domingo, 10 de mayo de 2015

Cuando despierta la bestia (1ª parte)



Aquella noche Anna llega más tarde que nunca a su casa de lo que era habitual, se encontraba cansada, malhumorada, el trabajo realizado aquel día no había sido todo lo fructífero que ella había deseado.
Cuando llega a su apartamento, cierra la puerta con el pie, seguidamente, dirige su dedo índice hacia el botón del contestador que tintineaba con insistencia su luz roja, aquel día, no le interesaban para nada los recados que aquellas llamadas grabadas podían contarle.
Mientras tanto, se adentra por el pasillo camino de la alcoba para cambiarse de ropa mientras escucha sin interés algunos mensajes, casi siempre eran de las mismas personas las cuales no le decían nada importante.
Apoyada en la pared se quita los zapatos, una voz hartamente conocida para ella, le decía con voz gangosa: “Anna soy Pedro ¿Cuándo puedo verte? Es urgente”, clic.
Se desabrocha los botones de la blusa, se baja la cremallera de la falda, mientras indolente  la deja caer quedándole suspendida entre las piernas, una falda que se mostraba tan arrugada cómo en esos momentos se encontraba su alma.
De repente una voz nueva para ella se hace escuchar por el contestador que le hace parar en seco, estaba siendo invitada por una persona que no reconocía; se acerca al contestador, entonces cree recordar vagamente ese acento, después de hacer un recordatorio de los días pasados, piensa que podía ser un chico gallego que le presentaron en un evento cultural, el cual ahora la estaba invitando a una cata de aceite. Después de escucharle, Anna se queda por unos momentos pensativa, no entendía el motivo de su invitación cuando sólo mantuvieron entre los dos una fugaz conversación pero eso no le daba licencia para llamar a su casa ¿Quién le había dado su teléfono?
Poco después y cuando se disponía a cenar, decide aceptar la invitación, pues necesitaba desconectar del agobiante ambiente del trabajo en el cual se encontraba atrapada. Aquella invitación podía ser su salvación aunque fuera por un fin de semana.
Descuelga el teléfono, sigue las instrucciones de aquella voz metálica que salía de una centralita, que sin hacer preguntas le da el número desde donde le habían hecho la llamada, marca el número grabado, enseguida se pone en contacto con el autor de la llamada. Después de mantener una insulsa conversación los dos desconocidos quedan para el sábado de la semana próxima, la hora; las 9:30 de la mañana.
Anna no supo de donde pudo sacar en esos momentos esa mística que siempre creyó que  la podían padecer los tontos desocupados cuando se sienten acogidos por un grupo que supera sus expectativas. Pero a pesar de su euforia desmesurada seguía sin entender el porqué había aceptado la invitación, no sabía casi nada del aceite, sólo hacer un buen marketing para que el producto se vendiera mejor y que el aceite sale de la aceituna. Ante esta manifestación, Anna empezó a reír cómo hacia tiempo no hacía.
Siempre supo que lo suyo era el asfalto, las luces de , los restaurantes caros, tenía que demostrar que pertenecía a la llamada élite de gerentes de empresas que deciden cómo vender los productos para que su empresa tenga mayor rentabilidad.
Cuando llegó el día señalado, le invadió la incertidumbre, no se sentía segura de querer acudir a aquella cita que denominó “a ciegas”, pues curiosamente no recordaba ni el aspecto ni tan siquiera el rostro de aquel individuo.
