miércoles, 7 de septiembre de 2011

La Inglesa (I parte)

Después de buscar paisajes paradisíacos y no encontrar nada que me satisficiera, salí de la carretera y aparqué mi coche junto a una vereda cercana a la sierra de las Villuercas cacereña que se me antojó prometedora, subo el estrecho y serpenteante camino flanqueado por una pared de piedra, repleta de cantos sueltos que al pisarlos producían un polvo que llegaba hasta las fosas nasales, haciendo que estornudase con frecuencia.
Con mi transistor a cuestas escuchaba abstraído la radio, conmovido por las noticias impactantes por su magnitud de catástrofe, que estaban sucediendo en una ciudad andaluza. Tropiezo con una piedra suelta, más grande que las demás que iba esquivando, fue el choque tan virulento, que la puntera de mi bota se despegó.
Busco algo para arreglar el desaguisado y poder seguir andando y cojo una tira vegetal que estaba a mi alcance y cuando estoy en la tarea de la reparación de la bota, un silbido agudo penetra en mis oídos que me estremece, en esos momento siento como si se me parara el corazón, allí delante de mi a unos escasos metros dos enormes culebras, negruzcas, estaban enroscadas verticalmente. Se estaban apareando.
Los animales al ver interrumpido su coito silban de modo aterrador, la sangre se heló en mis venas, cuando sus punzantes ojos me miraron inquisidores.
Mi teléfono sonó inoportuno y las dos fieras no quitaban sus ojos de mi persona, quería salir corriendo pero mis piernas no me respondían, el terror me tenía paralizado, eran las dos demasiado grandes y el camino muy estrecho, la pared de piedra me asfixiaba.
Un conejo salvador cruza la estrecha calleja saltando de pared a pared, las dos bichas salen tras el y con la rapidez del rayo una de ellas se lo traga, hinchándosele el vientre como si estuviera preñada.
Mas tarde desasosegado y nervioso llego a la cima… y oteando el horizonte, pienso que ha valido la pena la penosa subida. Lo que desde allí se divisaba era exactamente lo que yo necesitaba para mi trabajo de fotógrafo panorámico.
Me tumbo a descansar en la mullida alfombra de flores silvestres y separo las ramas que me impiden más amplia visión y observo atento lo que la floresta tenía oculta con tanto celo me pongo en pié de un salto y se podía ver un gran árbol que protegía con sus anchas hojas una choza hecha de ramas hojarascas y cartones.
Entusiasmado con la belleza que me brindaba la naturaleza saco mi atril y coloco el teleobjetivo sin reparar en una hermosa mujer vestida con harapos, que me miraba con curiosidad, tras ella tres niños desnutridos como ella se esconden entre las piernas de su delgada madre.
Me presento y ella me contesta con acento inglés, replicando a mi saludo, con voz inquisitoria pero a la vez amable me pregunta ¿Qué es lo que hago en su casa?
Mi sorpresa me deja sin habla, sus modales refinados y su belleza me desconciertan ¿Qué es lo que podía hacer una mujer educada en plena montaña y con tres niños pequeños?
Cuando me calme, le comento que estaba haciendo un trabajo para mi revista, no se sorprendió, solo me pidió que no la fotografiase ni a ella ni a los niños. No quería que nadie supiera que estaban allí.
Les pregunte por curiosidad que donde estaba su casa y alargando el brazo me indicó la chabola que antes descubrí hecha de ramas hojarascas y cartones, una cabra guardaba la entrada atada al árbol que los protegía del sol ardiente extremeño, unos cuantos bidones oxidados llenos de agua era todo su patrimonio.
Simpatizo con ella y hablamos en ingles que domino a la perfección después de estudiar durante dos cursos en un colegio de Irlanda.
Obsequio a los niños con golosinas que llevaba en mi macuto y la hermosa mujer se relajó
A raíz de su relajamiento, todo fue saliéndome según mis deseos, el motivo por el cual, una mujer había elegido vivir casi a la intemperie en una montaña inhóspita donde el aire azota sin piedad, y en absoluta soledad, con hijos pequeños a merced de las inclemencias del tiempo y el peligro de animales en estado salvaje
Cuando de repente, la señora se sienta en una pequeña roca y mirándome, su voz sonó de repente de modo gutural, como si algo la obligase a relatar su triste historia.
Yo soy inglesa comenzó a hablar, (mientras los tres niños juegan a perseguir un gazapo de conejo pequeño) y me tengo por una persona sensata ¡replicó! pero no creo que sea por vivir recluida en esta montaña, he tenido que someterme desde que estoy aquí a una severa disciplina que me hace aprender a tener buen juicio y paciencia.
De todos modos si quiere que le cuente la historia de mi vida, lo mejor será que de un salto atrás de dos años
Cuando estaba en mi tierra vivía en una mansión Victoriana heredada de mis abuelos maternos, todo era felicidad en mi matrimonio, éramos la pareja perfecta mi marido y yo nos quisimos con locura, teníamos tres hijos maravillosos, pero una mañana y cuando la niebla empezaba a levantar, mi esposo y yo desayunábamos como era habitual, cuando una llamada de teléfono hace que mi marido palidezca al oír el comunicado.
Sale con el teléfono en la mano del comedor y se dirige corriendo hacia la alcoba volviendo a entrar en el comedor con un portafolios en la mano ¡yo no entiendo nada! me ordena con voz imperativa que recoja todo lo de valor que se pudiera meter en un bolso de viaje, y sin mas explicaciones me dice que levante a los niños que se encontraban dormidos en la cama. Tenemos que salir de viaje inmediatamente, yo acaté sus órdenes igual que un soldado a su capitán.
Cuando estuvimos listos los niños y yo con mi maletín de mano en donde llevaba las joyas heredadas de mis padres.
Empezamos nuestra nueva vida en un coche de alquiler dejando en el garaje nuestro flamante Jaguar.
Así recorrimos muchos kilómetros, cambiando de coche constantemente.
Mi locura febril por no saber que estaba pasando me hizo enmudecer.
Viajamos hasta llegar a la estación de Heathrow, donde sacamos un billete de tercera para no llamar la atención. Cuando nos acomodamos en el vagón el olor a pescado y a humanidad era insoportable, unos hombres a nuestro lado comían con devoro un bocadillo que rezumía grasa amarillenta, el viaje fue rocambolesco.
Poco después en un aeropuerto de provincias que no puedo recordar su nombre embarcamos rumbo a Paris aterrizamos en el aeropuerto de Pompidou.
En Francia mi marido pareció tranquilizarse en el transcurso del tiempo que duró el viaje, desde Londres hasta Paris fue para mi una semana eterna pues no cruzamos ni una docena de palabras.
Los niños se abrazaban asustados -son tan pequeños-.
Ya en Paris buscamos en una agencia inmobiliaria un pequeño apartamento en un barrio discreto.
Al fin teníamos una casa sin ruedas decían los niños alborozados.
Y conseguimos el sosiego que tanto deseaba. Mientras mi esposo salía de casa por las mañanas y aparecía al anochecer, yo me encargaba de educar a los niños.
El dinero de la venta de las joyas empezaron a escasear y decidí escolarizar a los niños para poder buscar trabajo decidida cogí un autobús que me llevo a la calle Clorungo en Sain Queen en el distrito dieciocho y allí encontré un enorme rastrillo llamado Las Pulgas. No me fue difícil encontrar trabajo en una casa de anticuarios - en ese momento me alegre de mi licenciatura en arte - me admitieron de prueba por unos días hasta ver como se me daba el trapicheo de comprar y vender.
Todos los domingos por las mañanas me metía en el ensordecedor bullicio de ese maravilloso mercado.
Disfrutaba mucho de mi nuevo trabajo vendiendo mercancías tan peculiares que yo estaba asombrada aprendiendo a vender hasta las cosas mas extrañas he inimaginables.
Empecé a ser feliz de nuevo.
Una tarde mi marido entro en la casa en estado de shock, explicándome no sé que cosa extraña que como siempre no explico con claridad, y salimos de nuevo corriendo sin saber adonde ir y emprendimos de nuevo la huida a no sabíamos donde. En la escapada paramos a comprar un coche en un concesionario de coches usados, compramos uno viejo y destartalado, barato, por mediación de los amigos que había conocido en el mercado de Las Pulgas.
Por la mañana emprendimos una nueva ruta atravesando los Pirineos camino de España, con mucha dificultad por las intensas nevadas que cayeron por aquellos días.
Por unas carreteras estrechas y accidentadas, pero de bello paisaje impresionable.
Llegamos a Andorra, todo era precioso pero el clima frío nos hizo desistir de quedarnos y además era pequeña la población y no podíamos pasar desapercibidos.
Y así seguimos nuestro deambular. Siempre por carreteras secundarias.
Yo no sabía ni me atrevía a preguntar ¿Qué pasaba?
Solo me reconfortaba el pensar como había sido mi vida anterior, de despilfarros cenas multitudinarias, viajes, criados, joyas, mi casa….
Todo pertenecía al pasado, pero me consolaba el haberlo disfrutado con alegría, hasta que llego ese fatídico día en el que sin saber el porqué empezó nuestra huida hacia lo desconocido.

