparición, se queda muda, siempre supo que había sido un pintor extraño pero lo realmente extraño era que ese cuadro se encontrase en un sitio sagrado, pues este pintor era contrario a la religión católica, hasta donde pudo saber Anna, El Bosco había pertenecido a una sociedad secreta llamados “Los Adomitas” los cuales tenían la peculiaridad de rezar desnudos  mientras creían esperar el fin del mundo.
También sabía que hubo rumores de que este pintor estaba  obsesionado con la muerte al igual que Felipe II.
 ¿Serían tal vez dos almas gemelas unidos por el deseo de encontrar algo que no se puede ver ni tocar?





Continuará...




sábado, 27 de febrero de 2016

Las torretas del jardín (final)

Pero Anna nunca llegó a saber el entramado o chanchullo  de aquella herencia para que llegara a ser propiedad de su familia.
A pesar de haber sido todo dentro de la  legalidad, seguía habiendo algo confuso que Anna no llegaba a descifrar, sin duda todo aquello había sido perfectamente calculado esperando tal vez a que llegara el momento oportuno para que se hiciese uso de ella.

Los recuerdos se pierden en el laberinto del camino, quizás por esa razón Anna no volvió a recordar  que un día estuvo allí disfrutando de un jardín exuberante y que nunca se le ocurrió pensar que alguien cada día lo tenía que regar para que aquel jardín hermoso y misterioso pudiera mantener  su lozanía.











lunes, 25 de enero de 2016

Ermita de San Jorge


Aunque nunca supo confirmar la razón por la cual vagaba por los campos cacereños en una búsqueda  insistente.
Anna, una mañana de domingo y cuando rodaba con su utilitario por la carretera Cáceres-Badajoz su coche se paró producido por una avería extraña, después de intentar averiguar que había podido ser el causante de semejante interrupción,  decidió abandonar el vehículo.
Sin rumbo fijo, se adentró por vereda que la guió hacia un torreón o fortín  llamado Torre de las Mogollonas; ilusionada por tan especial hallazgo pasa por una supuesta puerta configurada por dos pivotes de piedra que en su día lucía pintada de cal blanca, al entrar se vio ante unas ruinas tétricamente abandonada que aun así, habían sabido conservar la esencia de su señorío a pesar de hallarse en los brazos de un abandono injusto.
El torreón, aún erguido, parece seguir avistando el horizonte, ¿o tal vez espera ilusionado que la historia no lo olvide? Anna mientras recorre el recinto pisa con cuidado  los cascotes que siembran el suelo, sus pisadas son respetuosas, cómo si  fueran un homenaje póstumo a su glorioso pasado.
Anna sale con el corazón encogido ante tanto abandono injusto, estos monumentos están condenados  al olvido siendo como son nuestros maestros que  con sólo su presencia nos cuentan cómo fue nuestro pasado.
Camina por la vereda, la hierba seca se va enredando a cada paso en sus pantalones, el sol de abril empezaba a calentar aquella llanura, cuando cree ver una edificación casi oculta, su primera impresión fue la de que era un mausoleo, acelera el paso, aquel enterramiento  o lo que fuera, parecía llamarla. Cuando se encontraba cerca, lo primero que ve es una charca que se adentra en la edificación por una hermosa arcada, ansiosa por descubrir algo más busca una entrada husmeando como un sabueso, al fin encuentra una oquedad, entra en el recinto y su cuerpo quedó varado cómo una barca en el arenal de una playa. Cuando reacciona, sus ojos no podían dar crédito a lo que estaban viendo, todo allí en aquella ermita llamada de San Jorge desprendía arte y belleza, pues el pintor extremeño Juan de Ribera, había sabido quedar grabada su sabiduría pictórica con generosidad, pues no había pared,  bóveda o dintel que  hubiera olvidado el pintor en su decoración.
Allí, cómo si un pedazo de cielo se posara, se encontraba casi todo el santoral. Anna no mira, sólo pasea sus ojos con admiración.
De repente descubre algo sobrecogedor, y entonces con frenesí busca los detalles de las pinturas, todas se encontraban estigmatizadas, allí había estado una mano asesina de lo bello, haciendo estragos en el recinto.
Anna sigue con su contemplación sin percatarse de la inminente oscuridad, y de que el campo empezaba a cobrar vida, los búhos ya se habían encaramados en las copas de los árboles donde sus enormes ojos destacan en la penumbra.
Un rumor hace estremecer a Anna, eran voces discordantes que parecían acercarse, Anna aterrada pudo saber que se trataba de una pandilla de vándalos que previstos de martillos y machetes se disponían a diezmar un patrimonio que a todos nos pertenece, los comentarios obscenos se sucedían contra aquel recinto que un día fue sagrado, y donde los caballeros que defendían nuestro feudo antes de partir  para luchar en el campo de batalla entraban en aquel pequeño lago  erguidos en sus monturas para ser bendecidos  por el Creador.
Después de un insoportable griterío blasfémalo, algo pasó, pues todo aquel júbilo cesó envolviendo a la ermita con un silencio sobrecogedor.
Todo debió acontecer cuando uno de aquellos vándalos, con cincel en mano  intentó cegar la figura de Jesús, y que desde la apariencia de pintura los miró a los ojos con benevolencia. Ante este milagro, los desalmados huyeron despavoridos cómo si los persiguiera el diablo, pero no era ese el caso, pues la huida era producida por haber contemplado los ojos de Dios.
Anna al salir de la ermita con las primeras luces del alba miró hacia la pintura que representaba al Señor y vio que le sonreía.
No podemos olvidar la belleza de esta Ermita de San Jorge que como muchas otras se encuentran en nuestro entorno y son nuestra herencia  por lo tanto, es de derecho legítimo el que lo disfrutemos con su contemplación.

Muchas personas sabemos que es importante  no perder nuestras raíces.
Sería bueno que nos uniéramos en un solo afán y un solo sentir como el de concienciar a los responsables de nuestro patrimonio. Que los hagan salir del olvido llevando ¿por qué no? A  excursionistas que por tan sólo un euro pudieran hacer senderismo y al mismo tiempo poder visitar nuestros monumentos.
De este modo y manera podríamos recuperar del olvido nuestro pasado.



Fuente: minube.com

Fuente: hoy.es

Fuente: hoy.es