Aquella mañana el amanecer ya había presagiado un día espléndido, el sol parecía querer lucir sus rayos dorados  con más atrevimiento que nunca, pues su luminosidad parecía clavarse con ardiente ahínco en sus brazos mientras caminaba hacia la cita, no supo el motivo por el cual se sentía pletórica, con una sensación placentera que le dio la sensación de estar metida en cada poro de su piel, haciéndole vivir una rara y explosiva euforia desconocida hasta ese momento para ella.
Poco después el encuentro se produjo en una pequeña placita solitaria de la periferia, allí en un todoterreno la esperaba un hombre que parecía poco locuaz.
Después de montar en el vehículo, empezó a sentirse incómoda, arrepentida de haber tomado aquella precipitada decisión.
Habían rodado unos cuantos kilómetros, alejándose cada vez más de la población cuando el cielo empezó a cubrirse, unas terribles nubes grises se apoderaron del cielo construyendo un techo oscuro y amenazante. Anna se atreve a preguntar ¿estamos llegando? pero el hombre no parece haber oído la pregunta, sólo la mira mientras se encajaba los auriculares en las orejas.
Anna ya no se siente segura, deseaba salir cuanto antes de aquel coche que parecía asfixiarla, su acompañante no le hacía recordar de quién se podía tratar. En un viraje brusco se desvían hacia un camino terroso, a unos kilómetros y después de un insufrible traqueteo, pudo divisar un llano donde  un helicóptero parecía esperarlos, al pie del aparato tres personas la saludan y suben todos al helicóptero, se pone en marcha.
Anna estaba alerta por si podía captar algo, entre sus acompañantes, pues necesitaba sólo un gesto, tal vez una sonrisa que le pudiera dar una pista a su desorientación, pero  no percibió nada, aquella gente parecía hipnotizada y ella había perdido la noción del tiempo, poco después se dio cuenta de que no había probado bocado desde que salió de su apartamento.
Aquel cielo al carecer de luna hizo que la noche fuera presa de una oscuridad tenebrosa, los relámpagos que  parecían venir de una lejana montaña se hicieron cómplices de su desasosiego, pues resplandecían cegando a los ocupantes del aparato.
Ya llevaban dos horas  volando por el centro de las más altas oscuridades cuando el piloto por primera vez vuelve la vista hacia ella, sus miradas se cruzaron, la mirada del hombre a Anna le causo una impresión escalofriante, aún así se atrevió a preguntar: ¿Dónde nos encontramos?
El silencio fue la respuesta. De repente empezaron a descender para poco después aterrizar en un llano sembrado de maíz, bajan los ocupantes, todos en silencio mientras el helicóptero levanta el vuelo para minutos después desaparecer en el horizonte.
Anna se encuentra desolada cuando ante aquella situación recapacita, cree saber pero demasiado tarde el motivo por el cual, ha sido invitada a aquella cata.
¿Qué motivos oscuros la indujeron a aceptar?
¿Era acaso una llamada urgente de su conciencia, que le pedía dejar de comercializar, con la salud de los consumidores?
Cuando Anna mira a su alrededor, se encontraban en medio del campo bajo un techo enorme   de nubes amenazantes, alguien en esos momentos con voz seca, les ordenan que recojan del suelo cada uno de ellos una mochila, éstas se hallaban alineadas en el suelo, todos obedientes se la ponen a la espalda, Anna sigue sin comprender de que va todo aquello que le estaba resultando ser una broma pesada, aún no había logrado que ninguno de los “invitados” abrieran la boca para decir aunque fuera una incongruencia, pues necesitaba saber cuál de ellos tenía acento gallego.
Continuará...

