martes, 9 de marzo de 2021

Castillos en el aire 1º

Anna cómo tenía por costumbre y, cada día desde que decidió instalarse en la casa de campo que heredó, según ella de forma  casual, por un pariente de su padre que nunca conoció. Cada mañana y después del desayuno se sentaba a contemplar el paisaje, en realidad no sabía el qué, tras un ventanuco estrecho que tenía la planta baja de la casa y hasta a veces soñaba, pues este ventanuco era muy particular porque la configuraban unos anchos muros, y también era especial por el forjado de hierro corrosivo en forma de cruz que la guardaba, aquel pequeño otero, no parecía precisamente adecuado para mirar, sobre todo, y teniendo en cuenta que en el primer piso lucía presidiendo la fachada principal un espléndido balcón, desde donde se podía divisar más allá del infinito.

Aquella mañana al levantarse Anna todo le pareció especial, tal vez maravilloso, pues el cielo se encontraba techado por una carpa gris, que impregnaba el ambiente de una especial melancolía, que Anna se dispuso a disfrutar por primera vez desde  que ocupaba aquella casa, pues en su disfrute se deleitó en algo muy especial, que era el ver poco después llover reposadamente, y como esta lluvia regaba los olivos, en su observación, también pudo apreciar cómo las ramas de los árboles al contacto con la lluvia se mecían en un éxtasis de placer ante la ducha divina.

También a veces se notaba inquieta al no poder recordar cómo había escogido aquella forma de vida tan diferente a lo que ella tenía proyectado vivir. Desde que decidió vivir en aquella casa no se preocupó de nada que no fuera el de mirar, por mirar.

 ¿Quizás el infinito?

Para ella era como si estuviera esperando algo que se demoraba demasiado en  llegar, a veces, con la mirada perdida, parecía escrudiñar el entorno como queriendo descubrir esos misterios que parece guardar con tanto celo el campo, a veces siente el pálpito de que muy cerca de ella se podía esconder un secreto importante, también intuía de que había algo extraño en aquel insólito paraje, entonces se preguntaba por qué ella una mujer urbana, paradójicamente supo adecuarse a ese ambienta totalmente nuevo.

Aquella mañana al no cesar la lluvia, los trinos de los pájaros se encontraban ausentes, Anna en la soledad, echó de menos la alegre algarabía cuando éstos saltan de rama en rama, pero, y a pesar de la ausencia de los pájaros, le pareció un día alegre ante el espectáculo de la lluvia, no haciéndole sentir nostalgia alguna, esa nostalgia de la que se cuenta imprimen los días lluviosos, de pronto dirige sus ojos hacia el jardín que se iluminaron al contemplarlo, no se atrevió a salir a pesar de encontrarse en la antesala a la casa, las flores parecían ante su contemplación despertar de ese largo letargo que produce la sequía, pues comenzaron a moverse los tallos de los rosales con armonía, mientras los pétalos aprovechaban la ocasión de saciar su sed con el agua generosa de la lluvia samaritana.

Nadie que la observara día tras día sentada tras aquel ventanuco con la mirada perdida, podía llegar a comprender cómo era capaz de despreciar el hermoso balcón que le ofrecía una panorámica infinita, pero ella prefería mirar por aquel pequeño ventanuco; quizás Anna es que se encontraba siendo fiel a sus convicciones, al preferir aquella lúgubre oquedad para observar…

Una mañana por primera vez un labriego se acercó a la casa, para darle la noticia  de que en breve recibiría una visita, su cuerpo tembló ante esta noticia inesperada, no preguntó de quien se trataba, sólo se levantó de su observatorio airada, aquella visita inesperada era una estúpida interrupción en su forma de vida, pues era obvio que era feliz con su soledad.

Mientras desconcertada pasea por la habitación, piensa ¿A qué se debía aquella visita?

¿Acaso alguien había olvidado que ella necesitaba soledad?

Pues su familia no había olvidado que para ella era vital el poder oler cada mañana al despertar el día el aroma de la tierra, y contemplar cómo se despereza de su letargo mientras la luna con cortesía  le cede el paso al sol.

Paseando su incertidumbre, el ladrido de un perro le sobresalta, interrumpiendo sus elucubraciones, haciéndole pensar que el visitante que se había anunciado ya había entrado en la finca.
 ¿Acaso el mundo se había propuesto que no tuviera descanso?
 Pronto salió de dudas, al ver pasar veloz frente a su ventana una liebre que estaba siendo perseguida por un enfurecido perro.



sábado, 27 de febrero de 2021

Cuando despierta la bestia

Mira a su alrededor intentando amortiguar el miedo que sentía, cuando descubre ante ella algo indescriptible, toda la montaña se encontraba salpicada de cerezos con el fruto maduro que esparcía un intenso color rojo sobre el campo, dando la sensación que la montaña se encontraba salpicada con gotas de sangre. Espantada, quiere pensar que todo es producto del agotamiento. Mira el suelo, aquella vereda por donde habían subido  se encontraba cubierta de huesos fósiles, fue cuando supo de donde venía aquel ruido extraño, que oyó bajo sus pies mientras caminaba, ahora lo sabía, era el extraño crepitar de huesos,  horrorizada vio cómo el suelo de la vereda era un osario.

