lunes, 26 de julio de 2021

LECTURA

HOLA AMIGOS, OS DESEO UN FELIZ VERANO, Y PARA QUE TODO OS SALGA REDONDO, QUÉ MEJOR QUE TENER UNA LECTURA QUE HAGA VIBRAR, COMO EL DE PODER HACER  UN VIAJE INOLVIDABLE A TRAVES DE ESTAS DOS NOVELAS. TODO COMENZÓ EN MIELEC, Y UN AGENTE LLAMADO SCOTT. Y TODO, BAJO EL TENUE SOL DE UNA SOMBRILLA TUMBADO EN LA PLAYA.

TODO UN PLACER.

SOLO EN AMAZON, QUE LO PONDRA  EN BUESTRAS  MANOS  SIN NECESIDAD DE QUE TENGAIS QUE DESPLAZAROS PARA ADQUIRIRLOS.

QUE SEAIS FELICES.

CALERINA



martes, 20 de julio de 2021

Habitación nº 7


Después de guardar el último folio en la cartera, tuvo miedo de que todo fuera una trama bien urdida, que al parecer alguien, desaprensivo lo habían metido en aquel juego, eligiéndolo a él, cómo chivo expiatorio, pues habían puesto en sus manos unos documentos creyendo que el detective no lograría resolver el encargo,  puesto  que ignoraba que en aquel juego, le habían dado a él la carta más alta.

Ante estos pensamientos llegó a la conclusión, de que si alguien hubiera sabido de la existencia aquellos documentos que les fueron confiados, y cayeran en las sucias manos de personas poco escrupulosas, se podía desencadenar algo muy peligroso…Alexis, ante tanta responsabilidad, no podía pensar, por primera vez en su profesión se sentía incómodo y,-- pensó por unos segundos—que en sus manos podría estar un futuro que no se podía decir fuera venturoso, pero por el momento era algo desconocido.

Llaman a la puerta, antes de abrir recoge todos los papeles de la mesa, nervioso busca con la vista dónde esconder los documentos, los golpes de la puerta se hacían más insistentes, en un impulso se quita el cinturón, lo introduce por el asa  de la cartera, se sube a una silla, y lo engancha en uno de los laterales del riel  de la cortina que tapaba el balcón, que al ser doble le facilitó la ocultación, pasando, de esta manera, totalmente desapercibida la cartera.

Abre la puerta, mientras se cruza el batín simulando que acababa de despertarse, frente a él se encontraban los dos hombres que vio en la cafetería, uno de ellos lo empujó precipitándolo hacia el centro de la habitación, mientras el otro cierra la puerta de una patada, una vez dentro los dos hombres buscan con frenesí algo, por todas partes, pero no parecen estar satisfechos con esta búsqueda. Entonces uno de ellos saca una pistola pero en esos momentos, posa su mirada en la cortina, llamándole la atención un pliegue que le pareció sospechoso, la descorre, y descubre la cartera, sonríe satisfecho, pero, al bajar de la silla se deja caer la pistola, mientras tanto su compañero, con precisión  recoge todos los papeles de la papelera.

 El detective con agilidad se hace con la pistola recogiéndola del suelo, el hombre que se da cuenta intenta arrebatársela, pero Alexis ante esta situación aprieta el gatillo, y el hombre cae al suelo a plomo, mientras tanto su compañero apresuradamente coge el ordenador, saltando desde el balcón a la terraza del piso inferior olvidando la máquina de escribir que al ser antigua decidió dejarla donde se encontraba, por creer que estaba en desuso.

Alexis  al quedarse solo, piensa por unos segundos que hacer para salir de allí.

Entonces llama a recepción para que le suban algo de comer, poco después un camarero llama a la puerta, Alexis lo esperaba tras ella, de improviso, Alexis le asesta un golpe en la cabeza con la culata de la pistola, lo queda mareado, tendido en el suelo, entonces con la agilidad de un mago coge el mantel que cubre el carrito, que era de color azafrán, se envuelve en él; sale de la habitación, en el pasillo se cruza con el individuo que le pareció era un enano en ciernes, lo saluda con un leve movimiento de cabeza, pues con esa indumentaria parecía un santón budista encorvado, porque mientras caminaba hacia el ascensor rezaba en susurros. Una vez en la calle un coche le esperaba.

Entonces una voz que a Alexis le pareció metálica –le dijo—espero que hayas cumplido con cada una de nuestras instrucciones al pie de la letra, si es así, puedes considerarte desde este momento un héroe.