domingo, 26 de abril de 2015

Lo que jamás se atrevió a contar (final)

Seguidamente se adentra por uno de los pasillos siguiendo el olor que desprende la cocina cuando se está guisando, cuando llega, se asoma a la puerta, la mujer menuda se encontraba removiendo el contenido de un puchero de donde desprendía un olor dulzón.

 Anna mira a la mujer manipular el fogón, lo que ve la queda perpleja, en esos momentos metía en la olla un brazo humano, entonces siente que una fuerza misteriosa le obliga de un empujón a entrar en la cocina como una exhalación, la mujer da un paso hacia atrás al encontrarse desprevenida y en su torpeza tropieza con el cubo donde se encontraban trozos de carne humana, en el encontronazo pierde el equilibrio y cae hacia adelante, se agarra la olla provocando que su contenido caiga sobre su cara. Anna se encuentra confusa ante lo que está presenciando, aquella mujer daba alaridos por las quemaduras de su cara; entonces como si de algo natural se tratara, Anna la conduce de la mano hacia el pozo, dejando caer su menudo cuerpo convertido en una llaga al fondo. 

Anna no sabía cuántos más podía haber en la casa, estaba segura de que debía haber alguno más y de nuevo recorre la casa con sigilo, en apariencia no parecía haber nadie más, estaba sola, pero notó cómo un estremecimiento recorría su cuerpo cuando tuvo la conciencia de tener a sus espaldas dos cadáveres. 

¿Qué era lo que había hecho? 

¿Era tal vez una criminal en potencia?

 ¿Desde cuándo? 

Entonces en medio de su confusión, creyó oír una voz, una voz que parecía tranquilizadora, que salía de una de las habitaciones:
- No te culpes de nada, no has hecho nada más que lo que debías hacer. 
Al volver la cabeza, pudo sentir una suave ráfaga de viento perfumado que parecía esparcirse por la estancia.

¿Sería algún ser incorpóreo el que le hablaba? 

Aquella voz parecía querer decirle muchas cosas, pero Anna solo entendió que tenía que salir cuanto antes de aquella casa.

 ¿Qué tragedia encerraban aquellas paredes?

 ¿Serían aquellos que se hacían pasar por guardas de la casa los artífices de lo allí ocurrido? 

Anna con los pensamientos agitados y los nervios a flor de piel, sale a toda prisa sin mirar atrás, sigue un sendero, sus pasos son precipitados, llega a una curva pronunciada donde el sendero se vuelve escarpado, casi inaccesible y mientras intenta salir de aquel lugar oye cómo los perros del entorno se esconden medrosos tras los helechos al verla pasar.  Las sombras de una noche prematura y misteriosa se va apoderando de aquel lugar alargando en su caminar y a cada paso su silueta, pero su sombra no caminaba. 
Anna de pronto y en el silencio puede oír llantos y risas infantiles que parecen salir de la casa, pero cuando vuelve la cabeza, sólo puede ver en su lugar, una portada en forma de arco donde reza una inscripción "CEMENTERIO DEL CIGARRAL".
De lo más alto se balanceaba un cuerpo de un chico, en su mano tenía un pequeño coche descapotable igual en el que ella viajó hasta allí

 ¿Por qué Anna omitió en su relato la verdad de los hechos quedando así la obra incompleta?

lunes, 20 de abril de 2015

Me dirijo a todos los que seguís mis relatos. Permitidme, que abusando de vuestra fidelidad, aproveche para transmitiros una necesidad que siento en mí, la de promocionar ésta mi querida ciudad, que es Cáceres, Patrimonio de la Humanidad, título concedido por la Unesco. ¿Por qué os cuento esto?, ahí van mis razones: Un buen día recibí la buena noticia de que la existencia de una asociación llamada TORRES DE CÁCERES, donde unos cuantos ADALIDES como verdaderos capitanes se habían lanzado sin temor a una lucha sin cuartel en pos de salvar y defender una maravilla digna de ser contemplada por todo aquel que aprecie la historia, la zona intramuros de Cáceres, y entré a formar parte de este ejército como soldado raso. Y de ahí ha surgido la idea de contar que Cáceres ha sido nombrada Capital Gastronómica 2015 tomando el relevo a Vitoria-Gasteiz, y que tenemos que aprovechar esta oportunidad poniendo nuestro granito de arena para que una Ciudad tan noble, bella y una de las mejor conservadas de las ciudades medievales de Europa, tenga la difusión internacional que por méritos propios se merece. A vosotros, mis lectores internacionales, os digo que ya sabéis de Cáceres por mis relatos ya que muchos de ellos están ambientados en la Ciudad Monumental pero me gustaría invitaros a contemplarla, que paséis la barrera del presente para transportaros a un pasado lleno de misterios y de leyendas escalofriantes. Podréis disfrutar de un lento paseo al anochecer, acompañados por la luna, que hace de guía muda por las laberínticas callejuelas, mientras las farolas, ajenas a su cometido, se encuentran apostadas en cada una de las esquinas y tintinean con luces oscilantes y misteriosas, haciendo revivir al caminante una época pasada y fuera de la realidad. Si os apetece, este es el momento oportuno para visitarla, podéis estar seguros que no quedareis defraudados. Y para mis lectores cacereños, mis amigos más cercanos, os animo a promocionar el patrimonio cultural, histórico-artístico, arquitectónico y gastronómico de la Ciudad de Cáceres, fomentar la recuperación de sus tradiciones y valores e impulsarla como destino de excelencia turística. Os esperamos en Torres de Cáceres. No olvidéis, que uno a uno, somos muchos…