domingo, 28 de agosto de 2011

La Dama (IV Parte y final)

Y decidió confiar los secretos de su alma.
Se arrodilla ante ella y esta la obsequia con una sonrisa que dibuja su boca perfecta.
No sabe el tiempo que estuvo allí, cuando decide salir de la ermita el hombre desde la puerta la mira complacida.
Y cerrando la puerta del pequeño templo guarda de nuevo la llave bajo la pesada piedra. Las ovejas que guardaba el hombre se acercan a Davinia y la obsequian con un dulce valar.
Cuando baja la pendiente de la montaña henchida de felicidad indescriptible, no puede pensar solo sabe que cree flotar en el ambiente como el humo de una hoguera en verano
Ahora su vida parecía estar encarrilada desde que vio a la Virgen que le hizo saber sin palabras que en este universo nada es al azar.
La llegada al pueblo es agitada para su corazón. Mientras salta por la abrupta montaña como una cabra montesa salvando obstáculos, siente que su mente se encuentra trastornada.
No acierta a entender lo que ha visto, no llegando a distinguir si el rayo que ilumino la sagrada figura de la Virgen era casualidad de la naturaleza o era divino.
Cuando llega al pueblo busca con ansiedad a alguien con quien compartir la experiencia vivida en la montaña.
Pero no hay nadie en el poblado, se encuentra desierto y parece desolado, el corazón se le encharca de sangre dejándola lívida de temor por verse sola en medio de no sabe donde y cree que de nuevo la han “abandonado a su suerte”.
Cuando de repente se oye un tumulto de mujeres y hombres que se acercan hacia ella vestidos con sus mejores galas y todos quieren tocarla con devoción.
Davinia no puede creer lo que está pasando =ahora la creen una diosa =.
Todo es demasiado fuerte para ella y decide huir al llegar la noche.
La luna llena ilumina los caminos cuando sale del pablado huyendo de los supersticiosos.
En la agitación de la carrera sin rumbo fijo nota en sus hombros que unas manos fuertes y seguras la elevan hacia las nubes.
La sensación que siente es placentera, desde lo mas alto =todo es tan pequeño he insignificante = que la reconforta y hace feliz.
Sigue estando entre las nubes cuando de repente un enorme cráter incandescente aparece ante ella que siente que la atrae como un imán contra su voluntad, pero no sirve de nada resistirse.
Conectó el mecanismo de su mente para no pensar, no quería morir asada como piedra de lava, pero va bajando cada vez más ya cae empicada hacia lo más profundo del abismo.
Cuando cierra los ojos creyendo que es el final de todo, aparece una cornisa rocosa, que hace que no llegue al fondo, justo cuando ocurre Davinia ya no esperaba mas que la muerte …Cuando unas manos poderosas la elevan de nuevo …la mente se le paralizo por unos minutos inconsciente de lo que le estaba sucediendo.
Cuando salio del cráter un viento duro como la madera seca la tumba boca arriba en la mullida hierva de un bello prado.
Un torrente de preguntas aparecen en su dolida mente, cuando ve ante ella una impresionante piscina rocosa de las que se forman en las montañas, creyó estar en el paraíso.
Después de reaccionar sumerge su cuerpo en las transparentes aguas y nada hasta llegar a la plenitud del relajamiento.
Cuando sale del agua sacude su melena mojada incrédula por estar en un sitio mágico.
Mira a su alrededor y todo es perfecto, las flores son de múltiples colores que embellecen el paisaje haciendo que el sueño fuera pura poesía.
Se quedo dormida … no sabe cuanto tiempo permaneció tumbada en tan idílico lecho, cuando una nube oscura tapa sin permiso el sol rutilante, quedando la campiña oscura, tenebrosa mientras la alfombra floral desaparece acorrucándose dentro de sus pétalos.
El frío se hace helador el viento empieza a silbar embravecido. Davinia se tiene que refugiar entre unas rocas, mientras una voz ronca le dice, tienes que buscar a tu marido, tú eres la culpable de todo.
La oscuridad, la soledad, ya nada le asusta ya tanto como aquella voz, que la acusaba del mal de su marido.
Después de meditar sentada entre las rocas resguardada del mal tiempo, le entro un sopor quedándose dormida.
Por la mañana despierta en Nueva York sentada en una elegante cafetería de la Quinta Avenida ante una humeante taza de café y una exquisita ensaimada recién hecha.
El vestuario que lucia era esplendido su cuerpo lo envolvía un maravilloso vestido rojo de Valentino, los zapatos de Manolo Blanick. Todo en ella en esos momentos era perfecto.
Pero todavía no sabe que es lo que hace en Nueva York en una cafetería de moda encaramada en un taburete y mirando el reloj como si estuviera esperando a alguien.
Un joven alto y atractivo muy bien vestido la saluda con familiaridad y suma cortesía, Davinia le tiende su cuidada mano mientras el caballero se sienta a su lado, hay un pequeño silencio entre los dos hasta que el hombre con maestría rompe este con un. Ya era hora que llegaras te has retrasado dos semanas.
Davinia no acierta a comprender el reproche, pero le obsequia con una hueca sonrisa.
El la invita a su apartamento y ella acepta encantada, van caminando por encontrarse cerca, el la coge de la mano como si se conociesen de toda la vida. Atraviesan un puente que Davinia al mirar el agua cree que va a desfallecer.
Cuando llegaron a la puerta del edificio, subieron la escalinata hacia la puerta principal. Era como todos los edificios del barrio, grande y de color gris plata como una caja de caudales, con suelo de mármol y techos altos con una gran araña de cristal en medio del vestíbulo.
Un portero uniformado les saluda amablemente preguntándole si ya se encontraba mejor. De nuevo una sonrisa ficticia afloro en sus labios.
Al entrar se sorprendió al ver lo lujoso del apartamento, este estaba repleto de flores por doquier, en la entrada, en el salón y hasta un ramo de rosas rojas encima de la mesita de centro.
Cuando se acomoda en uno de los blancos sillones, el salón se ilumina apareciendo gentes extrañas de las habitaciones que la felicitan efusivamente. De nuevo esa sonrisa hueca que ya afloraba sola de su boca.
Después de la agradable reunión que se prolongo hasta las dos de la madrugada Davinia se encuentra con la mirada de tres hombres que ansiosos quieren que les cuente con detalle la experiencia que había vivido.
Davinia mira hacia la puerta del salón y ve aterrada como un hombre alto y de complexión fuerte guarda la puerta para que no pudiera salir nadie del salón.
No supo como pudo empezar el interrogatorio de parte de esos hombres, formulaban preguntas sin sentido para ella, pues no tenia respuestas, los hombres empezaron a impacientarse mientras Davinia solo pensaba en la forma de salir de allí.
Se levanta con decisión y pide por favor le indiquen donde esta el baño, el hombretón la acompaña hasta la puerta y espera a que ella salga.
Una vez dentro del baño piensa como salir de allí sin ser vista, se encuentra muy aterrada, no conoce a ninguno de esos hombres. No sabe que es lo que está haciendo allí, mira y no hay ninguna ventana por donde escapar. De nuevo unas manos de hierro como garfios la elevan hasta perder la conciencia.
Y otra vez como en un sueño se ve sola en una montaña pensando en lo que había vivido en Nueva York con esos hombres extraños para ella
Una voz suave le susurra al oído ¿Cómo estas?
Los ojos de Davinia se abren desmesuradamente busca con desesperación la figura de su esposo pero no lo encuentra Esta en su casa y su alcoba esta llena de extraños, todos parecen sollozar, un hombre fuerte la hace incorporarse de la cama y le pone en el regazo una alianza.
Ahora su futuro de nuevo le pareció que pendía de un hilo y pensó _la suerte suele ser de todo o de nada _
Y una suave calma la invadió mientras miraba a las gentes extrañas, se tumbo de nuevo en su lecho, y mirando por la ventana el verde follaje se quedó dormida.
Mientras, sueña con las cosas más pequeñas, que pudiesen ser espejos secretos de los más grandes misterios.