Solo cumplí con lo acordado—respondió  con un tono que denotaba desconfianza—mientras pensaba,  ¿de veras creen que esta misión, podía resolverla un simple detective cómo yo?

Entonces una voz de mujer que se hallaba en el asiento trasero del coche, habló, muy pronto sabrás del servicio que has hecho a la humanidad. Pero Alexis escucha  estas palabras con escepticismo.

De pronto una detonación se dejó oír en el hotel donde minutos antes se había alojado, la explosión hizo volar la ventana de la habitación número siete, quizás habían intentado matarlo.

En esos momentos ya se encontraban diez falsos militares, hombres de lo más belicoso he importantes los cuales habían reunido un ejército para defender unos intereses que sólo eran los suyos, estos delincuentes, sólo le interesaba el dominio y la sumisión bajo un mandato donde sólo podía predominaba el terror.

Una vez en la habitación del hotel, aquellos falsos policías, revisaban los documentos que se encontraban esparcidos por el suelo de la habitación,  ignorando que la documentación que creyeron encontrar, era falsa.

Era notorio que los documentos debían ser secretos, y sin ninguna infiltración. Alexis había hecho el trabajo más importante de su carrera como detective, siendo el solo y con su astucia hizo parar una inminente guerra que estaba dispuesta para que fuera efectuada en el mar.

Un silbido irrumpe en el coche que atraviesa la puerta trasera del vehículo, segundos después otro silbido pasa rozando la cara de Alexis, el coche ante el impacto de las balas, se bambolea, el chofer cae sobre el volante, Alexis mira hacia atrás, nadie se movía, el detective, con su astucia habitual, consigue hacerse con los mandos del volante hasta conseguir  pararlo, las dos personas que viajaban con él estaban muertas, les había alcanzado un balazo,  un balazo que quizás estaba destinado para él.

Antes de que llegaran los curiosos para ver qué pasaba, decide bajar del coche, un ruido inesperado le hace volver la cabeza. eran los dos camareros que la noche anterior le sirvieron en la cafetería del hotel. Entonces y sin más con una pericia propia de un pistolero, sacó la pistola, apretó el gatillo, el tiro fue certero, entrándole  en el vientre  de uno de ellos, que le hizo caer fulminado hacia un lado.

Entonces salió del coche como si no hubiera pasado nada, mezclándose con los curiosos, y en posesión de los documentos, y junto con el de color azul, que anteriormente había guardado en su bolsillo.

Dos días después un cadáver apareció en la playa, era una mañana de hastío, unos niños jugando encontraron unos papeles mojados de color azul, no pudieron leerlo, las letras al estar mojadas se habían distorsionado.

Desde ese momento, las aguas del Atlántico y del Mediterráneo, podían estar tranquilas pues nada les perturbaría; a excepción, y con certeza el mar seguiría acunando festoneando la orilla con sus olas, para mecer  las barcas de los pescadores.

Nunca de dio a conocer el nombre del cadáver encontrado en una escondida bahía.

FINAL  

 



sábado, 10 de julio de 2021

Habitación nº 7

 

Después de permanecer una hora en aquella habitación del hotel,  Alexis detective privado de profesión, aquel día no sabía por dónde empezar, su ordenador, seguía guardado en su estuche acolchado de piel, a su lado, encima de la mesa, una antigua y arcaica máquina de escribir desfasada.

 Esparcidos por la pequeña mesa del escritorio del hotel, había documentos que debía analizar con premura,  éstos contenían una especial información que podía modificar el rumbo de la humanidad en el caso de que estos objetivos fueran cumplidos en la fecha indicada.

Aquella tarde,  y después  haber ojeado algunos de los documentos, uno de ellos hablaba de una eficaz idea que debía desarrollarse en un hipotético mar, en ese momento le pareció un tanto sospechoso al  no mencionarse el  nombre de dicho mar en el documento, pero, en uno de los laterales de dicho documento, pudo comprobar que había una anotación, tal vez olvidada en uno de los laterales, que se podía leer con una letra en miniatura Mediterráneo.

Alexis por unos momentos no sabe que pensar de todo aquello, él no era militar, ni tan siquiera había sido aceptado en el ejército motivado por padecer una leve cogerá debida a unas fiebres en su infancia. Aquel encargo, le hacía sospechar que no sería para él nada fácil resolver como investigar, ni tan siquiera  que  pudiera   llegar a buen término, dado que el caso, y por primera vez en su profesión, le era totalmente desconocido.

