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martes, 18 de octubre de 2016

La expedición (final)

 El amigo al verlo tan afligido lo mira con atención mientras apoyaba los brazos en aquel  velado manchado, redondo y con encimera de imitación a mármol, lo miraba, sí,  pero eso fue todo, pues  en su contemplación disimulaba el no haberle puesto atención y con un gesto de su mano se solapa la ficticia atención con la intención de obligarlo a que siguiera  expulsando lo que llevaba dentro.
Para Anna cada segundo que pasaba escuchando sabía que estaba ejerciendo de espía, sin sentir vergüenza, pues esperaba con ansiedad que uno de los dos pronunciara una sola frase importante que pudiera sacar algún rédito para ella.
Pero algo interrumpió el magnetismo, un teléfono empezó a sonar, haciendo que los dos jóvenes dejaran de hablar. Cuando retornan a la conversación dijo Juanjo:
    No sé cómo pudimos hacer lo que hicimos, dime Paco, por primera vez sé sincero conmigo.
 A Paco le temblaban los labios mientras decía que solo pudo ver que cuando intentaban sacarla  de aquel agujero  ella parecía no querer salir, pues se encontraba  aferrada a la correa de su mochila, con ese gesto le  pareció que la  protegía con su vida.
    ¿Y no se te ocurrió  preguntarle cómo se encontraba?
    No sé que fue lo que me pasó cuando la vi quieta en aquel agujero, sí que tuve la sospecha de que algo había descubierto y no quería decirlo pues ella sabía que teníamos un código de que si alguno descubría algo nos concernía a todos. Anna escuchaba con tanta atención que no supo cómo se vio en un minuto envuelta en un tumulto de gente que alborotados bailaban entre las mesas; eran bailarines habituales  que amenizaban las terrazas. Anna dirige su mirada hacia los jóvenes y descubre que uno de ellos permanecía sentado con una sonrisa que parecía a medio gas, se encontraba impávido, lo mira de nuevo para cerciorarse de que no era una sonrisa natural, y fue cuando supo que su acompañante había desaparecido, mira al suelo al notar sus pies húmedos, estaba pisando un charco de sangre. Mira de nuevo al hombre de la sonrisa impávida y siente que sus nervios se crispan al ver que algo asomaba por su boca abierta, se remueve en la silla, la gente parecía ignorar lo que le estaba sucediendo, se levanta, se acerca para ver qué tenía en la lengua, pero una voz tras ella le dice:
    No la toques, esa esmeralda está maldita.
Anna se aleja de la terraza con pasos titubeantes, cuando atravesó el parque la bocina de un coche le alerta de que estaba atravesando la calzada indebidamente, cuando llega al portal de su casa al entrar una mano fuerte se lo impide, era uno de los jóvenes de la terraza:
— ¿Estabas escuchando acaso nuestra conversación?
La voz de Anna sonó  serena como si no hubiera visto ni oído nada.
—Yo solo he tomado un refresco.
El joven le dice:
    Creo que ya tienes decidido el argumento de esa historia que tantas veces comentaste querías contar “Anna”  pero no has pensado que el final de este cuento  puede que te resulte un poco complicado, sobre todo cuando relates aquella caída “fortuita” que tuviste ¿Qué fue lo que guardaste en tu mochila que utilizabas como bolso?
— ¡Yo no sé quién eres, no te he visto en la vida!
Y al entrar en el ascensor Anna sacó de su bolso el bolígrafo que cómo un garfio se clavó unos minutos antes en su palma de la mano, con él amaga  al hombre, éste la mira y se  ríe, poco después ese hombre antes de salir del ascensor,  tenía la misma sonrisa impávida que el hombre de la terraza.
Cuando Anna entra en su piso cierra la puerta con un portazo, apresurada se dirige al escritorio, una sonrisa de satisfacción iluminó su rostro, la esmeralda se encontraba donde ella la puso.
 Poco después entra en el cuarto de baño, necesitaba refrescar su cara. Cuando ante ella aparecieron  aquellos dos jóvenes que parecían esperarla. Entonces fue cuando supo  lo que pasaba, pues ante lo real no puede haber trucos, porque ni aquellos dos jóvenes, ni tampoco ella eran unos jóvenes cualquiera, ninguno del grupo pudo salir con vida de aquella selva venezolana.
¿Pero para qué Anna se hizo depositaria de aquella gema que ni sus amigos ni ella podían disfrutarla?
Aquel mismo día un Chamán hacía invocaciones para que aquella gema volviera a su santuario, para que los dioses siguieran protegiendo a su pueblo.
Por la noche una terrible tormenta descubrió un enorme socavón donde se encontraron cinco cadáveres,  eran los componentes de aquella expedición pero faltaba el cadáver de una mujer que dicen que se vio por última vez caminando por una tortuosa vereda de la selva venezolana abrazada a una mochila…
Su orgullo le impedía ver la realidad, como la de estar vagando sin rumbo por ese submundo que siempre despreció, aunque ahora se sintiera cansada por cargar con el peso de una gema que no le pertenecía.