jueves, 11 de agosto de 2011

La Dama (III parte)

Todo era una gran pesadilla porque cuando el sueño aparece no deja tregua ni sosiego para el soñador.
Tampoco podía quejarse se encontraba entre gentes extrañas pero hospitalarias aunque no tuviera muy claro como comunicarse con ellos.
Una noche de luna llena y cuando el mar oscuro, al movimiento de las olas estas se reflejan en mil partículas haciendo que la superficie brille como una gran mina de diamantes pulidos, Davinia sale a pasear por la playa, sus pasos son lentos como los latidos de su corazón que empieza a estar cansado, su mente parece estar vacía ya no puede pensar en nada …
Se acerca al barco y ve como la puerta que baja al camarote oscila suavemente no hace viento, la brisa es suave, mira de nuevo ensimismada y una mano larga y afilada se aferra a la puerta y la cierra de un golpe seco.
Cuando intenta subir al barco para saber que estaba pasando una mano fuerte y dura como un garfio la sujeta por un hombro, ella no mira hacia atrás, el miedo se lo impide, mientras se oía una jocosa risotada.
Se sienta en la arena no queriendo pensar y con suavidad se acaricia la melena despeinada mientras mira hipnotizada como las olas vienen y van a su ritmo como jugando al juego monótono de ver pasar los días y los años.
Ya a media noche de nuevo en la choza siente un temor inexplicable de Francisco de Cacíres, su forma de mirarla ya no es la misma de los primeros días en el que ella estaba en el poblado y esto la intranquilizó. Ya no quería compartir la choza con el, y mucho menos desde que lo vio levitarse de su camastro. No podía confiar en el, ahora cada vez que lo miraba le parecía un ser extraño (Qué sucedió para que un hombre en la cúspide de su carrera pudo desaparecer del mapa científico).
Esa pregunta machacaba una y otra vez la cabeza de Davinia.
El jefe de la tribu con algunos de sus guerreros salio de caza una mañana, mientras una serie de extrañas marcas luminosas se extendían como hilos de una cometa a lo largo del cielo como si fueran las alas de un ángel.
La caza fue fructífera llevando al poblado un enorme y suculento jabalí todos esperaban con expectación que el jefe empezara a comer de tan rico manjar, y éste después de su atracón se empezó a sentir mal, todos sonreían maliciosos por creer que había comido demasiado, pero a cada hora que pasaba su estado de salud empeoraba tanto que se llego a pensar en su muerte inminente.
El brujo no cesaba de hacer hechizos para salvar al moribundo, mas tarde decidió en el ocaso de la tarde, que el animal estaba maldito y que no debieron salir a cazar con las marcas luminosa que aparecieron aquella mañana en el cielo, eso fue un mal presagio que anunciaba una maldición y que el animal no lo podía comer nadie.
Después de hacer que toda su magia se volcara en el infectado animal hubo un silencio sobrecogedor solo interrumpido por una gran nube de mosquitos que se posaron en el jabalí sacrificado en presencia de toda la tribu, en unos momentos este se vuelve blanco como la nieve, mientras su cuerpo se va deshaciendo como la mantequilla al lado de un fuego. Desapareciendo al instante todo rastro del animal junto con la nube de mosquitos.
Francisco de Cacíres lo observa todo desde la atalaya de un montículo.
Davinia asustada por los acontecimientos vividos, se ve desvalida y se esconde tras unos matorrales desde donde ve todo el espectáculo. En silencio vuelve a la choza…
Una hora después redoblan los tambores anunciando al pueblo que el jefe estaba a salvo.
Davinia no sabe que pensar si lo que ha visto es magia o un milagro divino.
Ahora el jefe después de sentir la magia salvadora de su hechicero se encuentra sentado en la puerta de su choza luciendo la corona de laurel y su cetro de caña de bambú.
Con su cara pintada de blanco y azul recibía a todos sus súbditos para cantar cánticos rituales para dar gracias a los dioses por su recuperación.
La vida en aquella tribu empezó a ser cada vez mas extraña. Ya no pensaba ni tan siquiera en salir de allí, después de haber vivido tantas experiencias ya no sabia si se adaptaría de nuevo a la vida de la ciudad bulliciosa y mezquina en la que siempre vivió.
Una tarde el sol lucia como casi siempre con todo su esplendor, pero momentos mas tardes el cielo se cubre de nubes gris oscuro como un mal presagio.
Empieza a llover y la lluvia poco a poco va empapando la tierra hasta convertirla en un barrizal, la montaña que protege al poblado de los vientos esta demasiado mojada y la tierra empieza a ceder desmoronándose sobre el poblado cayendo parte de la montaña encima de las chozas.