Suena el teléfono, lo coge con desgana, sí, y esperó expectante unos segundos.

Al otro lado un silencio significativo, cuando decide colgar, una voz femenina le hace paralizarse cuando dijo, si escarbas demasiado en ese fango en el que te has metido, puede que tengas una sorpresa—por cierto—muy poco agradable, el clic del teléfono sonó en sus oídos como si le hubieran asestado un bocinazo dentro del tímpano.

Poco después, y cuando se tranquilizó, volvió a la tarea de la clasificación de los folios, entonces inesperadamente uno de ellos cayó al suelo, lo recoge, pero enseguida  se percató de que era de un color diferente al resto de los otros documentos, lo lee con especial atención, allí en sus anotaciones se podía leer algo parecido a unas galimatías que no lograba descifrar, la luz de la habitación en esos momentos empezó a oscilar a pequeños intervalos viéndose inmerso en una situación rara  entre la luz y las sombras.

Alexis  pone el documento de color diferente bajo todos los demás, y preso de mal humor sale de la habitación para saber qué pasaba con la luz, mira a un lado y a otro, pero el pasillo se encontraba con la  luz encendida como siempre, pero desierto, antes de cerrar la puerta, percibe que su habitación era la única que se encontraba a oscuras, se sube a una silla  y comprueba que se trataba que la bombilla estaba floja, la enrosca, y poco después con la luz encendida, se relaja.

Ya habían pasado dos días desde que comenzara el trabajo, y faltaba poco para ver  un resultado del que no tenía ni idea, pues por el momento era un misterio para él.

 Una vez hubo terminado de leer estos documentos, se fuma un cigarrillo, y mirando las volutas de humo pensó que lo que había sacado en conclusión era, que todo parecía haberse  escrito por un guionista de cine, donde la intriga y el enredo era el centro de la trama.

Alexis coge aquel folio de color diferente, y lo mete entre los documentos, después de haberlos leídos con escepticismo, pues allí se exponía con aparente detalle la identificación y grado de un militar que adjuntaba una foto tamaño carnet de mala calidad, en la cual, y en la pechera de la guerrera lucía muchas condecoraciones que no eran muy aclaratorias.

Alexis se preguntaba ¿Pero por qué tantas medallas?

 ¿Estaría la foto trucada?

 Se encontraba tan absorto mirando aquella foto para saber a qué ejercito pertenecía aquel militar, que no oyó cómo tras el tabique de su habitación se había formado tal trifulca, que casi estuvieron a punto de derribar la pared.

Eran las once de la noche y aún no había probado bocado desde el desayuno, sale de la habitación, se dirige a la cafetería del hotel, pide un plato combinado que come con apetito, dos hombres charlan en la barra, por su forma de comportarse  parecían estar acordando algún negocio. Una vez terminada la fugaz cena, sale de la cafetería,  se dirige al ascensor, un hombre paticorto y con brazos fuertes parece esperar a que entre con él en el ascensor; Alexis duda unos momentos si subir o no con él, pero acepta pues  no se encontraba en su manera de pensar que ningún temor le dominara, cuando llega a su piso, el hombre paticorto al darle las buenas noches le dice de sopetón.

 ¿Ocupa por casualidad la habitación número siete? Alexis por unos instantes le tiemblan las piernas.

Una vez en la cama su reloj de pulsera marcaba las seis de la mañana cuando el sueño le rindió convencido de haber descifrado algo de toda aquella trama; pero por su  olfato de investigador seguía dudando de todos aquellos documentos, pues quizás no eran tan fiables cómo intentaban aparentar serlo.

SEGUIRÁ




viernes, 25 de junio de 2021

Semáforo

SEMÁFORO

 

 

 

Hacía tiempo que no se encontraba tan relajada, vivía dónde siempre había querido vivir, era un apartamento pequeño pero elegante lo había decorado con su sello personal, se encontraba ubicado en un antiguo edificio en el centro de la ciudad, frente a su ventana a la que tanto le gustaba asomarse se encontraba un gran parque sembrado con mucha variedad de plantas donde los abetos daban  sombra  a los paseantes, también plataneros y muchas más especies de árboles.

Aquella tarde en que Anna se encontraba asomada a su ventana parecía encontrarse mejor que nunca, mirando la calle se sentía feliz, sobre todo al saber que no formaba parte de aquel colectivo que caminaba con frenesí, y que pasaba sin cruzarse las miradas, ni tan siquiera notando cómo se rozaban sus brazo a modo de codazos, y todo este frenesí—pensó Anna-- es tan sólo para llegar al paso de cebra unas décimas de segundos antes que el semáforo se pusiera en rojo.