jueves, 23 de junio de 2016

¿Puede ser arte? (1ªparte)



Habían pasado cinco años desde que no cogía su apreciado lápiz de carboncillo, con él solía  dibujar los rincones más emblemáticos con la técnica que sabía dominar mejor que nadie, la mano alzada.
Después de tanto tiempo y de haber abandonado la pintura voluntariamente; un día Anna decide que había llegado la hora de volver a volcar toda su imaginación en ese lienzo en blanco que se encontraba olvidado en el desván de su casa.
No sabía de donde le podía venir pero desde hacía unos días estaba oyendo una llamada silenciosa que le pedía que volviera a volcar toda su imaginación en pintar un cuadro que fuera tan bello en su contemplación que le hiciera resarcirse del tiempo perdido. Aquella voz silenciosa que no dejaba de oír le repetía que aquel lienzo olvidado necesitaba ser pintado, pero a su vez le exigía que de hacerlo tenía que ser algo muy especial, algo que estuviera lejos del llamado “arte popular”, que no son capaces de llegar a transmitir nada interesante al ser contemplados; por lo tanto debía poner todo su empeño en sacar todo lo que sabía que circulaba por sus venas.
Aquella tarde se mostraba gris y enfermiza, Anna  no sabiendo cómo acabar con el tedio que le invadía, de repente se sintió empujada por una fuerza  poderosa que le obligó a subir al desván con temor, sintiendo un zumbido en los oídos que le puso furiosa
Una vez dentro de aquel habitáculo que tantos sinsabores le hizo vivir, recordó cuando se encontraba ante el caballete y no le llegaba la inspiración deseada. En aquellos momentos el desván se encontraba en penumbra; antes de correr la cortina que cubría la claraboya para que no entrara mucha luz, Anna nada más entrar, sintió cómo si la estuvieran esperando, miró con recelo a su alrededor y al no ver a nadie,  se dió cuenta de que había estado nada menos que cinco años equivocada al esquivar lo que era una realidad que sabía emanaba desde lo más dentro de su ser.
Titubea antes de sentarse en el taburete, coge el lápiz, lo pasea entre sus dedos indecisos, en ese instante siente que el lápiz se desliza por el lienzo dominando los movimientos de su mano, mientras tanto,  su mente le obliga  a hacer trazos extraños teñidos de colores que le trajeron a la memoria paisajes soñados de los cuales nunca pudo llegar a discernir el motivo por el cual se habían enquistado en su memoria.
De pronto y sin motivo aparente, al mirar aquel boceto que creyó haber terminado, le encontró algo que no le satisfizo, con rabia lo tiró a la papelera, y lo  reemplazó por otro en el caballete. Comenzó de nuevo a dibujar, su mano era ágil cómo siempre, mientras iba configurando la obra, aparecía sin saber  que lo había pintado, en  el centro del cuadro una guarida, el lienzo ante esta observación empezó a moverse onduladamente cómo si le estuviera dando un ataque de risas, parecía decirle de que al fin  estaba logrando su sueño, pues necesitaba ser admirado por todo el mundo por su contenido.
En unos instantes, todo pareció cambiar, todo lo que había pintado Anna cambia de estilo, derivando la pintura hacia un estilo poco común. Se queda, por unos instantes anonadada, era inverosímil lo que estaba contemplando y, vuelve a mirarlo aún con mayor incredulidad, no podía creer que aquella pintura hubiera salido de su mano.
Estresada por la rara emoción que le produjo este descubrimiento, bajó precipitadamente las escaleras, pero al bajarlas siente una opresión claustrofóbica, era como si los pulmones se le hubieran comprimido en la cavidad torácica impidiendo la ventilación.
Cuando entra en el salón y antes de mirar en la estantería de la biblioteca el libro que deseaba consultar, se sienta en el sofá, asustada  desconoce el estado en el que se encuentra su desasosiego, sólo sabe que le faltan las fuerzas  para poder ponerse en pie.
Cuando se encontraba recuperada ante la estantería, pudo observar asombrada  que había una hornacina. Se pone la mano en el pecho, las palpitaciones se hacían a cada instante más y más intensas, mira más calmada, la hornacina se encontraba vacía, pero, para su horror se encontraba pintada en el color de la carne del cuerpo humano, entonces pudo ver que en el fondo apareció espontáneamente la palabra ÉGIDA.
Anna después de leer aquella palabra parece paralizarse, aquella frase en griego significaba, tempestad o piel de cabra,  Anna ante este descubrimiento se espanta, ¿qué estaba sucediendo en su casa?, pues sabía por la mitología que  Zeus con la Egida lanzaba rayos, pero aún se intranquiliza mucho más cuando recuerda que esa palabra también puede significar flecos de serpientes…