El brujo de la tribu avisa del peligro, todos recogen sus enseres con rapidez y se encaminan hacia la playa, el panorama que presenta el mar es temerario también esta embravecido haciendo que las olas con sus bravíos lengüetazos cada vez mas violentos barra la playa de arena anegando toda posibilidad de pernoctar allí la tribu.
Todos ante el panorama desolador en el que se encontraban y desconcertados, el ruido aterrador de los truenos acompañados de rayos maximizaba el ruido de las olas embravecidas del mar.
El pequeño barco seguía varado en la playa aguantando las envestidas de las olas encontrándose maltrecho y sin timón, la popa también había desaparecido.
Davinia ante el barco con la mirada perdida pensó nunca mas volveré a navegar y una mueca amarga salio de su boca.
Después de la terrible tormenta se vio caminando entre el barro con la tribu buscando un nuevo asentamiento. Todos de nuevo aceptaron su compañía y la de Francisco de Cacíres.
Caminaron unas cuantas jornadas buscando la orilla de un río que fuera caudaloso para poder pescar y cerca de un bosque que estuviera repleto de caza para el sustento de la comunidad.
Ya agotados de tanto caminar y sin apenas comida una tarde alguien gritó aquí hay un animal herido…
El sitio era perfecto había agua dulce un bosque repleto de floración y no muy lejos una cala perfecta para guardar las canoas después de salir a pescar.
Sentí que una nueva vida empezaba para mí y comencé a aprender las costumbres de las mujeres de la tribu, que cada vez me aceptaban como una de ellas.
Mi vida empezó a ser placentera, haciendo juegos al anochecer a la luz de las calidas hogueras.
Pero por las noches seguía con los sueños terroríficos que no me dejaban descansar.
Una rara epidemia broto en la tribu, nadie sabia de donde procedía por lo tanto no se sabia como curarla. El brujo hacia toda clase de hechizos para combatirla, pero solo el profesor y yo sabíamos que se trataba de la gripe Española, cada día que pasaba se contagiaba uno mas mientras los demás huían de los contagiados dejándolos aislados en el bosque abandonados a su suerte.
Después de ver el caos en el que se estaba convirtiendo la tribu Davinia habla con Francisco de Cacíres para que haga algo para atajar la infección, el profesor no parece querer colaborar. Pero Davinia quiere ayudar y se va al monte a buscar eucaliptos, romero y otras hierbas importantes para la descongestión de los pulmones.
Por la tarde a la puerta de su choza Davinia cuece unas hojas de eucaliptos y uno a uno le hace que inhale el vapor que desprende su cocción tapándole la cabeza con una piel de lobo para que sudaran.
Algunos no pudieron aguantar la tos persistente y perecieron, pero la mayoría de ellos se salvaron para satisfacción de Davinia.
Francisco de Cacíres una mañana desapareció del poblado sin dejar rastro alguno
Yo me sentí aliviada por su marcha pero con grandes dudas sobre él.
Mientras el sol descendía trazando la curva de la tarde y desde la epidemia gripal que padeció el pueblo Davinia estaba considerada como una nueva hechicera esto no le satisfacía en absoluto al brujo de la tribu, y empezó entre ellos una guerra fría inaguantable para ella.
Estando en la orilla del río mojando sus cansados pies, mira distraída hacia el monte que está frente a ella y ve sorprendida una vieja ermita, lo piensa dos veces y se va hacia ella trepando entre hojarascas y retamas, cuando jadeante llega hasta ella la mira embobada, es pequeña pero se parece mucho a la arquitectura española y eso la hace soñar...
Ante la puerta ve a un hombre de tez blanca vestido de negro sentado junto a ella cuidando de un rebaño. La dulzura del rostro del hombre la hace sentirse segura.
Pregunta - ¿Qué imagen se venera aquí?
El hombre contesta amable.
“La Virgen de Fátima “
Nunca hasta entonces se había emocionado al oír el nombre de Fátima. Y con amabilidad le pide que le abra la puerta y el hombre mirándola sonriente levanta una pesada piedra sacando de debajo de ella una llave de hierro de grandes dimensiones.
Abre la puerta y veo que desde dentro todo es oscuridad y telarañas, tan solo un reclinatorio se conserva con su tapicería de terciopelo color granate en mejor estado de uso, los bancos aparecían todos rotos.
Miro hacia todos lados y allí no había mas que desolación y abandono =no Había ninguna imagen para venerar, pero en su angustiosa soledad, empezó a rezar con devoción.
De pronto una gran luminosidad entra por un viejo ventanuco inundándolo todo Como un halo de luz aparece una Virgen pequeña vestida de blanco con un manto azul como el color del cielo en primavera.

..............continuará.....

sábado, 30 de julio de 2011

La Dama (II parte)