Esos huesos que en su caminar iba pisando empezaron a cobrar vida, se asusta, debía estar soñando ¿podía acaso, hipotéticamente hablando, que fuera posible que a sus pasos estuvieran resucitando criaturas muertas?

La tierra   parecía temblar bajo sus pies, mientras seguía implacable el mismo ruido del crujir de los huesos. Entonces, y ante sus ojos estos seres se disponían con total normalidad  a ensamblarse, eran unos huesos que ante ella se mostraban jugosos mientras se iban configurando, transformándose en la estructura de unos seres humanos extraños. ¿Acaso todos los componentes de esa extraña excursión estaban viendo lo mismo que ella? Se queda por unos momentos pensativa, porque al mirarlos pudo ver por su expresión que no parecían darle importancia a lo que a ella le estaba causando pavor.

Poco después pudo oír pasos que parecían seguir tras los suyos, mira hacia atrás desconfiada y, estos seres estaban allí, junto a ella, se encontraban alineados cómo un ejército disciplinado que se dirige al campo de batalla. Anna se pasa la mano por la frente que se encontraba empapada en un sudor frío, casi cadavérico, entonces supo que se encontraba perdida.

Un ruido inesperado le hace creer que había entrado en el infierno, un enjambre de insectos, negros, brillantes, de procedencia desconocida se estaban acercando escandalosamente hacia ellos. Ya estaban a punto de entablar aquella batalla imposible de poder ganar contra aquellos seres volátiles que eran numerosos, pero de momento todo cambió cuando mira hacia la dirección por donde desaparecen los insectos, y entonces pudo ver cómo aparecía en la cima de la montaña, un hombre alto, vestido con túnica de color granate; sus ojos eran cómo dos azabache que nadaban en un cuenco de sangre. 

El efecto que este hombre causó en Anna casi le hace desvanecer, cuando minutos después coronan la cima fatigosamente, ve a otro hombre que se hallaba sentado en una piedra redonda que giraba con parsimonia aplastando el fruto del olivo. El ruido que hacía el jugo de la aceituna al caer en uno de los contenedores subterráneos, era tan escalofriante cómo aquel desolado lugar.

El hombre que parecía el jefe que ante sus invitados parecía sentirse contento, cuando dirige la mirada hacia su criado, éste se acerca al ver la señal que aquel hombre poderoso le hacía con la mano, que con este gesto le ordena acercarse, el criado al instante aparece portando una bandeja con pequeñas tazas que contenían una pequeña porción de aceite, entonces invita a beber a todos los presentes, el color  del aceite era verdoso la  textura era  espesa, el sabor áspero y amargo, Anna se asusta después de haber bebido un sorbo, aquel caldo no tenía el clásico olor a la aceituna recién exprimida, era otro olor, raro, pero para ello no era muy difícil de identificar. Ante esta revelación, Anna siente que el mundo se hunde a sus pies, aquel aceite olía a sangre.

El hombre poderoso mira hacia donde se encontraba aquel extraño ejército de huesos vivientes, que con un gesto les hace mirar hacia un lado de la montaña, donde se encontraba un olivo centenario con sus ramas secas que milagrosamente conservaba la fruta en perfecto estado y a la espera de ser recogida. De pronto Anna siente un tremendo temblor en su cuerpo cuando las ramas de aquel olivo intentan abrazarla. 

 El instinto de conservación hace que Anna corra montaña abajo, el descenso casi perpendicular hizo acelerar aún más su loca carrera, que al ser también accidentado no nota que sus pies van tropezando constantemente con objetos resbaladizos y punzantes.

Cuando ya se encontraba cerca de la vereda que conducía a la carretera, ante ella aparece el dueño de una almazara, a la cual la empresa que ella regentaba le compraba el aceite, el hombre tenía un aspecto harapiento, desnutrido, pero a Anna, no le importó su aspecto, solo se regocijó al verlo, pues creyó que era su salvación.

El hombre se acerca a Anna con un vaso de aceite, la invita a beber, Anna da un paso atrás, aquel hombre que siempre creyó era pacífico la taladraba con la mirada que era tan profunda que parecía perdida, tras ella otra voz le dice con tono imperativo “bebe”, y el vaso de Anna se quedó a la altura de su boca sin haber bebido ni una sola gota.