Continuará...

 




viernes, 22 de noviembre de 2013

¿POR QUÉ AQUEL PLANTÓN? ....(2ª parte y final)



Pero no pudo salir de su asombro, cuando ve cómo ese animal, salta desde la campana, para ponerse junto a su brazo, que en esos momentos temblaba. El terror que siente, no le deja pensar, de pronto, se pudo oír un ruido estremecedor, el suelo, empezó a temblar, los apliques de los lucernarios empezaron a caer estrepitosamente al suelo. Ante tanto desatino, seguía pensando Inés que se encontraba en medio de una pesadilla. Pero aquel bicho, no parecía haberse conformado con bajar de la chimenea, ahora se encontraba tan cerca de ella que le rozaba el brazo con sus fuertes y pequeñas garras. Inés creyó que parecía decirle algo, pero en esos momentos su mente no estaba dispuesta, ni en condiciones de entender nada.
El horror, parecía crecer dentro de ella, llegando a conseguir que pensara que se estaba portando cómo una estúpida. Desorientada mira hacia la calle; asombrada pudo ver que las farolas de la calle se encontraban encendidas, los peatones, circulaban por ella indiferente,  ignorando lo que allí dentro estaba pasando.
De un salto, Inés se pone ante la puerta, intenta pulsar el timbre que mueve el resorte manual para abrir la puerta en el caso de una emergencia. Pero al acercar su mano, al pulsador, su brazo se paralizó, en medio de aquel botón se encontraba el escarabajo impidiéndola salir. Ya no sabe qué más puede hacer, aquel botón era su última oportunidad de poder salir de allí.
Con desesperación empezó a golpear los cristales de la puerta con sus manos cómo único recurso, pero nadie, miraba hacia dentro, más tarde, lo intenta gritando con todas sus fuerzas, pero de nuevo nadie parece escucharla. 
En esos momentos, pudo oír una voz que parecía venir de ultratumba. ¿Te gusta este ambiente en el que ahora te encuentras inmersa? Inés, cada vez más confusa, no puede creer lo que le está sucediendo, en esos momentos creyó que había perdido la conciencia. De nuevo pudo oír aquella voz; que le decía, ¿De veras te gusta todo esto?. No temas solo quiero que sientas, nada más que un poquito de lo que me estás haciendo pasar a mí. Dime, ¿Por qué ese celo en tus investigaciones, que has llegado hasta el extremo de perturbar mi paz?. Nadie en esta Era había tenido noticias de que yo hubiera existido; claro que muchos de los de mi especie han sido y son muy famosos, pero yo ¿Qué fue lo que visteis en mí?.
Pero creo que tú tienes mucha culpa por tener un celo enfermizo, que ahora se le llama profesionalidad, ¿ó tal vez se llame ahora también ambición? Te empeñaste con esa absurda investigación, el ser quizás la primera mujer que osaba estudiar una fase olvidad del Antiguo Egipto, haciéndome volver a la vida, cuando en aquellos tiempos en los que viví, en estos tiempos solo es historia,  como se dice ahora, es “agua pasada”.
Te digo que era muy feliz antes de que me devolvieras a la vida; me encontraba muy a gusto en mi morada en un reino de inframundo protegiendo a mi Faraón en su pirámide. Y ahora, ¿puedes decirme que va a pasar conmigo? Porque aunque no lo merezcas, te voy a contar mi vida a breves rasgos: Primero, fui para mi gran jefe Nefer llamado el Silencioso; un deseado talismán, después y, a su muerte, le acompañé como un fiel servidor de viaje para el más allá.
Pero apareciste tú con tu cabeza llena de ilusorias glorias; el día que me enteré de cual era tú trabajo, pensé, que esas investigaciones estaban un poco trasnochadas, pues ya se sabía casi de todo, sobre la función que desarrollábamos en aquellos tiempos, los ahora llamados insectos.
¿Acaso olvidaste lo más importante de esta historia?
¿Sabías tal vez que nosotros los escarabajos teníamos un poder divino tan grande que hasta los mismos Faraones llegaron a temernos?
¿Acaso ignoras que yo, con el poder que me otorga la divinidad, puedo, si me apetece convertir este mundo en el que tú vives, en un infierno aún peor de cómo en estos momentos está?