miércoles, 15 de abril de 2015

Lo que jamás se atrevió a contar (2ª parte)

Es obligada a bajar unos peldaños desiguales, dándole la sensación que la estaban metiendo en un lúgubre sótano, al entrar su cabeza se cubrió con las telarañas que reinaban en aquella estancia, aquel lugar se encontraba sumido en la más estricta oscuridad; palpa las paredes buscando un hipotético amparo en su ya incipiente desesperación, poco después pudo comprobar que se encontraba en un sótano y que debía estar olvidado hacía mucho tiempo, pues por allí pululaban todas clases de insectos que viven en la oscuridad. Ya no es tan optimista, pues lo que estaba viviendo no era para nada halagüeño, pues empezaba a emerger un sentimiento de miedo que no creyó poseer. Entonces cree que sería un descalabro, si llegara a estar mucho tiempo encerrada, pues en esas circunstancias no podía escribir, sin luz, ni tan siquiera tenía un trozo de papel… Desilusionada apoya su cuerpo tembloroso en la pared, poco después camina vacilante como son los primeros pasos de un bebé, necesitaba pensar en algo que aliviara su desamparo, buscar cualquier resquicio de luz que le diera algo de seguridad en una estancia insegura. Su espanto se acrecienta cuando algo choca con su cabeza, lo toca, era algo frío y duro cómo una piedra, espera unos segundaos hasta serenarse, ya empezaban sus ojos a adaptarse a la oscuridad, pero de nuevo ese algo vuelve a rozar su cabeza…también la cara, aquello lo que fuera la estaba asustando, pues se balanceaba, entonces quiso adivinar que se trataba de un cadáver que se hallaba colgado de una viga del techo. Aquella situación imprevista hizo en ella el efecto contrario al terror, enseguida imaginó que entre aquellas tinieblas podía habitar una fuerza invisible que le podían ser un excelente argumente para su novela, entonces, despertó su imaginación, empezando a forjar sin dificultad todas las posibilidades y combinaciones que peligrosamente le empezaron a aflorar hasta hacer emerger en ella sus más bajas pasiones. Se asusta ante estos pensamientos que le pareció no eran adecuados en esos momentos, se apoya indolente en la pared, cuando siente que se mueve acompañada de un chirrido de hierro oxidado, más que asustarse, despertó en ella una esperanza, que era dominada por una insaciable ansiedad por lo desconocido, de nuevo y, sin razón, volvieron a dominarla los más turbios y anhelos oscuros. Se introduce por aquella oquedad, reinaba la misma oscuridad, sigue caminando, de repente un olor a humedad le inunda las fosas nasales que se va acrecentando a cada paso que daba, poco después descubre un pequeño punto de luz, se dirige hacia él como una mariposa acude a la luz. No sin dificultad, se acerca donde creyó estaba aquel punto de luz, esperanzada sabe que se encuentra en el fondo de un pozo seco ¿acaso era el mismo que ella vio en aquel patio porticado? Busca la soga que pendía de una polea, logra asirse a ella, con los pies apoyados en la estrecha pared escala con la intención de llegar hasta el brocal agarrada a la cuerda. Oye voces, pero cuando abre la boca pata pedir auxilio, sus músculos se tensan más de la cuenta al oír que hablaban emitiendo aullidos coléricos y entonces supo que estaban hablando de ella. Anna ya no podía resistir por más tiempo el esfuerzo al que tenía sometida a sus piernas y brazos, estaba segura que se había metido en un avispero con una difícil salida, entonces decidió esperar a que oscureciera, sabía que no había otra alternativa. Poco después pudo oír la vos de aquella mujer menuda que decía: - No hay de qué preocuparse, la tengo a buen recaudo, aunque anoche cenó poco, lo que le puse en el vaso del agua fue lo suficiente para que perdiera el sentido de la realidad. Entonces Anna recuerda, que antes de subirse a la cama vomitó al sentir molestias en el estómago. Ya había anochecido cuando en el silencio decide salir del pozo, con un impulso que le sorprendió al no encontrar ninguna dificultad. Una vez en el patio su cabeza empezó una sofisticada estrategia, pero antes de ejecutarla, debía poner orden el aglomerado de sensaciones, pues éstas podían impedirle lo que se suponía debía hacer, pues recordó que unos meses antes en uno de sus sueños vivió que la situación en la que se encontraba ¿Y si hubiera estado de ante mano todo planificado?. Claro siempre creyó que todo era un sueño literario. La despierta inteligencia de Anna se encontraba en plena confusión; algo le impedía razonar con claridad, entonces decide buscar por la casa a los que se hicieron pasar por posaderos, era evidente que tramaban algo peligroso, pues habían demostrado que eran de la más baja ralea. Anna oye unos pasos, su corazón se desboca, se esconde tras una columna, el hombre no la ve pero, cuando llega a su altura incomprensiblemente Anna se pone ante él, éste al verla tan decidida, sonríe complacido, ella también sonríe, el hombre amenazante se acercaba a ella cada vez más peligrosamente, y en un alarde de valentía Anna se desprende del pasador que sujetaba su pelo, el hombre vuelve a sonreír confiado, entonces Anna con sutil coquetería se abraza a su cuello clavándole el pincho del pasador en la vena carótida; el hombre seguía mirándola con cara de idiota, mientras se desangraba vaciando sus venas lo lleva dócil cómo si fuera un muñeco de guiñol hasta el brocal del pozo, segundos después caía al fondo. Continuará...