Anna entonces comprendió que para llegar ser ejecutiva en una importante empresa, y fue cuando reconoció que adulterar los productos, sólo para obtener “medallas” no era ético.

Pero aquellos huesos se encontraban cada vez más cerca de ella, y en un instante comenzaron a danzar a su alrededor Anna no podía creer que fuera verdad lo que estaba viviendo.

Y seguidamente apareció de nuevo aquel olivo centenario, que al acercarse, sin más, la estrangula con sus secas y débiles ramas, mientras se oía una voz que mascullaba; nadie puede adulterar los frutos del olivo, porque es sagrado, tanto que hasta es destinado para ser derramado, como bendición sobre los cadáveres.

Anna en su agonía quiso pedir perdón por su deplorable acción, pero ni el viejo olivo, ni los huesos de las personas que bebieron el aceite adulterada,  parecían tener compasión de ella.

Poco después se presenta ante ellos una furgoneta desprendiendo un olor intenso a aceite rancia, que traslada el cuerpo inerte de Anna hacia un cementerio nada usual, pues fue depositado en una vieja almazara abandonada, su cuerpo fue puesto bajo la piedra cilíndrica de la molienda que se encontraba mugrienta por estar en desuso, que aun así, parecía estar preparada  para que su cuerpo fuera triturado.

La misma noche que Anna desapareció como ser viviente, por las escaleras de su apartamento subía una legión de huesos entró en su apartamento, que al entrar demolieron todo cuanto allí se encontraba, sin omitir las obras de arte que se encontraban manchadas por las manos sucias por la avaricia de una joven ambiciosa.

Mientras las vecinas murmuraban tras la mirilla de las puertas cómo un ir y venir de gentes extrañas sacaban objetos. Una de las vecinas comentó a otra  al día siguiente que  mientras subían en el ascensor el portero les comentó.

  Anoche en el tercero, hubo mucho movimiento, creo que  la joven estirada que vive en ese rellano cambió de nuevo  la decoración de la casa.

Nadie volvió a comentar nada de ella.  

FIN




domingo, 21 de febrero de 2021

Cuando despierta la bestia. 1º parte.


 

Aquella noche Anna llega más tarde de lo que le era habitual a su casa se encontraba cansada, mal humorada, el trabajo realizado aquel día no había sido todo lo fructífero que ella había deseado.

Cuando llega a su apartamento, cierra la puerta con el pie, seguidamente, dirige su dedo índice hacia el botón del contestador cuya luz roja tintineaba con insistencia. Aquel día, no le interesaba para nada los recados que aquellas llamadas gravadas podían contarle.

Mientras tanto se adentra por el pasillo camino de la alcoba para cambiarse de ropa mientras escucha sin interés algunas de aquellas llamadas, que casi siempre eran de las mismas personas, las cuales no le decían nada importante.

Apoyada en la pared se quitaba los zapatos. Una voz hartamente conocida para ella, le decía con voz gangosa, Anna soy Pedro ¿Cuándo puedo verte? Es urgente, clic.

Se desabrocha los botones de la blusa, se baja la cremallera de la falda, mientras, indolente  la deja caer quedándosele suspendida entre las piernas, una falda que se mostraba tan arrugada cómo en esos momentos se encontraba su alma.

De repente una voz nueva para ella le hace parar en seco, entonces escucha con atención el contestador, estaba siendo invitada a un evento por una persona que no reconocía; se acerca al contestador, pues al parecer creyó recordar vagamente ese acento, después de hacer un recordatorio fugaz de los días pasados, piensa que podía ser un chico gallego que le presentaron en una exposición cultural. Y este chico ahora la estaba invitando a una cata de aceite. Después de escuchar, Anna se queda por unos momentos pensativa, no entendía el motivo de su invitación cuando solo mantuvieron entre los dos una fugaz conversación, que no le daba licencia para llamar a su casa ¿Quién le había dado su teléfono?

Poco después y cuando se disponía a cenar, decide aceptar la invitación, pues necesitaba desconectar del agobiante ambiente del trabajo en el cual se encontraba atrapada. Aquella invitación podía ser su salvación aunque fuera solo por un fin de semana.

Descuelga el teléfono, sigue las instrucciones de aquella voz metálica que salía de una centralita, que sin hacer preguntas le da el número desde donde le habían hecho la llamada, marca el número gravado, enseguida se pone en contacto con el autor de la llamada. Después de mantener una insulsa conversación por tratarse de dos desconocidos, quedan para el sábado de la semana próxima, la hora, 9,30 de la mañana.