A la mañana siguiente el sol sale desafiante presumiendo de su disco de oro al rojo vivo. Mientras Davinia se encuentra desvalida tumbada en la cama del camarote perdiendo la noción del tiempo.
Ya no hay ni una gota de agua en los bidones, sus piernas empiezan a flaquear. Solo espera que el Altísimo haga un milagro.
De pronto el barco choca violentamente contra un acantilado haciéndola saltar de la cama al suelo, se levanta apresuradamente de él y sale a cubierta y ve estupefacta un islote salvador, en su pecho no cabe más alegría.
Al salir a cubierta la recibe en su cuerpo una fina sílice que es mortal como una lluvia de alfileres de acero.
Con rapidez frenética saca de un baúl de emergencia un conjunto de corchos enfilados a modo de rosario y las echa al mar para que le sirvan de boya, después descuelga una pequeña barca y una vez en el agua sube a ella y ayudándose de un remo llega ilesa a la playa.
Se tiende en la arena aguijoneada por el viento sintiéndose segura sin ningún balanceo hasta perder la conciencia quedando profundamente dormida por el agotamiento.
Un murmullo la hace despertar unos hombres de raza negra la miran con curiosidad.
Davinia abre los ojos y al ver como la miraban el grupo de indígenas sonrió asustada -, creyó estar soñando- los hombres la invitan a que los sigua. El viento sacudía el camino con una nube de polvo y arena.
La llevan a una choza hecha de barro y paja con el suelo de tierra, mas tarde se encuentra ante la choza del jefe de la tribu que vestido de ceremonia la recibe con cara sonriente, le ofrece como bienvenida un cuenco de leche fresca y unos robustos gusanos blancos envueltos en hojas verdes, como el mejor manjar.
Los mira agradecida sin falta de temor bebe la leche con verdadero deleite, los nativos mas importantes allí reunidos esperan con curiosidad la reacción de la mujer ante tan rica ofrenda, pero ella sabedora de que tiene que respetar las costumbres de sus anfitriones toma las hojas en su mano y con disimulado apetito se come uno a uno hasta quedar la verde hoja vacía de gusanos.
La tribu parece encantada con la reacción de Davinia y la obsequian con sus bailes y cantos ancestrales
Al otro día amanece radiante de sol y temperatura agradable cuando oye un tumulto acercarse a ella, ve venir con sorpresa a un hombre blanco de aspecto saludable y barba blanca entre los indígenas. Al verlo su cara se desencajo por la sorpresa Todos rieron con ganas al ver la reacción de ella, sin comprenderla.
El hombre se acerca a Davinia y la saluda en correcto castellano, el hombre en un impulso la abraza causando asombro en los presentes.
Después de hablar un rato a solas los indígenas los llevan a una cabaña que parece que sea para invitados especiales, una vez dentro les obsequian con sendos cuencos de leche acompañado esta vez por escarabajos hechos a la brasa.
Antes de empezar a degustar el extraño manjar el hombre se presenta como Francisco de Cacíres contándole a continuación sus avatares por el mar, que observa Davinia ya la tribu se la sabia de memoria.
No podía creer que fuera el famoso científico que un día desapareció de su laboratorio de la calle de Alcalá madrileña Cuando estaba a punto de descubrir la vacuna contra el sida.
Aunque también se dijo por las comidillas científicas que su descubrimiento lo había vendido a una potencia extranjera para su propio beneficio.
Por entonces se hicieron muchas conjeturas al respecto de su desaparición llegando a tener titulares en todos los periódicos, unos decían que se creía que había sido secuestrado por unos agentes contrarios a que se descubriera la vacuna. No obstante se sabía que había unas notas importantes guardadas en algún lugar, que había que buscar. Un silencio periodístico hizo que mas tarde nunca mas hablaran de el.
Aquella noche de nuevo Davinia oye estando acostada en su camastro las risas de la hiena que de nuevo le hiela la sangre de sus venas, mira hacia la puerta de la choza y ve un hombre de estatura considerable que la mira sonriente enseñando sus dientes ennegrecidos y desapareciendo al instante.
Mira hacia el camastro y el cuerpo relajado de su compañero de choza le hace pensar que todo podía ser un mal sueño.
Por la mañana cuando se despierta se mira asombrada el brazo al ver que tenía una herida igual a la que tenía en el barco el día en que naufragó.
Un fuerte dolor de cabeza la hace dudar de su capacidad mental.
Se sienta en el camastro y espera con preocupación como afrontar el nuevo día la nostalgia le hace añorar su casa de la alta Extremadura.
Un indígena alarmado da gritos despavoridos en la calle del poblado había entrado un enorme guepardo en el poblado y en su incursión por las chozas, en una de ellas había atacado a un niño, matándolo en el acto cuando puso sus garras en el.
El desconcierto reina entre los habitantes, los mas jóvenes salen de sus cabañas armados hasta los dientes con herramientas cortantes ¡había que abatir a la fiera!
Un nuevo grito la hace estremecer dirige su mirada hacia donde viene y ve con horror que la fiera está tras de ella, quieta estática con la mirada fija en su cuerpo y dispuesta para atacar.
La herida del brazo desapareció de nuevo.
.El terror la deja parada ante tanto acontecimiento y sin respiración, como si fuera una estatua esperando lo peor, cuando todo parece perdido, alguien a lo lejos emite un agudo silbido y la fiera obediente sale en busca del ruido.
Todos se miran asombrados. Davinia después de unos segundos y sin ni siquiera parpadear caigo al suelo desplomada en estado de shock.
Ya han pasado cuatro semanas y aun sigue en el poblado solo con la esperanza de que algún barco pase por allí aunque sea a la deriva.
Su barco varado en la playa parece aun a pesar de su deterioro esperar para emprender de nuevo el viaje, mientras lo mira una sonrisa amarga aparece en sus labios.
Francisco de Cacíres desde lo alto de un montículo arenoso la mira con una mirada extraña.
Por la noche de nuevo en la choza y cuando agotada se queda dormida le despierta un fuerte olor canela que la hace dar un salto en el jergón Francisco de Cacíres se estaba elevando como una nube azul transparente en medio de la choza, la sorpresa la queda paralizada solo mira la cara del científico que aparece con una sonrisa plácida.
En unos instantes después se quedo dormida.
Desde que se encontraba entre los indígenas los sueños eran cada vez mas fantasmagóricos y se sucedían cada noche que dejaba exhausta a Davinia hasta llegar a dudar cual era el sueño o la realidad.
Cada día como un ritual solía subir al barco para buscar algún indicio que pudiera dar alguna pista del paradero de Robert, la embarcación estaba vacía de todo aquello que se necesita para navegar y esto era muy extraño Robert siempre fue muy precavido en todo y nunca quedaría la bodega vacía de provisiones.
La sala de maquinas después de revisarla, a simple vista no parece tener ningún desperfecto, pero cosa rara tampoco había ni un barril de gasoil para una emergencia.
Sigue la inspección cuidadosamente todo y no entiende nada el motivo por el cual –todo esta perfecto pero nada funciona –
Por las mañanas al levantarse ve como unas sonrisas burlonas la miran.
El científico se levanta al alba para recoger flores y semillas para hacer medicinas _ nunca supe si a el también le prodigaban las mismas sonrisas todas las mañanas _.
Las noches eran largas, parecían cada vez más y más interminables en aquella choza, recordando su vida pasada.
Ya acostada a media noche se despierta con un sonido gorgoreante que sale de la respiración de Francisco de Cacíres. Escucha con atención y ve como éste intenta contener el llanto. Davinia meneo la cabeza con impotencia.
Cada noche se sucedían los sueños escabrosos, mientras en la oscuridad más tenebrosa se oían aullar a los coyotes en celo.
.Las imágenes en sus sueños de cuerpos mutilados por hombres malvados que masacraban sin piedad a los pueblos primitivos ya eran constantes.
Todos estos sueños le llegaron a obsesionar y empezó a odiar el silencio relativo de la noche solo perturbado por la vida salvaje que se movía a su alrededor.
Ella intentaba cada noche soñar despierta con su vida anterior haciéndola idílica en su fantasía, pero nunca llegue a conseguir, algo le inquieta entrándole un fuerte desasosiego. Cuando alzo la vista hacia la puerta de la choza vio unos ojos negros redondos, estáticos que la miran, el corazón se le encharcó de sangre dejándome las venas vacías
Se encontró de repente atrapada en el Aral Hamistigan. El lugar al que Dante dedicó el canto posterior a su legendario infierno o quizás se encontraba en el purgatorio, o muerta.
Estas conjeturas le vinieron a la cabeza mientras despertaba a la realidad, cuando tuvo conciencia de que se trataba
Era un pájaro negro de grandes alas con apariencia de un ser demoníaco que cuando dejo de mirarla alzó el vuelo dejándola aterrorizada. Una pluma negra y brillante se le desprendió de su cuerpo emplumado cuando, que voló por el reducido espacio de la choza.