Anna se mira las manos, sonríe, su sonrisa era ambigua, cómo casi todo lo que  había hecho en su vida, su edad también era ambigua, unas veces aparentaba tener menos edad de que en realidad tenía, pero cuando llegaba para ella el temido invierno, su aspecto cambiaba, hasta llegar a ser tan diferente que ni ella se reconocía.

Hacía unas noches que no cesaba de tener pesadillas una tras otra, por la mañana al levantarse algunas veces, ni siquiera se atrevía a asomarse a su ventana.

Una de esas noches de tenebroso insomnio en un impulso se levantó de la cama, atreviéndose a salir a la calle, atravesó el paso de peatones y, se adentró en el parque; la brisa era desapacible, la copa de los árboles se mecían, los rosales Gladiolos y, las Dalias parecían despertar a su paso para mirarla, la gravilla que rodea a los parterres al ser pisada, crepitaba bajo sus pies.

Un resbalón inesperado le obliga a sentarse para descansar en uno de los bancos del parque, allí todo era silencio y soledad, pues no había nadie que corriera hacia el paso de cebra para coger el semáforo en verde.

Se levanta del banco cuando ya empezaba a amanecer, y el jolgorio de los trinos de los pájaros que empezaban a despertar, la pusieron de mal humor.

Y antes de regresar a su precioso apartamento decide dar un rodeo, solo para pararse en cada uno de los postes que sostienen los semáforos que encuentra en su camino.

Poco después entra en su casa, se toma una taza de café. Se acomoda cómo solía tener por costumbre ante la ventana, una ventana por donde cada noche y cuando la gente descansa,  tras los cristales se podía apreciar un suave aleteo que desprendía un aura granate.

Anna aquella mañana se encuentra distraída viendo como cada día aquel frenesí de idas y venidas de gentes ocupadas, un golpe a chapa machacada hace que los viandantes se olviden de sus prisas para volver las cabezas con curiosidad, un autobús urbano se había llevado por delante el maletero de un coche mal aparcado; los dos conductores emprenden una acalorada discusión  hasta ver llegar a un policía, de nuevo se hace oír un golpe que parece una explosión, que hace que el flujo de gente se pare en seco, olvidando por unos minutos que llegaban tarde a sus puestos de trabajo.

De pronto los encontronazos de coches se suceden, formándose un terrible caos, las gentes, no cesaban de correr desorientados pues al caos se sumó el sonido de las sirenas de los coches de policías, mientras tanto no cesaban de llegar más y más policías, ahora eran los motorizados. Por el reloj del parque los minuteros marcaban las diez de la mañana, pero ya nadie corría ni miraban sus relojes, las horas pasaban y todos olvidaron que tenían que ir a sus puestos de trabajo a tiempo. Siguen llegando vehículos de los servicios del Ayuntamiento, grúas para retirar los coches siniestrados, ambulancias, ante todos estos ruidos se sumaron las bocinas de los coches de los conductores que sin saber qué pasaba, cabreados no dejan de clamar vía libre para seguir circulando.

Estaba llegando la hora de comer, pero la aglomeración parecía estar en su más álgido momento, los conductores se bajaban de los vehículos  dejándolos abandonados, ya nadie pensaba en ir a trabajar, también era imposible transitar por las aceras al estar repleta de mirones.

De pronto el parque se llenó de improvisados paseantes, las rosas abrieron sus pétalos para obsequiarlos con su aroma para que no se sintieran tan desesperados, la brisa que mecía las copas de los árboles, desprendían su sabia sobre ellos, haciendo de benefactora calma.

Anna inmutable sigue mirando tras su ventana. Pero algo de repente cambió, los árboles del parque se encresparon con una gran agitación, el viento empezó a ser virulento que presagiaba una tormenta.

Anna distraída con aquel acontecimiento, de pronto nota que se impacienta, pues creyó haber oído pasos ante su puerta, se acerca, miró tras la mirilla, y entonces vio el reflejo de una luz que supuso podía ser de una linterna.

Mira de nuevo, se detuvo unos instantes para contemplar aquel rostro…aquel, rostro… suspiró profundamente, pero no por eso flaqueó

Poco después reacciona, y entonces supo el por qué, de hizo lo que hizo, pues había seguido las pautas de aquel hombre que le robó la voluntad y su energía, que son aquellas que trasmiten los sentimientos. Y supo desde que miró tras la mirilla que ya no estaba perdida. Se encontraba justo en medio del bien y del mal.