Anna no supo de donde pudo sacar en esos momentos esa mística, que siempre creyó sólo la podían padecer los tontos desocupados cuando se sienten acogidos por un grupo que creyendo que éstos podían superar sus expectativas. Pero a pesar de su euforia desmesurada, seguía sin entender el porqué de su aceptación, pues sólo sabía del aceite que consistía en hacer un buen márquetin para que el producto se vendiera mejor, y que el aceite sale de la aceituna, ante esta manifestación, Anna empezó a reír cómo hacía tiempo no hacía.

Siempre supo que lo suyo era el asfalto, las luces de neón los restaurantes caros, tenía que demostrar que pertenecía a la llamada élite de gerentes de empresas que son los que deciden cómo vender los productos para que su empresa tenga mayor rentabilidad.

Cuando llegó el día señalado, la invadió la incertidumbre, no se sentía segura de querer acudir a aquella cita que denominó “a ciegas”, pues curiosamente no recordaba ni el aspecto ni tan siquiera el rostro de aquel individuo.

Aquella mañana el amanecer ya había presagiado un día espléndido, el sol parecía querer lucir sus rayos dorados  quizás para ella con más atrevimiento que nunca, pues su luminosidad parecía clavarse con ardiente ahínco en sus brazos mientras caminaba hacia la cita. No supo el motivo por el cual se sentía pletórica, con una sensación placentera que le dio la impresión de que se había metido en cada poro de su piel, haciéndole vivir una rara y explosiva euforia desconocida hasta ese momento para ella.

Poco después el encuentro se produjo en una pequeña placita solitaria de la periferia, allí en un todoterreno la esperaba un hombre que parecía poco locuaz.

Después de montar en el vehículo, empezó a sentirse incómoda, arrepentida de haber tomado aquella precipitada decisión.

Habían rodado unos cuantos kilómetros, alejándose cada vez más de la población cuando el cielo empezó a cubrirse, unas terribles nubes grises se apoderaron del cielo construyendo un techo oscuro y amenazante. Anna se atreve a preguntar.

 ¿Estamos llegando? pero el hombre no parece haber oído la pregunta, sólo la mira mientras se encajaba los auriculares en las orejas.

Anna ya no se siente segura, deseaba salir cuanto antes de aquel coche que parecía asfixiarla, su acompañante no le hacía recordar para nada de quién podía ser su anfitrión.

 En un viraje brusco se desvían hacia un camino terroso, a unos kilómetros y después de un insufrible traqueteo de unos amortiguadores duros al fin, pudo divisar un llano donde  un helicóptero parecía esperarlos. A pie del aparato, tres personas la saludan, suben todos al helicóptero, este se pone en marcha.

Cuando la tarde empezaba a declinar, Anna se pone  alerta por si podía captar algo entre sus acompañantes, pues necesitaba tan sólo un gesto para al menos intuir de qué iba todo aquello. Tal vez espera una sonrisa que le pudiera dar una pista de tranquilidad a su desorientación, pero  no percibió nada, aquella gente parecía hipnotizada y ella había perdido la noción del tiempo. Poco después se dio cuenta de que no había probado bocado desde que salió de su apartamento.

Aquel cielo, al carecer de luna hizo que la noche fuera presa de una oscuridad tenebrosa, los relámpagos que parecían surgir de una lejana montaña se hicieron cómplices aumentando su desasosiego, pues con su resplandor nos cegaba a los ocupantes del aparato.

Ya llevábamos dos horas navegando por el centro de un cielo de las más altas oscuridades cuando el piloto por primera vez vuelve la vista hacia ella, sus miradas se cruzaron, esa mirada de aquel hombre a Anna le causo una impresión escalofriante, aun así se atrevió a preguntar ¿Dónde nos encontrábamos? El silencio fue la respuesta. De repente empezaron a descender para poco después aterrizar en un llano sembrado de maíz, descendimos los ocupantes, todos en silencio, mientras el helicóptero levanta el vuelo para minutos después desaparecer en el horizonte.

Anna se encuentra desolada cuando ante aquella situación recapacita y entonces cree saber pero demasiado tarde, el motivo por el cual había sido invitada a aquella cata.

Pero ¿qué motivos oscuros la indujeron a aceptar?

¿Era acaso una llamada urgente de su conciencia, que le pedía dejar de comercializar, con la salud de los consumidores?

Cuando Anna mira a su alrededor, se encontraban los tripulantes y ella en medio del campo bajo un techo enorme de nubes amenazantes, alguien en esos momentos con voz seca, ordena que recojan del suelo cada uno de ellos una mochila, estas se hallaban alineadas en el suelo como cuando los colegiales van de excursión. Todos obedientes cargamos con la mochila a la espalda, Anna sigue sin comprender de que va todo aquello, quiso creer que se trataba de una broma pesada. Aún no había logrado que ninguno de los “invitados” abriera la boca para decir algo aunque fuera una incongruencia, pues en esos más que nunca necesitaba saber cuál de ellos tenía acento gallego.