Por eso te pido, por favor, no consientas que me posean manos que no sean dignas, porque te aseguro que si llego a estar en manos de algún político, éste no dudaría en usarme para obtener más poder, pero sólo y exclusivamente para su  beneficio, y, hasta llegaría a destruir sin ningún pudor todo aquello que le estorbarse, si con ello supiera que podía reencarnar en un dios. Pero, todos estos poderes adquiridos con maldad son arma de dos filos y, tarde o temprano  terminan ardiendo en el averno, no sin antes hacer sufrir a seres inocentes; como….sí aquel impresentable llamado Hitler, ó acaso creías que en el más allá no estamos enterados de lo que sucede aquí.
Pero tú, como si nada, me has devuelto a la vida, ¿para meterme en una urna de cristal en cualquier museo que ponga Egiptología, para que todos me miren como  si fuera una distracción de feria. ¿No crees que yo valgo más que eso? Te pido encarecidamente que no cometas esa equivocación. ¿Acaso llegaste a pensar, ó tal vez analizaste cuando te encontrabas inmersa en tú investigación, las consecuencias que un hecho cómo éste puede acarrear al mundo? ¿Ó tal vez acaso, fue un error al no saber interpretar con exactitud los papiros, que tuviste en tus manos? En este caso te perdono, porque la verdad es que nuestra forma de escritura, suele confundir a muchos egiptólogos, porque en muchos casos algunos jeroglíficos aunque parezcan fáciles de interpretar, no lo son en absoluto, pues se podían cometer diversas variaciones de tal manera que el que los escribía pudiera tener privacidad, sobre todo en aquellos que guardaban grandes secretos, bueno es una temática que ha sido practicada desde todos los siglos,¿ pues quién no se ha llevado algún secreto a la tumba?.
Ahora solo te pido por mi bien y por el de la humanidad, que me devuelvas a mi antiguo estado; pues tan solo necesito descansar, pues no me gustaría tener que volver precisamente en esta Era, aunque pensándolo bien no es tan diferente a la que yo viví.
Inés después de escuchar todo aquel relato, que parecía salir de la boca de aquel escarabajo, se dio la vuelta, y tras ella se encontraba aquel joven de tez tostada, pero supe que no era por ser un golfista, si no por el sol implacable del desierto del Antiguo Egipto.
Entonces pudo ver que en sus manos sostenía una pequeña caja de terracota. El joven acercándose a ella le dijo: Aún no te he dicho mi nombre, y tendiéndole la mano, mi nombre es Ramosis y, este joven siguió hablando bajo la atenta mirada del escarabajo. Yo sabía que esto algún día podía ocurrir.
Ahora te voy a contar mi historia. Yo ese día disfrutaba de un agradable paseo, por él jardín y, para contemplar el paisaje me senté a la sombra de una palmera, allí con el frescor que desprendían sus hojas, me puse a contemplar los azufaifos, tamariscos y un viejo sauce que inclinado parecía buscar agua en aquella seca tierra.
Yo me levanté al observar que el sauce escondía parcialmente entre sus raíces, un recipiente, me agacho para ver que secreto escondía aquel sediento sauce, y sorprendido pude coger y, sin apenas escarbar un recipiente, cuando lo tengo en mis manos, vi que asomaba el filo de un papiro por aquella cantarilla desportilladla de barro.
Me la llevé consigo, hasta saber qué poder hacer con ella, después de descifrar aquel escrito que se mostraba cómo jeroglífico. Entonces tuve noticias de tú investigación, acto seguido me vine en tu busca para que no cometieras ninguna equivocación. Por ese motivo te cité en nombre de un amigo, porque este escarabajo en su vida pasada hacía profecías, y aquí está escrita una de ellas.
Las piernas de Inés empezaron a temblar. ¿Qué podía pasar si este escarabajo o talismán de Nefer el Silencioso, llegara a caer en manos de un ambicioso desaprensivo?.
Ante esos pensamientos de Inés, le pidió a Ramosis que le acompañara a Egipto, para depositar aquel valioso escarabajo donde debía estar. Días después remontaron el río Nilo, hasta llegar a Menfis, para más tarde llegar a la región de Saqqara  donde dejaron descansar en su pirámide, a uno de los talismanes más poderosos que jamás existieron.
Una vez depositado en su lugar, Inés suspira aliviada, pues si hubiera caído en manos inapropiadas, este hecho hubiera cambiado él sólo, el rumbo del mundo al encontrarnos en un momento álgido de corrupción.