.......... continuará ....

jueves, 21 de julio de 2011

La Dama (I parte)

El pequeño barco, de veinte metros de eslora se mece al son de las olas. Mientras Davinia desde su camarote miraba el horizonte pensativa por el ojo de buey y percibe la lluvia en el cielo gris perla. Como se espera en las tardes de finales de primavera presagian la inminente llegada del verano.
Davinia es una mujer joven y sofisticada amante del lujo, esposa de un hombre de negocios prósperos y enamorada de ella misma. Su alto ego la hace insoportable fuera de su círculo de amistades.
Un roce liviano como el ala de una mariposa la hace reaccionar y un escalofrió le recorre la espina dorsal.
Está sola desde las doce de la mañana, después que su esposo Robert tuviera una acalorada discusión con el patrón del barco. Poco después se despidió de ella y desapareció de su lado sin una explicación en una lancha fuera borda.
Ha esperado todo el día a que él regresara al barco… pero llega la oscura noche que tanto aterra a Davinia encontrándose sola y desolada.
Se encuentra cansada y desilusionada por el comportamiento de Robert. Nunca hasta ahora había tenido celos del patrón del barco –hombre enjuto donde destacaba una cabeza descomunal para su flaco cuerpo -.Pero de carácter alegre.
Ella nunca le vio a Guillermo ningún encanto. Tampoco le había dado motivos a su marido para que dudara de sus sentimientos y mucho menos para dejarla sola fondada en el mar a merced de las olas. Pero Robert desde algún tiempo parecía verlo todo confuso.
A Davinia la cabeza le daba vueltas hasta creer enloquecer.
A ella nunca le gustó el mar y mucho menos navegar –pues solo lo hacía para presumir de barco y competir con sus amigas.
Ahora se ve sola en un barco que no sabe manejar, anclado en un espigón en medio de un pequeño embarcadero abierto al mar y a cinco kilómetros de la costa.
Se toma un calmante para restar su ansiedad, y al quedarse mas tranquila decide irse a la cama. Después de acostarse en su mullida cama de su lujoso camarote, se queda profundamente dormida.
Pasan unas horas y oye entre sueños una risa de hiena en sus oídos, como si esta viniera de de las profundidades más tenebrosas de una pesadilla –Se intranquiliza -, pero sigue acostada en la cama sin atreverse a mover ni un solo músculo de su cuerpo.
Mira el techo y sus ojos parpadean con fuerza al percibir una extraña figura que se mueve rítmicamente encima de su cabeza.
Un escozor en el antebrazo derecho le hace notar que tiene una profunda herida que rezume sangre sin parar.
Se levanta de la cama en un estado frenético, y sus pies rozan el suelo de roble encerado que en su contacto –siente un escalofrió y unas ganas tremendas de ir al baño-era el terror que sentía- a pesar de todo, esto le hizo sonreír como si fuera una niña pequeña y olvida por unos momentos su angustia.
Sube a cubierta para respirar una bocanada de aire fresco, y una mancha ensangrentada de grandes dimensiones aparece ante ella al lado de la s escaleras en la cubierta, se asusta tapándose los ojos con horror, para que más tarde sus temblorosas manos cayeran lasas en los costados de su trémulo cuerpo después de ver la visión. Se encuentra sola su marido no esta, el capitán también ha desaparecido, sin dejar rastro…
Mira de nuevo con temor alarmada. Ahora la sangre como si fuera por arte de magia ha desaparecido delante de sus narices.
Davinia intenta tranquilizarse pensando que pudiera ser una broma de su cerebro por encontrarse tan nerviosa.
Pero su corazón le dice que puede ser una tragedia ocurrida mientras ella dormía.
Con un movimiento repetitivo se atusa una y otra vez su enmarañada melena teñida de un color indefinido.
Se mira el brazo alarmada, y la herida antes sangrante también ha desaparecido, Un rubor de rabia e impotencia mancha de color púrpura sus pálidas mejillas haciendo tambalearse.
Baja al camarote y apoya su mano temblorosa en el respaldo de un sillón orejero de piel que había delante de la mesa escritorio de su marido. Nota al tocarlo algo viscoso al tacto, retira la mano con presteza y mira con recelo, pero no ve nada pasa de nuevo la mano para cerciorarse y el sillón está limpio como si lo acabaran de fregar.
Se pellizca un brazo para saber si esta soñando demostrándole el dolor percibido que estaba más despierta que nunca y esto le empieza a preocupar seriamente.
Decide darse una ducha fría para templar los nervios y se viste apresuradamente para salir cuanto antes del barco.
Ya vestida decide salir y busca las llaves quedar cerrado el camarote pero no están en su bolso ni tampoco en su sitio habitual. No puede dejar el barco abierto, solo quedaría a merced de cualquier caco sin escrúpulos que pasara por allí.
Nerviosa sigue buscando la llave, levanta los cojines del sofá, todos los rincones los mira con detenimiento y la luz de encendido del horno le llama la atención se acerca a desenchufarlo y ve con horror que la llave está dentro pero no la puede coger. La intenta tocar y estaba incandescente, al momento ve como ante sus ojos se derrite como un bombón de chocolate.
El mar empieza a rizarse y la pequeña embarcación se tambalea, en una tenebrosa penumbra. De repente se desencadena una gran tormenta acompañada de gran oleaje, los vientos llegan hasta ciento cincuenta kilómetros hora, los rayos caen del cielo como los cohetes en una noche de feria
Davinia asustada y sorprendida no sabe que hacer, cuando una fuerte sacudida hace chocar al barco contra el murete del pequeño muelle haciendo soltar el amarre atrayendo al barco mar adentro envuelto en el infernal oleaje, dejándolo a merced de las gigantescas olas y los rayos con su luminosidad alumbran la oscura tempestad.
En medio del oleaje que casi la arrastra al mar, se va directa al timón desesperada coge la palanca y con una pericia sacada de su miedo intenta dominar el barco desafiando los elementos adversos que en esos momentos esta viviendo.
El viento huracanado cada vez aumenta más su terrible rugido, haciendo que las cubilleras se desaten dejando la cubierta llena de cuerdas.
El barco no deja de cabecear, la proa no cesa de bajar y subir como si fuera un tío vivo.
De pronto una cabilla del timón se parte haciendo que el timón de vueltas como una ruleta en pleno juego.
Davinia sacude la cabeza incrédula.
Después de intentarlo todo para pedir ayuda por radio y no encontrar respuesta baja a la cabina y busca con ansiedad algo que pudiera llamar la atención a alguna embarcación o patrullera que navegara por allí, pero en la cabina no encuentra nada. Allí no hay ni una sola bengala o cohete de fogueo ni tan siquiera la caja donde debían estar guardadas.
Se dirige esperanzada a la cajonera, pero no solo no encuentra nada sino que la ve vacía de maletas esto aumenta su desconcierto ¿quien se había llevado las maletas?
Robert la ha abandonado a su suerte en la mar que tanto temía.
Un torrente de preguntas sin respuesta le viene a la mente-.
Una brecha de agua aparece en cubierta, tiene que arreglarla para no hundirse, con la rapidez mental que la caracteriza recuerda haber visto una vez como arreglaba la tripulación en una emergencia, una avería similar.
Mas animada baja a la bodega y busca un rollo de estopa, lo encuentra y sube con rapidez las escaleras hasta cubierta y consigue tapar la brecha, ahora tiene que buscar brea o arcilla para que la estopa no se deshaga.
De nuevo baja a la sala de maquinaria y encuentra una lata de brea, la coge y al instante se da cuenta que el motor de la nave esta parado la maquinaria no emite ningún sonido. Se sienta encima de la lata de brea para pensar, pero no puede un golpe de mar la hace caer al suelo.
El barco ahora está más que nunca a la deriva.
La noche de nuevo se acercaba sin haber hecho acto de presencia el sol en todo el día.
Mas tarde las nubes cansadas de vaciar agua se van retirando.
Una luna tímida en el ocaso del día se asoma como una daga amenazante.
Poco después el mar empieza a serenarse pero Davinia se encuentra en medio de la nada. Tapa la estopa con la brea y el agua deja de manar, a pesar de su desconsuelo se siente bien por haber arreglado la avería, ahora solo tiene el pequeño barco como refugio pero el motor no funciona.
La jornada siguiente amaneció entre nubes y claros.
Los bidones de agua potable están vacíos la sed empieza a hacer mella en su organismo, la comida también escasea.
La despensa está vacía, solo una lata de judías parecía adornar la despensa todo es muy extraño, sin agua ni previsiones la única comida que Davinia odiaba era esa odiosa lata de judías.
Desde pequeña, su la tía Pepa mujer de corazón duro como una piedra siempre la ponía como plato fuerte, a esa hora siempre se acordaba de su madre echando de menos sus ricas natillas con galletas.