Alguien ordena que comiencen a caminar, entonces algo extraño se produce en el ambiente, pues Anna vio cómo todos incluso ella, comenzaron a andar dóciles como autómatas, adentrándonos por una estrecha senda flanqueada por arbustos punzantes, era tal la oscuridad reinante, que en su caminar sólo podía distinguir las siluetas difuminadas de sus compañeros de viaje.

Después de un largo trecho  caminando a ciegas, empezaba a clarear el día, fue cuando vio que estaba situada en la falda de una montaña, que en desigual simetría había unos escalones que en su cansina ascendencia parecían ser interminables; cuando llevaban escalado unos cien peldaños, Anna se siente desfallecer, su ritmo cardiaco se encontraba demasiado acelerado, se para unos segundos para aspirar aire, cuando de pronto se empezó a oír el chillido escalofriante de las hienas, que parecían salir de cada uno de aquellos peldaños, haciendo con su presencia que el ascenso a cada paso fuera más insoportable.



jueves, 11 de febrero de 2021

Cruz de los Caidos

CRUZ DE LOS CAIDOS

Porqué siempre he oído decir, que así es mi tierra, un pedazo de la alta Extremadura, que  según parece nunca se mueve, que siempre se muestra pasiva ante los avatares que le presentan sus gobernantes. Pero, no se puede olvidar un factor muy importante y es, que Cáceres está compuesto por dos ciudades en una, una de ellas es bella y cautivadora la llamada Ciudad Monumental, con sus calles adoquinadas, sus casonas pétreas, por lo cual es algo que nunca podrá envejecer porque está y siempre estuvo ahí. Ahora los dirigentes de turno nos quieren arrebatar algo que forma parte del Cáceres moderno, LA CUZ DE LOS CAIDOS, monumento a todos aquellos que cayeron en una guerra sin sentido, pero que a los que no vivimos esa crueldad, nos hace saber que ante Dios todos los que cayeron fueron hijos suyos por igual pues no hay color para un padre.

 Por lo tanto yo pienso, qué daño puede causar a una ciudad el que esta cruz sea un referente y punto de encuentro durante muchos años de los cacereños. Pues esta cruz, señores que quieren derribar, se muestra como un corazón que late en medio de la modernidad.

 Porque está y siempre estuvo ahí, vigilando con ese don que marca el señorío, que sabe  impregnar a toda una ciudad, que sabe guardar su antigüedad pero que a su vez es moderna, porque esas son nuestras raíces que si se cortan nos podemos marchitar, porque Cáceres está viva, somos muchos los que veneramos el solar donde hemos nacido, y aunque desprendamos hidalguía en esas raíces, nadie tiene el derecho de arrebatarnos algo que no hace daño a nadie, sólo está ahí recordándonos que la razón por la que se puso, es para recordarnos que nunca más se vuelva a repetir otra barbaridad semejante; porque Cáceres, sabe respetar lo que tiene, tampoco se puede olvidar que Cáceres es joven y bullicioso, que ya no espera su futuro glorioso, EN SILENCIO.

TERESA




domingo, 24 de enero de 2021

Almas en las sombras.


Y mirando a su amigo ¿Sabes acaso por donde vamos a empezar? Eladio la miró, él también se encontraba perdido.

Matilde; sabes que necesito saber algún dato por insignificante que a ti te parezca, lo necesito para empezar.

Es desesperante, no hay datos tan sólo dispongo del collar—dijo Eladio con la voz entrecortada por el dilema que se le presentaba.

Matilde, resignada toma la caja en sus manos pero al contacto su cuerpo empezó a temblar

De pronto hizo una exclamación ¿O Dios mío que está pasando?

Eladio mira la caja, y espantados los dos vieron que de la caja empezaron a salir hilos de humo de diferentes colores, era parecido a un arco iris después de una tormenta, sus colores eran perfectos, y en unos segundos, todos aquellos colores envolvieron la habitación quedando los dos dentro de aquel círculo sin poder apenas moverse.

Suena el timbre de la puerta, no salen a abrirla se encontraba abierta, una persona entra directamente al despacho, que al verlos envueltos en una bolsa de colores, al instante quedó calcinado por un potente rayo.

Matilde y Eladio se miran espantados, y entonces se dieron cuenta de que eran dos seres extraños, que no se reconocían entre sí. A Matilde le da vueltas la cabeza, estaba siendo cierto   todo lo había sospechado sobre aquella joya, pues todo lo ocurrido había sido propiciado sin lugar a dudas por aquel enigmático collar.