jueves, 31 de octubre de 2013

Las Dolomitas (1ª Parte)


Marta, se encontraba sentada en el sofá de su salón, mirando fijamente el tablero de ajedrez que se encontraba encima de una mesita auxiliar, donde cada noche, y desde que contrajo matrimonio y, como si nada más importante hubiera que hacer en el mundo, su esposo, junto con su hermano, jugaban cada noche y sin pestañear una partida que, en algunas ocasiones, se encadenaban una tras otra, aquellas jugadas podían  llegar a prolongarse hasta muy entrada la noche. Ella, siempre esperaba hasta el término de la partida, para prepararles un café con unos dulces, para que se les aliviara el desgaste producido por la partida.
A Marta, lo que más le irritaba y, que cada día le era más imposible de soportar, era la cara de estúpidos que ponían al término de esta. Eran tan engreídos y vanidosos, que en realidad ni  tan siquiera se jugaban nada para así poder hacer más interesante la partida.
Eran los dos tan anodinos, que a veces desde el silencio y, cuando ella levantaba la mirada del libro que estaba leyendo para dirigirla hacia el tablero; observaba, que, a ninguno de los dos ellos que se creían tan listos y tan inteligentes, nunca se les había ocurrido, que, ante una buena jugada, nunca se debe despreciar al peón, sobre todo, si, lo que pretendes, es vencer a tu contrincante; el jugador, no puede olvidar jamás durante la partida, que un peón, bien colocado, puede llegar a tener más poder que un rey.
Una mañana al levantarse, y después de desayunar, sintió una extraña sensación de vacío y debilidad en las piernas; nunca hasta ese momento se había puesto a pensar tan detenidamente en cómo estaba transcurriendo su vida, esa clase de vida que desde años le estaba asfixiando.
De repente se dirige al cuarto de baño, se mira al espejo, y el espejo le devuelve una imagen que le desconcierta, pues allí, reflejada estaba la cara de una mujer joven, demacrada, que en torno a sus hermosos ojos; unos ojos que siempre fueron objeto de admiración, ahora, se mostraban con una aureola de un horrible color grisáceo.
En unos momentos reacciona; coge una barra de labios y, se da un toque en aquellos pómulos que lucían níveos como la misma muerte; pero que al instante con la ayuda de un lápiz labial, se tornaron de un color sonrosado. Se dirige al armario, toda la ropa que tenía estaba pasada de moda, elige la que le parece la más adecuada; en unos momentos, hace el equipaje, ya lo tenía decidido: Desde ese momento, su vida sería otra.