Se asoma de nuevo a la ventana, abajo seguía aquella locura sin razón que a veces invade al ser humano ante lo que se ignora, pero de repente todo cambió cuando  Anna de nuevo y mirando tras su ventana, pulsó un interruptor que hizo que de nuevo funcionaran los semáforos.

SEGUIRÁ




martes, 15 de junio de 2021

Neva

 ¿Pero qué era todo aquello?

Cuando Anna miraba desorientada aquel entorno, una garganta profunda, invisible—le dijo—yo soy una sombra que te sigue, Anna se quedó casi sin aliento, entonces, y sin pensarlo comenzó a correr desesperadamente por aquella plaza…..no podía ser, no se parecía en nada a la plaza Roja, que ella había visto en muchas publicaciones donde se hablaba de Moscú, Anna  recuerda el sinónimo en ruso que quiere decir , “bella” pero allí no se veía ninguna belleza, solo desolación, y gritos de desesperación.

En la cabeza de Anna empezó a bullir como en una hoya a presión episodios pasados que creyó que no le eran ajenos. Recuerda mientras corría hacia la nada, que todo aquello que estaba viviendo transcurrió en los siglos XVIII, Y XIX, en el que el hombre pudo al fin abrir su mente  a las nuevas tecnologías, mecanización, y un conjunto de  inventos científicos de unos cuantos ingenieros, entre ellos se encontraba un español llamado Agustín de  Betancourt que creó máquinas increíbles, y que viajó por muchos países para importar su reciente tecnología. Este ingeniero, terminando sus días en Rusia, al ser requerido por el Zar  Pedro I.

Agustín de Betancur fue requerido por el Zar para que lo acompañara al litoral del golfo de Finlandia. Para proponerle apenas llegar a Moscú, que deseaba que en una pequeña isla que se hallaba en la desembocadura del río Neva, se fundara una nueva ciudad que sería la nueva capital de Moscú, y que le pondría por nombre de San Petersburgo. El Zar le propuso a Betancourt que fuera el  arquitecto de su magno capricho, pues odiaba con todas sus fuerzas Moscú.

Pero aquella región donde se encontraba el río Neva tenía un grave inconveniente, era pantanosa y de clima insalubre. Cuando comenzaron las obras, Agustín de Betancourt, y aun a pesar de los enormes sacrificios de los hombres que morían cada día, tuvo que reclutar  a la fuerza, a campesinos y a obreros  por todo el imperio ruso. Cuando al fin se terminó la ciudad muy similar a la de Ámsterdam; que ese era el deseo del Zar.

Anna seguía corriendo sin entender que le estaba pasando, sus pies se movían inseguros al pisar los troncos flotantes que constituían la cimentación de una ciudad que clamaba justicia para sus muertos. El barrizal se convirtió en una ciénaga intransitable, pero Anna no podía echar marcha atrás, las casas de madera flotaban hacia el mar, uno de los troncos era llevado a gran velocidad por la corriente, estos troncos llevaban cadáveres adheridos a la madera como lapas, al igual que circulan las ballenas  por el mar.

Anna mirase donde mirase todo eran lamentos ¡Estaría atravesando el purgatorio! pero ella no era Virgilio ni Dante, ni tan siquiera estaba enterada de que hubiera hecho nada que fuera pecado, no tenía nada de qué redimirse, ¿Pero por qué había perdido la esperanza? Le pareció extraño que allí en aquel purgatorio que a Anna le pareció lo más profundo del infierno se encontrara  a tan  famosos poetas.

 ¿Poro de que los conocía ella?

Anna en medio de aquella ciénaga, había conocido por primera vez el purgatorio, pero también supo  que estuvo muy cerca de haber caído en el infierno, solo le faltó un ápice para entrar en el valle dónde se encontraba su otro yo… ¿Qué  le decía a ella el nombre de Agustín de Betancourt? pues no entendía el por qué se encontraba en esos momentos hablando en las mismas puertas del purgatorio, ni `porqué  hablaba con uno de los guardianes, y que este le pidiera indicaciones de su alma. Anna, poco después, se creyó libre de todo pecado al encontrarse de nuevo en la Plaza roja de Moscú, admirando de forma muy particular su grandiosidad.

 ¿Sería ese el Edén?

No olvides, le decía su conciencia, que ninguno de los actos que puedas hacer buenos, o malos, se quedan por pagar, es una factura intransferible. Anna desde ese momento recapacitó, ella no tenía nada de que reprocharse, ella nunca llevó el apellido Betancourt.