De repente se oyeron unos pasos que se dirigían al despacho, Matilde quiere gritar para advertirles que no entrara nadie, pero Eladio con los ojos ensangrentados de un demente con ademanes les  invita a entrar, los dos clientes al presenciar aquel espectáculo se quedaron inmóviles, poco después los dos fueron empujados por una fuerza extraña haciéndolos desaparecer por las estrechas escaleras.

Entonces  y sin explicación el despacho empezó a cambiar, no sólo el color de las paredes que se tiñeron de color rojo fuego, haciendo que perdiera su primitivo color que, por cierto, no se diferenciaba si la  primitiva pintura de aquella pared si esta había sido  blanca o azul, pues siempre fue de un color  desvaído.

Un ruido infernal atronó los oídos de Matilde y, una neblina espesa asaltó el edificio que al rozar sus cuerpos notaron algo insólito al mismo momento que todo cambiaba en aquella habitación, los muebles parecían diferentes, quizás un tanto raro.

 Matilde cerró los ojos temiendo lo peor, cuando los abrió se encontró en un salón de cuyas columnas colgaban rosas marchitas, al fondo pudo ver un sitial o trono vestido de terciopelo negro, en aquel salón se encontraban solos ella y Eladio, parecían estar en posición de espera pero ¿Esperar qué? Tampoco sabían clase de magia que los había transportado hasta allí.

 De pronto se oyó el sonido agudo de una trompeta, entonces apareció un séquito de ocho personas vestidas con túnicas faraónicas que escoltaban a una adolescente, casi una niña con una mirada dura y despiadada.

La niña se sienta en aquel trono pero al hacerlo en sus modales  mostró qué carecía del lógico candor que posee una niña, sus gestos eran tan duros que demostraba saber hacerse obedecer.

Eladio mira a Matilde, ¿Tienes tú el collar?

 Matilde no responde a su pregunta.

Pero poco después Matilde le responde con otra pregunta.

 ¿Lo cogiste tú?

 Eladio nervioso  miraba en esos momentos a la reina, uno de su escolta se aparta del cortejo y se para ante él, y mirando hacia donde se encontraba aquella niña preguntó.

 ¿Dónde debo buscar mi señora?

 Quítale los pantalones deseo ver sus piernas. “Si es eso lo que desea su majestad” La mirada malévola de aquella criatura le hizo temblar, pero cuando el lacayo le desabrocha el cinturón del pantalón y, antes de que éste cayera al suelo, el collar hizo su aparición en el salón, que reposaba en un cojín acompañado por un  hacha ceremonial,

 Aquella aparición   inundó la estancia de un silencio mucho más terrorífico que las palabras hirientes que se pudieran escuchar nunca.

Con risas discordantes la reina, se abrió el escote y ordenó que le pusieran el collar en su cuello; pero algo tremendo pasó que espantó a todos los presentes pues  pudieron contemplar  que aquel bello collar cambiaba de color para convertirse en una horrible y gran tortuga de color granate y ojos de un intenso color azul y, que al roce con el cuello de aquella niña se adhirió de tal manera a su piel  que en ese instante las paredes empezaron a temblar y, entonces  se oyó una vos.

 Esa joya no te pertenece y, a propósito, ¿Quién te ha dado el permiso para que te sientes en un trono que no es tuyo?

 Pues solo yo, que ostento el título de Faraón  de los dos Egipto puedo ocupar ese lugar.

 ¿Acaso también  ignorabas a quién pertenece esta joya?

 Me pertenece a mí y, sabes perfectamente mi nombre, soy  Hatshepsut, hija del faraón Tumosis y de su gran esposa real Ahmes, mis padres gobernaron en el antiguo Egipto. Si mi padre me regaló este collar para que formara parte de mi ajuar, y así quedar cómo testimonio que existí en el mundo como Faraón, por lo tanto este collar me pertenece  al igual que pertenece la historia al origen de los tiempos.

Y mirándola aquella reina, tú has roto el orden que mi padre creó, por lo tanto esta joya sólo pertenece a mi ajuar funerario, pero como has dado muestras de que te gusta mucho, te doy la oportunidad de poder lucirlo para toda la eternidad puesto que para eso fue diseñada, tienes mi permiso para que te postres al pie de mi tumba, ya que no tendrás más oportunidad de usurpar algo que no te pertenece.

  Pero si sólo soy una niña, lloraba para conseguir el propósito de no ser castigada, pero, la voz solemne de Hatshepsut le mandó callar, tu nunca has sido una niña, sólo eres sencillamente la perdición del que te conoce, ahora, debes tener muy presente de que nuestra civilización siempre fue muy estricta con las reglas a seguir, por lo tanto, desde hoy te toca  aguantar una eternidad que será acompañada por un gran dolor por tu parte.

 Este collar que robaste de mi morada eterna con artimañas, por cierto, creo que son muy parecidas a las que son habituales en este remoto siglo.