.............. continuará...

jueves, 14 de julio de 2011

El estanque (V parte y final)

Me siento a los pies de la cama donde Linda descansa me fijo y su cara ya no me parece la misma esta rara una mueca en su boca me hace estremecer su dulzura ha desaparecido la miro mas de cerca y sus ojos de color de azabache transmiten una gran tristeza, le cojo las manos y las tiene frías como el témpano me sobrecojo y cuando alzo la mirada veo reflejada una rosa sangrante en el cabecero de la cama salgo aterrorizado de la habitación y salgo al porche para coger algo de aire, todo me parece extraño tanto que creo voy a volverme loco.
Ya no me apetecía besar sus mejillas rosadas ni sus sonrosados labios.
Una sombra se desliza doy un salto de pavor y me encuentro al labriego que había contratado, ya no me acordaba de el, me tranquilizo y este me da las buenas noches, saludo con una mano pues no me salen las palabras y me siento en una butaca, allí me quedo dormido y cuando despierto alguien me había tapado con una manta, miro hacia un lado y Linda estaba allí resplandeciente como si no le hubiera pasado nada la noche anterior y con su sonrisa habitual me ofrece un café caliente, yo no le digo nada ni tan siquiera como se encuentra su mano lucia sin vendas, yo me toco el cuello y lo siento dolorido no se que pensar, quizás mi mente cansada me este jugando una mala pasada.
Linda y yo charlamos un rato de nimiedades y nos retiramos para vestirnos de nuevo y recibir a los invitados.
La mayoría estaban hospedados en un hotel rural que había reservado para la ocasión porque todos no cabían en la finca.
El día amaneció radiante se veía hasta el horizonte infinita desde el mirador del cielo, alguien solicito y cortes regala un ramo de rosas rojas a Linda esta las acepta con recelo y en la primera ocasión las tira por un pequeño acantilado cercano no paso nada la fiesta estaba llegando a su fin y cuando de nuevo el labriego me da una carta la abro y en ella había una hoja de papel de color sepia una rosa marchita, la guardo en el bolsillo del pantalón y siento un tremendo pinchazo y un hilo de sangre me mancha las botas camperas, mi cuerpo se estremece, y cuando todos se despiden después de un día magnifico me retiro a mi habitación me ducho y cuando estoy secándome con la toalla descubro que esta tiene también gravada una rosa roja, no se que hacer llamo a Linda y le cuento lo que me había pasado, Linda no hace ningún comentario y yo le pido que pase la noche conmigo pues no quería estar solo, aquella noche los dos abrazados nos quedamos dormidos y así pudimos descansar.
A el día siguiente no podía mover la pierna el hinchazón no me lo permitía, decidí no ir al hospital, me tomaría la medicina que le había recetado el medico a Linda ella había mejorado, y pensé que quizás a mi me pasaría lo mismo.
Los días después de la fiesta fueron monótonos pues nos quedamos los dos solos en la finca la chica de servicio había librado unos días después del ajetreo de la fiesta.
Yo no me encontraba bien y Linda cuando creía que no la miraba la encontraba con los ojos puestos en el horizonte, esto no me parecía nada normal desde el día en que Linda encontró la rosa que fue el día en que llegamos no habíamos gozado de mucha felicidad, la casa me empezó a obsesionar el jardín pletórico de bellezas de color se me antojaba gris y reseco tampoco Linda era la misma, o quizás sea yo porque ya dudaba si vivía el pasado o el presente todo en mi cabeza estaba confuso.
Una noche y cuando el insomnio hacia mella en mi veo como el labriego paseaba por la vereda de pizarra que conduce a la puerta principal de la casa lo oigo desde mi bacón hablar con alguien y señalando la casa colgó el teléfono móvil y lo tiro con furia al suelo y lo pisoteo, me quede sorprendido de semejante actitud, desde que observe esa escena me obsesione y decidí marcharme de la casa, inmediatamente se lo comunique a Linda y ella intento persuadirme de lo contrario pero yo cada día que pasaba estaba mas decidido vendería la finca y volvería a Nueva York donde fui tan feliz.
Mi herida había cicatrizado pues me paso igual que a Linda me cure de la noche a la mañana, pero desde entonces yo no me veía el mismo, me empezó a gustar todo aquello que antes odiaba la obsesión por lo bello desapareció, al mirador no quería subir la piscina de aguas transparentes se volvieron verdosas con una capa de asquerosa nata grisácea producto de las hojas muertas, ya las golondrinas no bajaban con su jolgorio trinar en grupos a beber de ella el almendro que daba sombra a los bañistas estaba reseco y ya no daría mas flores blancas se había marchitado.
Todo empezó como por arte de magia a deteriorarse yo mismo me veía como si fuera un viejo Linda había perdido su encanto su bello pelo de color azabache era blanquecino sus ojos rasgados lucían casi cerrados su tipo antes esbelto aparentaba veinte kilos de mas, todo se deterioro en muy poco tiempo cuando quisimos salir de la finca ya no podíamos no teníamos fuerzas en las piernas, la chica de servicio nunca mas apareció por la casa que damos solos en medio de la nada el único que quedaba era el labriego ese que un día llego y se quedo sin yo preguntarle de donde venia.
Una tarde otoñal y cuando los árboles se desnudan para estrenar un nuevo ropaje en la primavera entro en el salón de la casa me siento cansado en un sillón frente a la chimenea miro con detenimiento el cuadro que frente a mi esta encima de la chimenea, nunca había reparado en el pero ahora mirándolo con detenimiento el retrato de mi abuelo y veo los ojos de este acusadores, un temblor me recorre el cuerpo y bajo la mirada a la chimenea el chisporreteo de la leña al arder me haca ver una caja mis manos temblaron de terror era la caja roja miro con temor de nuevo el retrato y los ojos de mi abuelo parecen acusarme de algo muy grave, no sabia que hacer no podía moverme del sillón en donde estaba sentado las fuerzas me habían abandonado, miro hacia un lado y veo a Linda en estado indolente la miro de nuevo y con horror la veo desmadejada los brazos caídos hacia los costados la boca abierta..,y yo me siento atrapado como una mosca en la tela de una araña.
Estaba muerta subo la mirada de nuevo hacia el retrato y una sonrisa sádica se refleja en los labios de mi abuelo pero yo no me puedo mover sigo estando atado al maldito sillón, la carta con la rosa roja todavía la tenia en el pantalón y me quema la pierna el dolor es horroroso no lo puedo soportar mi abuelo ya no sonríe, ríe a carcajadas.
El rostro pálido de cadavérico de Linda me asusta y empezó a nublárseme la vista.
Desde el cuadro echan a mis pies una rosa repleta de espinas yo no la cojo estoy muy asustado.
La puerta del salón se abre y el labriego acercándose a mi recoge la rosa y me la da, es suya señor y me la da mientras mira de soslayo el retrato de mi abuelo el corazón en ese momento me falla y cuando mi alma flotaba en el ambiente esperando me condujese a mi nueva morada, veo con estupor como mi abuelo juega con el labriego una partida de mus.
En ese momento creo haber resucitado o lo que quiera que sea la vida después de la muerte oigo a mi abuelo habla como un alma muerta mientras a mi me llevaba una suave corriente ascendente y placentera y arriba una mano blanca con una herida en medio me llamaba en susurros de extramundo.