 ¿O  ese apellido Betancourt había desaparecido de su genealogía?

Pero, ¿Quién era Natacha?

Un destacamento de guardia se aproximaba a ella, que hacía vibrar el suelo con los cascos de sus caballos, de repente Anna es obligada a montar, una vez en el lomo del caballo empezó a sentir cómo su montura comenzaba a agitarse y tuvo que apretar los muslos y aferrarse a las riendas para no caer, y esperar a que pasara la comitiva que le predecía.

 ¿Quiénes eran los que formaban aquella comitiva? entonces Anna inspiró profundamente.

Unos años después, Anna regresa a Rusia en calidad de investigadora, una vez dentro del palacio de invierno de los zares recorrió las estancias como su fuera una turista más, al llegar a la galería de los retratos, su corazón se paró de golpe, allí estaba la que supuso era Natacha, pues al encontrarse frente a ella, y de la miraba que le prodigó desde aquel óleo, fue cómo si le estuviera desnudando su alma. Entonces supo que la estaba invitando a que entrase en el salón contiguo, Anna, se dirige hacia donde le indicaba aquella mirada, pero cuando empuja la puerta, asombrada pudo ver que en el fondo de aquel salón y, junto a una de las  ventanas por donde se podía ver el helado río Neva se encontraba su abuela, que charlaba animada con alguien que parecía un espectro, Anna no creyó lo que estaba presenciando, pero alguien, se acercó a ella para decirle, Natacha has tardado mucho en venir, ahora te toca a ti quedarte en este palacio, pues tu bisabuelo hizo ésta estancia pensando en que tu vivieras en él eternamente, sí, no dudes, tú eres  Natacha.

Pues éste es tu mausoleo. Anna se tapó los oídos con las manos pues allí se habían concentrado todas las agonías de aquellos hombres que hicieron posible el capricho de un zar, pues sin saberlo ella debía purgar al  llevar en sus venas la misma sangre de un hombre que fundó unas de las ciudades más bellas, del mundo.

FIN

 




martes, 8 de junio de 2021

Neva 1º parte

 

Anna residía en Cáceres, su edad era, se podía decir indefinida, pues no aparentaba más de veintitantos años:

Una mañana, recibe una carta que le sorprende al leer el nombre del remitente que le era totalmente desconocido para ella, había sido enviada desde Moscú, la remitente era una mujer llamada Natacha.

Anna rasga el sobre con curiosidad y, comenzó a leer la misiva.

Querida Anna:

No sabes cuánto me ha alegrado la noticia de saber que me vas a visitar en breve, te mostraré todo lo que te pueda interesar de Moscú. Pero debo decirte que desde que nos vimos aquella noche de ferias en una caseta cacereña que, por cierto bebimos hasta perder el equilibrio, confieso, que no tenía ni idea de que te acordaras de mí; a lo que se refiere a la capital moscovita; en todo caso me siento complacida de ser tu anfitriona, creo que hay demasiadas cosas en este país que “quizás” tu desconozcas.

Con mis mejores deseos, que tengas un feliz y agradable viaje.

Con afecto.

Natacha.

Anna perpleja  lee y relee aquella carta totalmente incrédula, las señas no estaban equivocadas, el nombre era correcto, la dirección escrita correctamente.

En unos momentos sin razón aparente Anna se olvida de la carta, tirándola a la papelera que tenía bajo la mesa de su escritorio.

Al día siguiente y mientras tomaba su segundo desayuno con una compañera de trabajo (por hablar de algo) le comenta la carta extraña que había recibido desde Moscú.

Su compañera de trabajo—le dice—y me dices que no conoces a la remitente.

No, para nada, pero la verdad no siento inquietud alguna, pues me ha parecido que está escrita en tono de amistad.

¿De veras no tienes idea de quién pueda ser?

No, por esa razón me parece un tanto extraño.

Cuando a las cuatro de la tarde llega Anna a su apartamento, abre el buzón como tenía por costumbre, y de nuevo fue sorprendida con otra carta que era de la misma remitente, al entrar en su apartamento, la deja encima del mueble de la entrada olvidándola.

Después de prepararse una taza de café, se acuerda de la carta, se dirige al recibidor y la coge, en esos momentos, no pudo descifrar los sentimientos que le produjo el tenerla en sus manos, tal vez pudo ser indignación lo que sintió por saberse implicada en algo que no tenía ni idea, pero también sintió curiosidad por saber qué era lo que guardaba aquella invitación que tan cordialmente le hacía una desconocida moscovita.