viernes, 10 de abril de 2015

Entrada de prueba


Así es el tamaño real del texto de las entradas.

martes, 24 de marzo de 2015

Lo que jamás se atrevió a contar



Cuando un día Anna sentada en su escritorio decidió contar su historia, inmediatamente pensó que la narración que quería contar, sólo sería una parte de lo que había vivido, llegando a la conclusión que no podía ser de otra manera, pues  si llegara a ser sincera, haría el efecto contrario al que ella deseaba,  pues sería  como tener que desnudar su alma, un alma que al pasar el tiempo de lo acaecido, aún seguía encallecida por los acontecimientos que tuvo que  pasar  a lo largo de su vida.
Yo creo que cuando pensó en la publicación de su relato, para todos aquellos que la conocíamos, al tener el texto en las manos supo que podíamos llegar a dudar de su autenticidad, pues en algunos párrafos se veía claramente que no deseaba profundizar, por miedo a que se pudieran sacar erróneas  conclusiones y que se pudiera notar claramente que  estaba omitiendo la esencia de lo más importante. También llegué a la conclusión de su sofisticada manera de ser, que contrastaba con un enigmático hermetismo que afloraba en ella en algunas ocasiones; desconcertando a los que la rodeaban.
Este definido carácter fue el que propició que a los dieciocho años decidiera vivir una libertad prematura que le hizo  sobrepasar todos los límites.
Y así  comenzó su relato, con unos recuerdos de cuando decidió hacer un viaje acompañada por un chico que acababa de conocer en un Pub una noche loca; éste sería su primer viaje, pues quería recabar argumentos para hacer realidad sus ilusiones, deseaba escribir una novela, una de esas novelas que quedara al lector impactado por su contenido, pero al mismo tiempo quería que, en su ejecución, se pudiera notar la realidad de su historia, siempre basándose en no contar  las situaciones más escabrosas.
Aquella tarde de su partida, era otoño y el sol aún calentaba cuando su amigo circunstancial llego a recogerla en un flamante deportivo, saliendo de Cáceres en dirección a un pueblo perdido del sur de Castilla que hace frontera con Extremadura.
Yo desde el momento que decido escribir sobre lo poco que se puede saber de ella dado el carácter que ostentaba, al preguntarle por el nombre del pueblo, se quedó callada, tan sólo me dijo que no se acordaba; más tarde al disculparse, me dijo que el nombre de aquel pueblo sólo estaba grabado cómo un tatuaje en sus entrañas.
Anna siempre estuvo obsesionada con vivir una gran aventura, pero por el momento se conformaba con comenzar  a tan sólo unos pocos kilómetros de Cáceres.
Nada más llegar, se sorprendió que no encontraran alojamiento, su acompañante la tranquilizó, pues sabía comentó de una casa que se encontraba a las afueras del pueblo.
Poco después se vio ante una de esas casas solariegas, mitad palacio, mitad agrícola que de todos modos le pareció que era la casa perfecta para sus propósitos, a pesar de lucir un aspecto un tanto deteriorado.
Frente a las escaleras de subida al portal, Anna mira la fachada con interés, entonces piensa ilusionada que el argumento de su novela empezaría por describir aquella fachada que le pareció sin más, muy peculiar.
De repente, se siente observada, mira escudriñando cada centímetro de la fachada y descubre un ventanuco tapado con celosía de madera despintada por las inclemencias del tiempo, sus ojos se cruzan con otros ojos que asomados por los entramados de la celosía parecían taladrarla con la mirada.