¿Sabes que me dejas, no digo un poco, si, no, mucho, muchísimo consternada? por cierto.

 ¿Quién te instruyó para que perpetraras  semejante hurto?

 ¿Habías olvidado acaso que en nuestra civilización  nadie puede lucir una joya que no haya  sido diseñada en exclusividad para aquella a la que fue concebida?

Eladio, comenta en voz baja, baya con la niña.

Entonces dijo Matilde, Eladio no te das cuenta de que es un monstruo, no sé cómo  puedes fiarte de las falsas apariencias.

Pero ¿Quién te contrató para hacer ese trabajo? Dijo entre dientes Matilde.

 Fue a través de Internet y.

 ¿Aceptaste así cómo así, un trabajo que no sabías  de dónde procedía?

Poco después los dos amigos de nuevo se vieron envueltos en un mundo lleno de penumbras por donde comenzaron a caminar con pasos perdidos, así anduvieron tantas horas que ni ellos mismos supieron a donde se dirigían, ni cómo empezar a buscar de nuevo el camino de regreso.

Pero de pronto se vieron en el despacho de Heladio. Todo parecía estar en su sitio.

Heladio desde entonces se buscó otro trabajo, no volvió a dar caza a los hipotéticos ladrones ni a los culpables de unos  crímenes que nunca llegaban a resolverse.

Pero sí encontró en Matilde una compañera que le hizo saber que en la investigación de objetos antiguos hay que saber mucha historia para no caer en esas trampas que los egipcios supieron muy bien poner, para que nunca fuera perturbada su paz.

Porque las antigüedades tienen su propia vida y, la esencia para la que estas fueron  creadas.
FIN



sábado, 16 de enero de 2021

Almas en las sombras

 

Las tres moscas, cada una de ellas se encontraban coronadas por pequeñas gemas de diferentes colores en la cual parecían realzar unas siglas, que para cualquier profano como él, eran totalmente ininteligibles. Después de observarlo durante largo rato  sin conseguir tener nada en claro, sigue sin atreverse a sacarlo de la caja, se enoja consigo mismo al no tener la valentía necesaria para llegar a una solución.

 Después de cerrar la caja, piensa que el contenido de esta era totalmente contradictoria a la madera de la caja, pasa la mano suavemente por la superficie y no parecía pertenecer a ninguna especie arbórea conocida y, a pesar de ser atemporal su procedencia.

No obstante el diseño de la caja era a todas luces especial, pues tampoco  había ningún rasgo especial de que el diseño del estuche fuera el primitivo.

Eusebio se quedó por unos momentos pensativo, necesitaba trabajar y, de pronto creyó ver la luz, desde ese momento su mente  fue tan rápida que, decidió que esa investigación que le proponían hacer, podía habérsele presentado como un reto, uno de esos retos que sólo se presentan en escasas ocasiones, y  que tal vez le catapultara a realizar en un nuevo trabajo mejor remunerado.

Eusebio pensó que  por supuesto esta investigación era mucho mejor que el de perseguir a criminales que a veces y después de una urda investigación, y cuando llegaba al resultado, sólo eran historias inventadas o bulos tan rocambolescos que algunos llegaban a ridiculizarlo.

 Esta nueva etapa que veía Eusebio en su vida se la imaginaba brillante, pues creía ser merecedor  después de haber pasado  tantas penurias una recompensa.

 ¿Sería que le había tocado la mano de Dios?  Aunque supo de antemano que,  todo parecía presagiar  tener trazos de ser difícil de resolver.

Eusebio, con la caja encima de la mesa, mirándole le da mil vueltas a la cabeza con respecto a si decidirse o no, la abre, su cabeza parecía no razonar ante la necesidad que tenía de un trabajo, y piensa, y si lo que guarda esta caja es una clave que esconde algún enigma impenetrable.

Se echa en la cama, pone la caja en la mesita de noche, no cierra los ojos, pues desde el primer momento que la tuvo en sus manos y la observó tuvo una vaga sospecha de que ese desfase que se podía apreciar sobre  su conservación,  la caja no encajaba con la antigüedad de la joya, este detalle le alertaba de que pudiera estar ésta joya  involucrada en algún robo importante, o, tal vez en alguna trama que podía desembocar en un asunto turbio.

El detective ante esta incógnita, se levanta preocupado, hace una llamada telefónica.

Una vez efectuada la llamada cuelga satisfecho, de nuevo va a la sala de estar llevándose consigo la caja.

 Poco después, Matilde, entra en la calle donde vivía Eusebio, una calle que le pareció no tenía principio ni fin y, buscando al fin encontró el edificio sin número donde se había citado con su amigo.