Querida Anna:

Solo unas letras más para decirte  que es un honor para mí y mi familia el que por fin hayas decidido viajar a este mi país precisamente en el mes de Agosto; creo que has elegido bien, pues en invierno es casi imposible transitar por la acumulación de nieve que hay en las calles añadiéndole el frio intenso al cual sé que no estas acostumbrada, añadiendo por esa fecha otro inconveniente que hay que sumar que es el intenso tráfico, aunque de eso no te debes preocupar, pues disponemos de una extensa red de metro que sin duda tendríamos que coger; de todas formas puedes venir cuando lo creas conveniente.

Mis mejores deseos.

Quedo a ti disposición.

Natacha.

Anna con la carta en la mano, de pronto, tuvo una negación de la realidad.

Se detuvo unos momentos en el pasillo antes de entrar en su pequeño estudio, en un impulso, de dos zancadas se puso ante su mesa de trabajo, y se dispuso a buscar la primera carta que había recibido el día antes, pero no la encuentra, desolada no recuerda haberla tirado a la papelera, la mira, pero la papelera se encontraba vacía.

Aquella noche le invadió una terrible inquietud no pudiendo pegar ojo en toda la noche, en el insomnio, su cabeza empezó a cernir  una gran incertidumbre que parecía hacerle de imán, un imán que la incitaba a aceptar aquella insólita invitación.

Por la mañana se encontraba extenuada ante el insomnio sufrido, se levanta de la cama con desgana, y al poner el pie en el suelo siente que se encuentra débil de cuerpo y alma, y empezó a dudar de todo lo que le rodeaba, achacando todo su mal a aquellas dos cartas que había recibido; algo le pasó, que de repente se vio que con precipitación era conducida hacia un purgatorio desde donde se podía ver el infierno.

Anna se horroriza ante los recuerdos de uno de los pasajes de la novela de La Divina Comedia, ¿estaría acercándose al infierno?  Pero en esta travesía no tenía a nadie que le acompañara, ella no era Dante, ni tampoco Virgilio, porqué ella, precisamente ella, caminaba por laderas escalonadas y redondas atravesando el purgatorio.

Sin apenas saber qué era lo que hacía, decidió averiguar quién le había escrito aquellas misivas que habían desconcertado su vida, pues se veía atrapada por un ente invisible.

Poco después se encontró conduciendo su pequeño utilitario hacia el aeropuerto-- Madrid Barajas  Adolfo Suarez-- para embarcar rumbo a Moscú.

No supo cómo pero de repente se encontró en una plaza rusa lo supo por el idioma, allí en aquella plaza que le pareció inmensa, se encontraban carros amontonados, llenos de mercancías para vender recién traída de los campos los labradores, algunos se encontraban llenos con sacos de heno, verduras, animales en venta, todo cabía en aquella enorme plaza.




sábado, 15 de mayo de 2021

El descibrimiento

desconocido, por lo tanto peligroso de manipular por inexpertos, la cual solo se  debía manejar  en  caso extremo, y solo por un experto según las circunstancias y el propósito del que la manipulara.

Anna aquella noche antes disponerse a descansar ya tenía preparada  una estrategia a seguir, pues supo que tan sólo tenía que enfrentarse a tres hombres, que estaba segura no dominaban aquellos parajes y, además se encontraba con ellos la cursi de su compañera.

 Al alba, Anna es la primera en aparecer por el único comedor que había en el poblado; bebió un sorbo de café muy caliente y, cuando se disponía a subir a la montaña, al salir del albergue, ve a los cuatro esquiadores subir ufanos la montaña dónde “ella” casualmente tenía previsto esperarlos en la cima. Una vez arriba tendría un encuentro que de antemano estuvo preparado por Anna, en lo más alto de la montaña.

Una vez arriba, para su compañera de laboratorio el verla fue una sorpresa inesperada, no obstante el encuentro entre las dos mujeres fue efusivo, entonces Anna aprovechando la favorable coyuntura, con gran amabilidad se brindó para enseñarle nuevas rutas por donde podían disfrutar de paisajes maravillosos; todo el grupo aceptó encantado, y se acercaron a ella para escuchar su propuesta, que, Anna al ver su disponibilidad, que sabía estaba concebida con inocencia fingida, entonces les propone un juego divertido haciéndoles creer que con este juego conseguirían que la adrenalina les subiera a tope al ser deslizados por la ladera que ella les propuso.