Poco después sin percatarse de ello, se abre el portón apareciendo ante ella una mujer pequeña, vestida de negro, mira hacia atrás y para su sorpresa, el joven que la acompañaba desaparece a toda velocidad en su automóvil. La mujer se dirige a ella con voz que carecía de matiz:
- La estábamos esperando.
Y con un gesto la invita a pasar, entran en el zaguán que a Anna le pareció inmenso, con el suelo de granito que se encontraba ennegrecido al carecer de limpieza, la sigue hasta llegar a un patio interior porticado, en medio el clásico pozo con brocal, una polea de hierro soporta una cuerda de donde pende un cubo de cinc.
Anna sigue a la mujer, hasta llegar a una de las habitaciones que supuso le tenía destinada. Cuando se encuentra en la habitación y recorre la mirada,  todo le parece tan extraño que hasta llega a gustarle el que careciera de ventana, arrimada a la pared una alta y enorme cama con cabecero de hierro, se queda pensativa pues sintió que algo no empezaba a encajar, pero enseguida se sobrepuso y una sonrisa afloró de sus labios cuando pensó que sería afortunada si por la mañana al despertar y bajar de la cama se encontrara ilesa.
Entonces  fue cuando pensó en su improvisado compañero, que la dejó tirada desapareciendo sin dar explicaciones y fue cuando dedujo que aquella casa no parecía tener dada que no estuviera previsto, ni tampoco su entorno,  aquella casa no era nueva para ella, pues ya la había imaginado en sus sueños.
Aquella noche al acostarse después de una cena rápida, sorprendida pudo comprobar que no había más huésped que ella. Este descubrimiento llego a preocuparla por unos momentos, pero enseguida descartó toda incertidumbre al pensar que por primera vez se sentía libre y feliz por haber conseguido el poder hacer lo que siempre soñó, escribir un libro sin prejuicios arrancando la esencia de lo que le rodeaba.
Aquella noche durmió como hacía días no había conseguido dormir  motivada por la agitación de saber que ya había emprendido lo que quiso llamar aventura.
Por la mañana al salir de la habitación y cuando  se dirigía al comedor, le invadió un tremendo deseo de investigar la casa, pues quería empezar cuanto antes a escribir; pero algo extraño pasó, porque al mismo tiempo que se disponía a caminar, de repente sintió como si un nudo virtual apretara una soga que creía  aprisionaba su cuerpo, obligándola a seguir las directrices  ciegamente de algo que desconocía y que le marcaba el camino. Anna se empezó a sentirse como si fuera un reo cuando caminaba por un corredor largo con olor a moho.
Siente que su corazón palpita henchido por una emoción sin límites, Anna sigue dócil al ser invisible, no puede saber de qué se trata, pues no se oían pasos, ni voces que la guiaran. Entonces descubriría el  porqué no recordaba nada, pues era un estigma que llevaría para siempre,   al pasar por el comedor su corazón la obsequiaba con pálpitos devastadores, haciendo crecer en ella una nueva incertidumbre,  fue entonces cuando se preocupó por saber  dónde la dirigían aquellos amarres magnéticos que la estaban dominando.
De pronto es obligada a pararse,  ya no sabía dónde se encontraba, sus ojos  empezaron  a nublarse, podía oír el ruido frío y seco de un cerrojo al abrirse y cómo los goznes de una pesada puerta parecían regocijarse con el roce de los mohosos hierros.