jueves, 7 de julio de 2011

El estanque (IV parte)

Un día un coche SEAT mil quinientos de los años setenta sube la vereda y aprovechando la rotura de una pared de piedra entra el coche por ella cuando lleva un trecho un tronco de árbol talado entra de lleno por el medio del vehículo y rompe el cárter en un enorme encontronazo, el coche se paraliza, y el hombre de sombrero de paja y cinta negra se tiene que apear del coche y se acerca a la casa con sigilo acechando para coger al dueño por sorpresa, pero el ruido en pleno campo adquiere una gran dimensión el ruido es tan perceptible que cojo mis prismáticos y ojeo con escrúpulo el entorno y veo a un hombre acercarse a la casa haciendo ziszás por el maizal, alerto a la policía del pueblo y mientras espero que aparezca la benemérita, una oportuna serpiente venenosa le muerde la pierna quedándolo paralizado yo espero a la policía y esta llega pronta y acercándose al individuo lo encuentra inconsciente entre las hiervas, y llevándolo al hospital mas cercano le depuran la sangre con transfusiones, mas tarde lo detienen por intromisión a la propiedad privada, todo queda para mi igual que antes pero solo en apariencia por que de mi se apodera la incertidumbre.
El sueño ya lo tengo interrumpido me da miedo la oscuridad las puertas las cierro a la puesta de sol Linda no entiende la actitud de José pero acata sus ordenes con sumisión de mujer enamorada, los días pasaban sin sobresaltos y después de unos días todo volvió a la normalidad.
Linda después del pinchazo que sufrió con la espina de la misteriosa rosa, no se encontraba bien la fiebre empezó a hacer mella en ella y su tez blanca y transparente se torno cetrina robándole su encanto.
José decide llevarla al hospital y después de un reconocimiento exhaustivo y pruebas bacterianas no le encontraron nada, regresaron a casa y con la medicación que le receto el medico pareció mejorar, por la noche y cuando se acostaba en la cabecera de la cama aparecía una rosa roja que ella nunca vio pero sus sueños no volvieron a ser reparadores, solo descansaba cuando sentada en la butaca del salón después de la comida del medio día dormía la siesta, José la observaba y no entendía el porque había cambiado tanto ya no era la muchacha alegre que conoció en una noche de desenfreno, y para animarla un día esplendido de mayo decidí dar una gran fiesta, como hice reforma en la casa y me quedaron espectaculares llame a mis amigos de Nueva York todo estaba deslumbrante en las habitaciones lucían cortinas traídas del mismo Paris los muebles antiguos se restauraron el estanque se convirtió en una esplendida piscina con cenador adosado todo había quedado perfecto.
El día de la fiesta llego y los invitados llegados de casi todos los estados de Norteamérica en donde tantos amigos coseche quedaron sorprendidos por el paisaje tan agreste y al mismo tiempo pletórico de olores y colores, desde el mirador del cielo se divisaba un inmenso campo de la flor de la banda haciendo que el campo pareciera una inmensa alfombra.
La música suena alguien se acerca a mi como anfitrión y me agradece la velada.
Después de la suculenta cena compuesta por ibéricos extremeños comienza el baile, Linda como siempre elegante y discreta hizo las delicias de los asistentes con su encanto personal.
Una luz tenue se refleja en las aguas tranquilas de la piscina, la observo desde la terraza y me adentro por el sendero para averiguar que es lo que pasa y cuando me acerco a la piscina, una mano de hierro me aprieta el cuello y me hace doblar el cuerpo y me sumerge la cabeza en la piscina los ojos casi se me salen de las orbitas alguien se acerca y con voz ronca pregunta (‘quien anda ahí‘), el desconocido sale corriendo y cuando el individuo ve flotar mi cuerpo me saca del agua y con gran precisión me hace la respiración boca a boca y yo empiezo a respirar aunque con dificultad, una vez recuperado el hombre desapareció, cuando ya me hube recuperado y sin que nadie me viera subo a mi cuarto y me cambio de traje volviendo a la fiesta.
Esta siendo un éxito los invitados ríen gozan y beben a placer pero Linda finge estar bien pero una aureola de color violeta en la palma de la mano hace que su sonrisa sea fingida, la fiebre empieza a hacer mella en ella y sus palidez a pesar del maquillaje es notaria, alguien le pregunta con malicia sobre su descolorida cara y ella sonríe con estudiada coquetería yo después del incidente en la piscina me encuentro nervioso el cuello me duele, la traquea después de estar aprisionada casi no me deja tragar, pero tengo que estar en mi puesto haciendo felices a los invitados.
Un revuelo hacen que todos vallan hacia la floreada terraza Linda había sufrido un desvanecimiento alguien le toma el pulso y sugiere que la lleven a su alcoba, una vez allí se tranquiliza le doy un sedante y se queda dormida los invitados empiezan a retirarse son las cinco de la mañana y tenemos una comida en el mirador del cielo a las tres de la tarde.

....... continuará ........