Anna se encaja en la espalda su mochila, a sabiendas  de  las intenciones de sus casuales compañeros de ruta, entonces observa que entre ellos había una mueca irónica de complicidad que aparentemente parecía una sonrisa, entonces la que tenía el apodo de “pija” le dijo, ¿piensas ir con esa pesada mochila? Parece que la has cargado demasiado; ---contestándole Anna---, no te preocupes no pesa nada, pues todo lo que traje metida en ella lo he tenido que tirar, al parecer no supe que los alimentos enlatados también se estropeaban cuando son manipulados.

 Todos la miraron como si fuera un cordero a punto del sacrificio.

Suben uno tras otro a la cima, desconociendo que se alejaban demasiado de la ruta por donde habitualmente transitan los esquiadores, de pronto se levanta una ventisca, el frío se empezaba a sentir intenso, la nieve se volvió dura, una vez arriba había que ser muy ágil para hacer un buen descenso con la nieve en esas condiciones. Deciden regresar aunque aún quedaba al menos dos horas para la puesta de sol.

Anna solícita, les indica a sus compañeros el punto donde reunirse, todos aceptan, uno de ellos masculla, ya estoy harto de tanta comedia, había que quitársela de en medio cuanto antes. El frío parecía haberse aliado con el viento, y dijo uno de ellos lamentándose por haber ido hasta allí, este tiempo no es nada bueno para mis huesos.

Poco después todos se encontraban al amparo de un bosque de coníferas, pero uno de ellos se da cuenta de la ausencia de Anna,  impacientes la buscan con la mirada, ella debía estar allí, pues había llegado el momento que tanto habían esperado. El viento cada vez más virulento, hacía agitar las ramas que dejaban caer la nieve dura sobre ellos, que hizo que tuvieran que taparse lo poco de cara  que tenían al descubierto con las manos.

De repente se empezó a oír como pisadas precipitadas de animales que hacían temblar el suelo, que por su estruendo parecían huir de algo, cuando quisieron darse cuenta de lo que estaba pasando un alud de nieve iba hacia ellos con la intención de sepultarlos, ante la catástrofe que se avecinaba, una manada de lobos hambrientos se dirigían hacia el bosque para refugiarse; entonces y el en el encuentro, de hombres con fieras, se formó una gran pelea que terminó en una terrible sangría que la nieve se ocupó de borrar.

Anna desde una atalaya en lo alto de la montaña vio el dantesco espectáculo, entonces  saca de su mochila aquel pedazo de piedra, que siempre estuvo con ella, y  frotándola con sus manos sintió tanto poder dentro de ella, que quiso desear todo lo que le rodeaba, la montaña en unos segundos se desmoronó, no dejando rastro de Anna, aquella mujer que por su ambición desmedida, no quiso compartir la sabiduría de aquella piedra, pues sin dudas fue mucho más malvada  que los que  querían arrebatársela.

Anna aquella mañana al despertar sintió que tenía un sabor amargo en la boca, se sentía rara, confusa, pone los pies descalzos en el suelo y, entonces al notar el frío del duro suelo, se dio cuenta de que la avaricia y la ambición no es ninguna utopía, pues puede encontrarse extendida entre los seres humanos de tal manera, que puede llegar a expandirse como la peste. Entonces al mirarse  al espejo, siente que no se reconoce, y se pregunta.

 ¿Por qué tengo que compartir algo que me puede dar todo el poder del mundo?

Una sonrisa diabólica se dibujó en su dulce rostro que parecía transformado.

¿Acaso aquella piedra que ella cogió del suelo, era tan benefactora como supuso en sueños?

¿O tal vez había cogido del suelo una piedra equivocada?

¿Acaso  ella no era la adecuada depositaria?

Aquella mañana mientras se dirigía al trabajo aún se encontraba confusa, una cornisa en mal estado se desprendió de una fachada por donde ella transitaba, una mano poderosa le hizo desviarse unos metros, aquella cornisa de piedra no era otra cosa que un aviso.

Entonces pensó que la piedra, sí tenía poderes, pues le hizo ver en sueños que el poder no es para enriquecerse sino para beneficiar a aquel que lo necesita.

Anna aquel fin de semana, al levantarse se montó en su coche y salió de Cáceres, en media hora se encontró  mirando el río Tajo desde la orilla, en un impulso tiró la piedra, pues sabía que el río la llevaría al mar, allí estaba segura que no la encontraría nadie…FIN