miércoles, 11 de marzo de 2015

El descubrimiento (final)



Pero Anna se relaja al recordar que ella misma la cogió de la caja de seguridad,  junto con el frasquito que contenía el resultado de la investigación, esto fue dos horas antes de emprender aquel viaje.  Pero en su estado de excitación no podía pensar, aquella sustancia era muy importante, pues le dio vida a su gato… vuelve a rebuscar en la mochila, su estado a cada momento se hacía más excitado, mete por quinta vez la mano, al momento respira aliviada, en uno de los pliegues del fondo se encontraba el pequeño tubo, junto a la piedra  donde también se encontraba un pergamino con un texto antiguo escrito donde se  daba la explicación de cómo ser manipulada aquella piedra para sacar la sustancia y que sus efectos fueran positivos, porque esta sustancia( según decía el pergamino que encontró después de mucho buscar por las librerías de anticuarios) este mineral debía ser compartido según las circunstancias y el propósito del que la manipulara.
Anna aquella noche antes descansar ya tenía preparada  una estrategia a seguir, tan sólo tenía que enfrentarse a tres hombres que estaba segura no dominaban aquellos parajes y además se encontraba con ellos la cursi de su compañera. Al alba, Anna es la primera en aparecer por el  único comedor que había en el poblado, bebió un sorbo de café muy caliente y cuando se disponía a subir a la montaña, al salir del albergue ve a los cuatro esquiadores subir ufanos la montaña dónde ella casualmente tenía previsto esperarlos en la cima. El encuentro en lo alto de la montaña con su compañera fue demasiado efusivo y entonces Anna aprovechando la favorable coyuntura, con gran amabilidad se brindó para enseñarle nuevas rutas que exhibían paisajes maravillosos. Todo el grupo se acercó a ella para escuchar la propuesta que, Anna con su fingida inocencia,  les hizo,  un juego divertido que prometía  conseguir que la adrenalina les subiera a tope al ser deslizados por la ladera.
Anna se encajó en la espalda su mochila sabedora de cuáles eran las intenciones de sus compañeros casuales de ruta, entonces observó que entre ellos se podía adivinar una mueca irónica que aparentaba ser una sonrisa. En ese momento “la pija” le dijo:
-          ¿Piensas ir con la mochila? Parece que la has cargado demasiado ¿no?
Entonces Anna contestó:
-          No te preocupes, no pesa nada, pues todo lo que traje metida en ella lo he tenido que tirar, al parecer no supe que los alimentos enlatados también se estropeaban cuando son manipulados.
Todos la miraron como si fuera un cordero a punto del sacrificio.
Subieron a la cima, parecía que se alejaban demasiado de la ruta por donde habitualmente transitaban los esquiadores, se levantó una ventisca y el frío se empezaba a sentir intenso, la nieve se volvió dura, una vez arriba había que ser muy ágil para hacer un buen descenso con la nieve en esas condiciones. Decidieron regresar aunque aún quedaba al menos dos horas para la puesta de sol.