Con la maleta en la mano empezó a abordarle ese sentimiento absurdo de remordimiento que le hace retroceder unos pasos, pero reacciona y, sale de aquella casa que nunca supo el por qué, pensó si en realidad había sido alguna vez suya. Por qué siempre que regresaba de la calle y, cuando se encontraba en el vestíbulo, le entraba un intenso dolor de cabeza. Pero aquella mañana, cuando abrió la puerta para salir, quedaba tras ella, un silencio que tan solo fue roto por el aullido lastimero de un perro que el viento parecía arrastrar hacia el olvido.
Cuando aquella mañana bajaba los cinco peldaños que la introducían hacia un destino desconocido,--se dijo,--Soy tan insignificante, que si desaparezco de la faz de la tierra, nadie preguntará por mí, y el mundo seguirá girando igual y, no pasará nada.
En el trayecto Cáceres—Madrid, ya no le atormentó, ninguna duda. Cuando llegó a Barajas, saca un pasaje en las  aerolíneas  italianas. Era una necesidad para ella el poder pasear con la mente despejada por aquellos prados que tanto soñó, tapizados de bosques y, también poder admirar vertientes salvajes y sentir al mismo tiempo cómo te crujen las cervicales cuando haces el esfuerzo de querer alcanzar con la vista, las afiladas crestas de los grupos rocosos que, un día, no supo cómo se enteró que existían en los Alpes italianos, donde al atardecer en  las montañas rocosas llamadas Dolomitas, éstas se tiñen de color rosa casi transparente, y otras veces como si fueran hechizadas quizás , influenciadas por él sol, se tiñen de color rojo.
Marta, cuando llega a Italia, desde el aeropuerto se traslada en autocar hacia la región de Trentino, desde allí, en un taxi se dirige a Alto Adagio, donde se hospedaría en una cabaña de estilo tirolés,  según  decía  la publicidad y, que se hallaba situada en mitad de un prado de belleza inigualable, donde ella,  previamente desde el aeropuerto de Fiumicino, había contratado una habitación para alojarse.
Cuando llega a su destino, ante sus ojos se  extiende un gran valle salpicado de típicas cabañas tirolesas; tal como decía  la información que leyó en el folleto. Cuando llega a la cabaña que había contratado, se instala en una confortable habitación, al cerrar pudo ver que grabado en metal en la puerta se encontraba el número trece. Una vez dentro de la habitación, al cerrar la puerta, no supo cómo, pero creyó oír, una suave melodía de Verdi, al mismo tiempo, un olor se extendió por la habitación arropándola como un manto suave y perfumado, que la envolvió, mientras, creía ser transportada hacia uno de los picos más alto de las Dolomitas, donde su cuerpo, por unos instantes creyó, se había fundido con aquella maravillosa marmolada.