 El edificio era antiguo con una fachada áspera, erosionada por falta de atención y cuidados, Matilde entra en el portal, ante ella un ascensor de jaula de hierro salpicado de manchas herrumbrosa, el cual se encontraba abrazado por unas claustrofóbicas escaleras, desde donde se podía apreciar desde dentro, en el ascenso o descenso—según se mire— no hacía falta mirar mucho pues se podía apreciar la desolada agonía del edificio en el cual trabajaba Eladio.

Llama a la puerta, Eusebio la recibe con una sonrisa de agradecimiento, pasa, espero me puedas ayudar, pues tengo un encargo que supone para mí un enigma, y necesito que me ayudes a resolver antes de que acepte el trabajo, sé que siempre te interesaron las antigüedades.

Matilde es una de esas jóvenes modernas  y con un atractivo especial que al poseer una abundante melena de color del cobre se hacía notar a donde quiera que fuere, en esos momentos vestía una falda exageradamente corta, jerséis ajustado que realzaba su busto, unas botas altas hasta taparle medio muslo, consiguiendo con este atuendo que fuera aún más llamativa.

Matilde con la simpatía que siempre la caracterizó, con desenvoltura, se acercó a la mesa, ¿Dónde está ese tesoro?, el detective le muestra la caja, la abre, Matilde, nada más ver la joya y, sin haberla tocado, sin tener conciencia de ello articuló unas palabras que al salir de su boca tronó cómo si fuera  una voz extraña que ella desconocía; confusa buscó una silla para sentarse, cuando se serenó.

Entonces pudo decir, siento comunicarte que en este caso no voy a poder ayudarte, no me veo con el suficiente conocimiento cómo para desvelar de que siglo puede ser esta joya, sí que puedo decirte que el diseño es único, jamás había visto uno igual, ni tan siquiera es parecido a ninguna de las muchas fotografías que he visto en las revistas especializadas de la antigüedad.

Eusebio al verla tan reticente, insiste para que la mire con calma, sabes de que no puedo llamar a nadie que no sea de mi entera confianza, pues mi trabajo requiere el más absoluto secreto, por favor, no me falles--le suplicó—sólo confío en ti.

Matilde, no encontraba palabras que fueran disculpas razonables para que su amigo no se enojase con ella.

 Necesito que entiendas que mi propósito no es el de escaquearme, en esta ocasión sé que no me encuentro con la suficiente información, ¿acaso has pensado que este collar, o lo que parece ser, puede llegar a tener hasta cinco mil años de antigüedad?

Eusebio la mira desconcertado, de repente sus ojos  cambiaron de color dando la apariencia de un ser de otro mundo, Matilde no pareció sorprendida ante el cambio radical de aquellos ojos y, como si todo fuera de lo más normal salió a la calle cabizbaja, un suspiro se escapó de su garganta que por unos momentos le alivió el estrés que  empezaba a dominarla, pero antes de salir a la calle, retrocedió sobre sus pasos, entró de nuevo en el despacho de Eusebio, que al verla, supo que estaba dispuesta a ayudarlo, aún y a pesar de creer que aquel collar guardaba un enigma que si llegara a descifrarlo, podía llegar a ser muy peligroso, Matilde tiembla, al desconocer el poder que ésta podía tener.

Que este año la tierra se limpie de todos aquellas cosas que no nos hagan felices.




viernes, 1 de enero de 2021

2021

FELIZ AÑO 21

 

 

Hola amigos:

 Me dispongo con esperanzas dar la bienvenida  a este año por aquello de ser recién nacido, y con la osadía del que se ha visto obligado a estar recluido, me atrevo  a exigirle a este nuevo año, que sea benevolente con todos nosotros, y, como dice una canción. Olvidemos el pasado (Aunque aún siga presente en nuestras vidas) y volvamos al amor, pero volver a ese amor de aquello que tuvimos que dejar por las circunstancias adversas y en la que aún nos encontramos inmersos sin haberlo deseado, pues nos encontró tan desprevenidos que jamás pudimos pensar que nos pudiera suceder, por lo tanto, pero con cautela, retornemos a recuperar esas ilusiones que nunca debimos abandonar, también es el momento de recuperar las esperanzas de retornar a nuestras rutinas de esos trabajos inconclusos, de estar con amigos, pues todo es importante para nuestra salud mental.

Por lo tanto en este  año que acaba de nacer, le suplico que nos devuelva la sonrisa, y que aleje de nosotros  la fealdad de la enfermedad, pues con salud todo se puede lograr.

Por eso le pido al Niño Dios  que oiga nuestras súplicas  con las que le imploro su misericordia, para  que en este nuevo año nos ofrezca un mundo mejor y más justo, pues hay que tener en cuenta de que la fe mueve montañas.

Un abrazo para todos, y que se cumplan todas vuestras ilusiones.