Anna solícita les indica el punto donde reunirse, todos aceptan, uno de ellos masculla al lado de su compañero:
-          Ya estoy arto de tanta comedia, había que quitársela de en medio cuanto antes.
El frío parecía haberse aliado con el viento y dijo uno de ellos lamentándose por haber ido hasta allí:
- Este tiempo no es nada bueno para mis huesos.
Poco después ya todos se encontraban al amparo del bosque de coníferas, pero alguien se da cuenta de la ausencia de Anna,  impacientes la buscaban con la mirada, ella debía estar allí pues había llegado el momento que tanto habían esperado. El viento cada vez más virulento, hacía agitar las ramas que dejaban caer la nieve dura sobre ellos, tuvieron que taparse lo poco de cara  que tenían al descubierto con las manos.
De repente se empezó a oír como pisadas precipitadas de animales que hacían temblar el suelo, parecían huir de algo y cuando quisieron darse cuenta de lo que estaba pasando un alud de nieve iba hacia ellos para sepultarlos, que junto con la manada de lobos hambrientos que se dirigían hacia el bosque para refugiarse,  se formó una gran pelea entre fieras y “personas” que terminó en una terrible sangría que la nieve se ocupó de borrar.
Anna desde una atalaya en lo alto de la montaña vio todo el dantesco espectáculo, sacó de su mochila aquel pedazo de piedra, que siempre estuvo con ella y frotándola con sus manos sintió tanto poder  dentro de ella que quiso desear todo lo que le rodeaba. La montaña en unos segundos se desmoronó, no dejando rastro de una mujer que por ser ambiciosa, no quiso compartir la sabiduría de aquella piedra, pues fue mucho más malvada  que los que  querían arrebatársela.
Aquella mañana, al despertar Anna, se sintió rara, confusa, puso los pies descalzos en el suelo y entonces se dio cuenta de que la avaricia y la ambición no es ninguna utopía, pues se puede encontrar extendida entre los seres humanos de tal manera como se expande la peste. Entonces Anna al mirarse  al espejo, siente que no se reconoce y se pregunta:
 ¿Por qué tengo que compartir algo que me puede dar todo el poder del mundo?
Una sonrisa diabólica se dibujó en su rostro que parecía transformado.
Aquella piedra que ella cogió del suelo quizás no fuera tan benefactora cómo se suponía.
¿O tal vez había cogido del suelo una piedra equivocada?
 ¿Era ella la adecuada depositaria?
Aquella mañana mientras se dirigía al trabajo, una cornisa en mal estado se desprendió  por donde ella transitaba y una mano poderosa la hizo desviarse unos metros, aquella cornisa de piedra no era otra cosa que un aviso.
La piedra, sí tenía poderes, pues le hizo ver en sueños que el poder no es para enriquecerse.
Anna aquel fin de semana se acercó a la orilla del río Tajo y en un impulso tiró la piedra para que la custodiara, allí estaba segura que no la encontraría nadie.