............. (continuará....)

viernes, 4 de octubre de 2013

Las Flores de tu casa nunca se marchitan (I parte)



La casa familiar, le pareció una solución bienintencionada sobre todo cuando el corazón se encuentra destrozado: Tatiana estaba recién divorciada y, en teoría estaba correcto lo que estaba haciendo, solo se le ocurrió poner tierra de por medio para alejarse de cualquier cosa que le recordase su más reciente vida pasada, pero…cómo podía huir de todo lo que llevaba dentro desde…ni tan siquiera podía recordar, cuándo empezó a sentir esas sensaciones extrañas que aún persistían dentro de su corazón.
Ahora tenía que aprender a estar sola, quizás hasta pudiera hacer todo lo que realmente le apeteciera sin temer nada y sin dar explicaciones a nadie….Por el momento no quería pensar en su futuro, solo deseaba estar tranquila.
Tatiana, se encuentra tras una larga ausencia en la casa de sus antepasados después del fracaso de su matrimonio; este reencuentro con el pasado no le estaba resultando nada fácil. Acababa de cumplir los cincuenta, se encontraba sola, a pesar de lucir buen aspecto, su mirada desprendía una tristeza que siempre supo le acompañó a lo largo de su vida. Y ahora se encontraba de nuevo en el hogar paterno dispuesta a desentrañar todo aquello que le había preocupado desde siempre y que le había hecho salir de Moscú precipitadamente: El destino que eligió fue España, pero el motivo que le atormentaba no desapareció con la lejanía, haciendo que esa obsesión fuera una de las causas que destruyera su matrimonio, ¿ ó quizás hubo otros motivos?.
Se encontraba mirando por balcón por primera vez desde que llegó. Tras los cristales, ve con nostalgia distraída cómo una suave manta blanca de nieve cubre las cúpulas de la Basílica de San Basilio.
La gran explanada de la Plaza Roja, ante sus ojos  aparece como un mar de algodón en calma, un coche de caballos interrumpe sus elucubraciones, al ver cómo sus ruedas rompen la armonía del dulce manto níveo del suelo, haciendo a su paso dos heridas paralelas en el asfalto interminable. Después de unos momentos de contemplación se aparta de los cristales que se habían empañados con el vaho que desprendía su respiración. Cierra parcialmente las cortinas de terciopelo que lucían de un color azul desvaído,  dejando que entrara la tenue claridad de las farolas de la plaza. Se sienta, y pasea su mirada por el salón como si jamás lo hubiera visto antes, entorna los ojos y empieza a recordar vagamente su niñez en aquella casa que ahora se le antojaba que estaba repleta de historias que nunca supo descifrar en su inocencia de niña, aunque siempre tuvo  la intuición de que allí pasaba algo que ella no entendía, y que en su adolescencia  nunca se atrevió a pedir explicaciones.
De repente, sus ojos se quedan fijos ante uno de los cuadros que tenía frente a ella, era un retrato de una mujer madura de cuerpo horondo, vestida con ropas caras que parecía desprender autoridad, mientras su mirada parecía derramar una amargura profunda.
Después de unos minutos de contemplación, no supo cómo su subconsciente, sin su permiso empezó a trabajar a velocidades de vértigo, llegando a reavivar esos recuerdos que tanto tiempo habían estado agazapados en los pliegues del olvido.
Ante esta situación se tapa la cara con las manos, no podía ser verdad todo aquello que su mente le estaba revelando. Se levanta de la butaca bruscamente, sale precipitadamente del salón y, como si fuera un autómata sin sentido alguno, empezó a recorrer la casa como si la visitara por primera vez las habitaciones de aquel primer piso del edificio aristocrático, desde donde se podía divisar un espléndido panorama del espectacular “RUS” (ahora llamada Rusia). De pronto siente que sus pies se quedan clavados ante un cuadro, en el silencio pudo oír cómo salía de aquella pintura, una melodía polifónica que era  interpretada por  el tañar de  campanas, mira detenidamente el cuadro, era una panorámica del pueblo de Rostov, donde desde tiempos inmemoriales suelen acudir atravesando el lago  Nero  los fieles para orar a la llamada de las campanas… Tatiana después de la primera impresión que le causó el toque de campanas, mira detenidamente la pintura, y tras la iglesia aparecía un bosque de pinos y abetos, en uno de los laterales, unos abedules  parecían arropar a una niña pequeña que parecía clamar con sus bracitos en alto que alguien le abrazara. No supo él porqué ante aquella visión su corazón pareció desbocarse aprisionando su respiración.

................. (continuará.....)